ARMARIOS ENTORNADOS

El gran sabio Saramago dijo en una ocasión: “El mundo se está convirtiendo en una caverna igual que la de Platón: todos mirando imágenes y creyendo que son la realidad”, pero, socialmente, las cosas están cambiando a un ritmo trepidante, insólito y más preocupante todavía. Ahora, la caverna se está convirtiendo en un mundo donde la realidad son sus imágenes y es una sombra la que, planeando sobre la sexualidad, boicotea todos los transparentes planes de una sociedad que, todavía, no contempla la diversidad como un hecho natural, bloqueando los intentos y deseos de algunos para vivirse tal y como se sienten. Tras esa negra y triste sombra se esconde la amenaza del desprecio y de la muerte. La muy preocupante serie de agresiones contra personas LGTBI en España demuestra que el odio y la antipatía contra este colectivo crece de la mano de los muy bestias. Los observatorios de derechos LGTBI denuncian la normalización del discurso del odio desde la irrupción en el panorama político de una extrema derecha que lo consiente y lo jalea con una imperdonable  Y repugnante discriminación activa. Las agresiones físicas contra personas homosexuales, bisexuales y transexuales se dispararon en el 2019. La cifra es vergonzante para una España de corazón multicolor donde los embates homófobos han disparado todas las alarmas. Tan solo en Madrid 321 incidentes de odio han sido denunciados. Se abre un debate escabroso sobre si la sociedad española en general se ha vuelto más intolerante con el colectivo LGTBI+, o si por el contrario la aceptación del derecho a la dignidad y el respeto por parte de estos colectivos está en alza. El veto parental de VOX, en su esencia, no se aleja mucho de la anormalidad de la ley Húngara que veta los derechos de la UE. Se necesita educación en la diversidad. Se necesita normalizar lo normal. Se necesita una clara dirección política que castigue duramente a los indeseables que estigmatizan y hacen chiste de las respetables tendencias personales. Se necesita ser y sentirse de este siglo. Se necesita condenar con firmeza todo tipo de violencia y de intolerancia. Ser asesinado por la condición sexual está más allá de lo insoportable. A un joven Samuel le arrebataron la vida entre golpes y gritos de “maricón” en la Galicia donde chove menudiño de dolor y de rabia contenida.  Los armarios de este país se cerraron un poco más, y se perdieron en la calle besos de mujeres con mujeres y de hombres con hombres.(Los idiotas olímpicos lo consideran inmoral). A estos asesinos y a quienes se ponen de perfil en su desprecio les entusiasma y les pone palote que se peleen ellas con ellas en el barro y que ellos con ellos se deleiten en el insulto y en las tanganas de peligrosos machos carpetovetónicos. Son así de incívicos, de trogloditas y de hijos de mala madre. El odio se combate rechazando sus invitaciones al contagio y a la demencial, facilona y despiadada risa por los desiguales. La muerte, es sabido, no tiene ningún sentido del humor.

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