BUSILIS Y COJONES

Hay un mapa indescifrable del caos en las restricciones con el fin de la alarma y, nosotros – los idiotas empedernidos-, nos acercamos sumisos a los camareros que imparten la libertad de la caña como los tolerados machistas de antaño se procuraban el cobijo de quienes les permitían repartir bambú a discreción entre las hembras. -Semos asin de bestiajos en este menucipio-. Hemos parasitado la inteligencia tras secuestrarla con argumentarios tan contradictorios y falaces como insoportables, y el resultado es, en boca de mi amigo Jacinto: “para que no nos dé el ancho”.

Cierres perimetrales y toques de queda en manos de los jueces, como si la ley fuera elástica en función de la interpretación de los togados que ,por lo general se decantan por la limitación de la privación de libertades según dictados de su instinto básico o de su apesebramiento político.! ¡Y sin consultar a los camareros!  No tienen en cuenta que está de moda la libertad de la caña, que los ciudadanos “asin” lo han decidido como paradigma incontestable y que el espumoso futuro de esa maltratada palabra ha modificado en las urnas nuestra dialéctica incontestable del derecho al menos por dos años. Solo nos queda aplicar el principio de tortura con proporcionalidad al zurito, al botellín o al tercio. Es lo más de lo más nuestro. Es nuestro busilis: el puntito en que estriba la dificultad del asunto de que se trata. Es un lugar muy bien ubicado entre nuestras piernas, que rige nuestros sagrados deseos de hacer valer nuestra apestosa opinión de una manera muy testicular y muy española que eyaculará sus diferencias según la Comunidad en la que geográficamente dé rienda suelta sus apetencias emocionales.  Pese a todo, ya estoy más tranquilo desde que Sánchez nos ha asegurado en los medios que estamos a tan solo cien días de conseguir la inmunidad de grupo. ¡Ojo que no dijo -inmunidad de rebaño-! Todo un detallazo que agradecer. 

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