CADA LOCO CON SU TEMA

ENTREPOCOS

Eduardo toral

Eduardo Toral

La riqueza del castellano, sus dichos y sus refranes a veces nos llevan a pozos sin fondo donde lo oscuro se adueña de nuestra voluntad de expresar llevándola al naufragio. Nada es “así como así”… si todo es “ni más ni menos”, me dijo hace unos días la pescadera del súper. ¿Como el que espera desespera o como mejor más tarde que nunca? Le contesté. ¿Por qué si piensas mal acertarás o por qué lo barato sale caro?, terció otro cliente con cara triste de “erteado”.  Y así podríamos habernos pasado horas preguntándonos y respondiéndonos a dos metros de distancia, solazando a la clientela con razonamientos que siendo simpáticos adolecían de cualquier tipo de rigor o de solvencia argumental. Cada refrán tiene en castellano su contrario, pero hay algunos que son verdaderamente demoledores y nos llevan a ligar conceptos estrambóticos. Os dejo dos ejemplos muy teatrales y muy chuscos de los muchos que se repartieron por la cola:  -A la hija tápala la rendija y al hijo malo pan y palo; que, al hombre de más saber, una mujer sola echa a perder-.  -Si el que no cojea renquea y el que no cae resbala, que se muera el perro y se acabe la rabia-. Reconozco que el hecho del apagón fonético de la arrugada  mascarilla azul les daba mucha más gracia.

Los refranes y los dichos, más allá de ocultar o disfrazar nuestra pereza intelectual, refuerzan nuestro interés en elevar a verdad indiscutible la idea de que poseer principios, aunque sean equivocados, es una virtud.  Por eso la filosofía siempre estuvo obsesionada por encontrar qué se esconde tras la oscuridad y los científicos de darle -peso dimensional- a ese contenido.

Una vez un amigo me propuso un juego procaz y divertido para hacer con los refranes. En el medio del enunciado se añade “bajo las sabanas” y cuando resuelve se remata con “entre las piernas”.  Ejemplo “El que mucho abarca (bajo las sabanas), poco aprieta (entre las piernas). Prueben con cualquier refrán que se les ocurra. Siempre funciona. Incluso le da chiste al título de esta columna.

El refranero español esta considerado como una parte esencial de la conversación popular cotidiana y nos ofrece, con este juego, un buen motivo de entretenimiento para los amigos, cuando la conversación nos lleve a los habituales derroteros de la mediocre política que padecemos.

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