• 1 julio 2022

Aniversario de la masacre del 11-M: las preguntas que nunca fueron respondidas

Dieciocho años después, entendemos mucho más de atentados de falsa bandera, magnicidios y otros asuntos de las cloacas

Magdalena del Amo

Hoy se cumplen 18 años de los atentados del 11-M, la mayor masacre de la historia de la democracia en España, donde perdieron la vida cerca de doscientas personas. Un hecho sin aclarar, cuya verdad debemos seguir reivindicando. El dosier del caso es vergonzoso de principio a fin y las irregularidades se suceden una tras otra, lo cual hace desconfiar no solo de la política, sino de las instituciones consideradas pilares del Estado. Por aquellos días de mayo-junio del 2004 publiqué el siguiente artículo a propósito de la Comisión parlamentaria solicitada por el Partido Popular:

Quienes siguen la investigación sobre los atentados del 11-M, como siguieron en su día las de Filesa, los Gal y el saqueo de los fondos reservados, no dejaban de preguntarse cómo era posible que el Partido Popular hiciese caso omiso de los muchos datos sacados a la luz, y se resignase a que el Gobierno diera la callada por respuesta a los múltiples interrogantes que la opinión pública se plantea, en aras del esclarecimiento de la verdad sobre el fatídico hecho. Por fin, el Partido Popular había decidido resumir a diecisiete las preguntas sin respuesta que la Comisión debía investigar, muchas de ellas circunscritas al ámbito político y que nada tienen que ver, por tanto, con Policía, jueces o Fiscalía.

No sirvieron de nada. El PSOE y los partidos minoritarios decidieron que ya lo conocen todo y que la Comisión debe cerrarse el treinta de junio. Lo que sí se sabe con certeza es que el Gobierno oculta información y, por eso quiere echar el cerrojo cuanto antes. Resumimos, no obstante, las preguntas presentadas por el Partido Popular:

Empezando por el primer eslabón, se preguntaba si los restos de Goma-2 encontrados en la mochila de Vallecas, en Leganés, en la casa de Morata de Tajuña o en la furgoneta, procedían solo de Mina Conchita. Para aclararlo, se proponía que en la Comisión se interrogase a Zouhier, Toro, Trashorras –expertos en la compraventa de explosivos—o a cualquiera que pudiese ofrecer información.

Según el tédax que desactivó la mochila, ninguno de los huidos, muertos o detenidos corresponde al perfil del que montó las bombas con móviles que explotaron en los trenes. El quién las preparó era otra de las preguntas del PP para la Comisión. Es vox populi que, en el verano de 2001, antes del atentado de las Torres Gemelas y, por supuesto, muy anterior a la guerra de Irak, alguien pretendía ‘montar bombas con móviles’ y encargó a uno de los imputados localizar a un experto en la materia, alegando, además, que los de ETA no sabían hacerlo. Es cierto. ETA había intentado por el método de teléfonos móviles con detonadores el asesinato de la cúpula del PP vasco en el 2001 en el cementerio de Zarauz. Proponía el Partido Popular que para despejar esta incógnita se escuchase en la Comisión al guardia civil Jesús Campillo y a Francisco Javier Lavandera. Este, portero de un cabaret de Gijón, llamado El Horóscopo, conoció la información por Trashorras y se la comunicó oficialmente al citado Campillo. La cinta que este grabó apareció dos años después, misteriosamente, en un despacho de la Benemérita en la localidad de Cancienes (Avilés). ¿Por qué si se grabó en Gijón, aparece años después en otro lugar? ¿Por qué no se custodió si contenía información delicada? El actual fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Asturias quizá pudiese informar a ese respecto y, en vista de ello, el PP solicitaba su comparecencia.

Otra de las cuestiones que el PP quería dilucidar en la Comisión es de quién fue la idea de cometer un atentado en Madrid, por qué se eligió que fuera 72 horas antes de las elecciones y si se pretendió alterar el resultado de las mismas. Para aportar datos sobre estos puntos proponía nuevamente la comparecencia de Jorge Dezcallar, anterior director del CNI, y al de ahora, Alberto Saiz Cortés, al actual comisario general de Información, Telesforo Rubio, al jefe actual de UCIE de la Policía, y a Fernando Huarte, último eslabón aparecido en esta turbia historia. Huarte es encargado de seguridad del Partido Socialista en los actos públicos; tiene contacto con Marruecos y visitó en la cárcel de Villabona a Benesmail –implicado en el 11-M—antes y después del atentado. De Huarte se deseaba saber si sus contactos con terroristas islamistas le habían llevado a tener información privilegiada y, en ese caso, a quién se la había comunicado.

Asimismo había que aclarar las contradicciones entre miembros de la UCO y de la Guardia Civil. Para ello se pedía la comparecencia de Zouhier, de los agentes Paco y Víctor y del coronel Félix Hernando (el que llevaba los maletines a Francia con dinero de los fondos reservados para las mujeres de Amedo y Domínguez).

Otra de las preguntas que nos hacemos todos y que, por fin, el PP proponía que investigase la Comisión, es cómo es posible que se hiciese caso omiso a las graves denuncias de Lavandera en el 2001, de Carlos Alberto Tejeda, abogado del Nayo en el 2002, la del propio Nayo y la de Zouhier en el 2003, todas ellas coincidentes. Sobre esto podía arrojar alguna luz el fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Asturias, que recibió la denuncia de Tejeda, así como el capitán Marful, Lavandera, Zouhier, Nayo, el jefe de la policía de Asturias Juan Carretero, el jefe de estupefacientes de la Policía de Avilés Manuel García, alias Manolón y, por supuesto, los hermanos Antonio y Carmen Toro y Suárez Trashorras, esposo de esta. Los tres últimos mantienen estrechísimas relaciones con las fuerzas del orden.

No creemos en las casualidades. Por eso, que el coche que la banda terrorista ETA hizo estallar el 3 de diciembre en Santander hubiese sido robado en el callejón del garaje de Suárez Trashorras en Avilés no lo podemos atribuir al ‘azar’ como dijo el presidente Zapatero ante la Comisión. (Trashorras, traficante de explosivos y proveedor de ellos a los islamistas, muy relacionado además con Marruecos, tomó contacto con dirigentes etarras en la cárcel de Villabona, el mismo centro penitenciario a donde acudía Huarte a visitar a Benesmail, mano derecha de Lamari, implicado también en el 11-M y que, a su vez, preparaba un atentado en Madrid, posiblemente, en la Audiencia Nacional). Quería saber el PP en qué datos se basó Telesforo Rubio para elaborar este informe en el que intervino el ‘azar’ y que leyó Zapatero en la Comisión.

Así las cosas, ¿también es fruto del ‘azar’ que el 28 de febrero de 2004 salieran hacia Madrid las dos caravanas de la muerte, una de ETA y otra de los terroristas islámicos? ¿Se trataba de un préstamo de explosivos? ¿No apunta esto a una posible conexión ETA-terrorismo islámico?

Unos días antes del atentado del 11-M, Lamari le envió a Benesmail un giro postal a la cárcel. Huarte en su comparecencia debería aclarar también qué sabe del asunto. También Dezcallar, como antiguo director del CNI debía decir si estaba al corriente de estas visitas, ya que Huarte era colaborador del Centro de Inteligencia, y en caso negativo debería decir con qué mando estaba en contacto. En este sentido, también era importante conocer qué sabía Huarte acerca de las relaciones entre terroristas etarras e islamistas. Se pedía también la comparecencia de José Blanco, que fue quien informó en una rueda de prensa la colaboración del socialista Huarte con el CNI. ¿Por qué lo sabía? Álvaro Cuesta, secretario general del PSOE en Asturias y José Manuel Sariego, secretario del PSOE en Gijón, también debían declarar en la Comisión si conocían las relaciones de Huarte con Benesmail.

El número dos del PSOE, José Blanco, declaró el día 12 por la mañana que conocía información que el Gobierno ocultaba. ¿De qué información se trata, cómo y de dónde la obtuvo y, sobre todo, cuándo? Esta es otra de las preguntas que debía investigar la Comisión a petición del Partido Popular. Y también por qué, cómo y quién organizó las manifestaciones del día 13 de marzo ante todas las sedes del PP a la misma hora.

Otro punto que convenía que la Comisión aclarase es la pertenencia al Partido Socialista del sirio Almallah, detenido por su presunta colaboración con los autores del 11-M. ¿Quién lo avaló para entrar? ¿Qué tareas llevaba a cabo en el partido? José Blanco y el responsable de la agrupación socialista en San Blas, donde se afilió el susodicho, seguro que tienen algo que decir. Esperábamos que las intervenciones respondiesen a la verdad y no se preparasen en la sede del PSOE o en casa de Felipe González como ya nos tienen acostumbrados.

Grosso modo, estas son las preguntas que la Comisión debía considerar a petición del Partido Popular. Y, a juzgar por la tela cortada, creíamos que iba para largo, muy a pesar de quienes abogaban por dar carpetazo. Son muchos los que quieren dejar atrás el 11-M, que todo quede en el olvido y que sigamos adelante. Y adelante vamos, pero también queremos aclarar lo que nos corroe desde esa mañana del 11 de marzo de 2004. Los datos que, poco a poco, salen a la luz nos van despejando incógnitas y ratificando algunas sospechas. El partido Popular en este último intento quiso ser incisivo y mostrar la verdad a los españoles y, en especial, a las víctimas. Pero el Gobierno socialista tiene muchos cabos sueltos, demasiadas evidencias y teme que sea de dominio público lo que solo ellos saben. ¡Y quizá alguien más!

Por eso, el 30 de junio echarán el cerrojo dejando en el arca muchos misterios sin desvelar de un hecho crucial en la historia de España.

Hasta aquí, lo que se cocinaba en las cloacas de la política en aquellos meses de marzo, abril, mayo y junio de 2004. A esto siguió el cierre de la Comisión parlamentaria y la vergonzosa instrucción que concluyó en la inesperada sentencia del juez Bermúdez que, por cierto, fue muy criticada. No lo entendimos en aquel momento. Una parte de la prensa nunca estuvo de acuerdo con la versión oficial y siempre mantuvo la esperanza de investigar a fondo cuando el PP llegara a la Moncloa. Sin embargo, cuando esto ocurrió en el 2012 el cerrojazo fue definitivo, y en veinticuatro horas, como por arte de magia, hubo un vuelco en la disidencia y, de manera general, se admitió la versión oficial.

Ahora, dieciocho años después, entendemos mucho más de atentados de falsa bandera, magnicidios y otros asuntos cloaquiles. Somos capaces de olerlos de lejos. Lo que trajo la llegada de ZP a la Moncloa y su mantenimiento a lo largo de dos legislaturas, lo estamos pagando hoy. Fue un gran destructor en todos los sentidos, y continúa su labor a bordo de los aviones privados de sus amigos los dirigentes de los narcoestados. ¿Algún día saldrá a la luz la verdad? ¿Continuará VOX demandando este derecho o conseguirán ilegalizarlo antes de alcanzar algunos de sus objetivos? Pero, más allá de los partidos políticos, la clave es el despertar de la sociedad. No necesitamos salvadores si cada uno de nosotros es capaz de encender su propia lámpara.

Psicóloga, periodista, escritora

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