• 14 julio 2020

Carlos G. HIrschfeld: “La televisión es el medio total”

Quien charla con Carlos García Hirschfeld tiene asegurado pasar un buen rato. Es un hombre optimista y locuaz, buena gente, aunque estos días ande algo triste: el coronavirus se llevó a su suegra. No obstante, Carlos le saca provecho a todo, también a la familia, dice que con el confinamiento ha redescubierto a sus hijos. Hablamos con él de la tele, su pasión, de golf, de toros, sus aficiones, y de “Seguridad Vital”, su último programa de televisión en la 1 de RTVE. De lo que apenas hablamos fue de política, según nuestro protagonista “los políticos de esta generación dejan mucho que desear, no están a la altura de las circunstancias”.

En fin, que lo disfruten…

MM.- Accidentes de tráfico pocos, estos meses, ¿no?

CGH.- Mira, salvo la logística y los servicios esenciales, no ha habido movilidad, por lo que evidentemente han bajado las cifras, pero no tanto como era de prever.

MM.- ¿Cómo conducimos los españoles: de pena, muy bien o ni fu ni fa?

“Tengo la enorme suerte de que me voy todos los días contento a trabajar y vuelvo todos los días contento”

CGH.- Es como todo, hay ingleses que son unos gilipollas y españoles que también. Hay gente muy sensata, yo creo que hay un poco de todo, pero si se hace un análisis del país hemos mejorado mucho gracias a que tenemos mejores carreteras y mejores coches, aunque también porque los conductores hemos mejorado. A eso ha ayudado la instauración del carnet por puntos, porque antes te ponían una multa de 500 € por ir a 200 km/h y, si tenías mucho dinero, te daba igual. Eso a quien le hacía daño era a las personas con pocas posibilidades económicas.

El carnet por puntos ha igualado a todo el mundo. Ahora mismo es la misma faena para todos que te pongan una multa porque te quitan el carnet. Y esa amenaza de que te quiten el carnet ha hecho que mucha gente levante el pie. Aún así, todos los años sigue habiendo miles de sentencias condenatorias, con pena de cárcel, para personas que han conducido ebrias o que han tenido una conducta muy imprudente. O sea, somos un mejor país, hemos reducido a lo bestia las cifras de siniestralidad, pero queda mucho por hacer. Mueren todos los años más de 1.000 personas que, para que nos hagamos una idea, es como si cayera un avión cada mes con 100 pasajeros. Eso no sería asumible, pero en el tráfico nos parece más asumible.

MM.- Entonces, ¿las valoraciones de las multas no son un castigo disuasorio?

CGH.- Con el dinero le puedes pedir un préstamo a tu amigo Pepe o a tu padre o a tu hijo, pero con los puntos no puedes pedir préstamos. Aunque sí que hay una mafia, entre comillas, de “oye, mira, le coloco la multa a mi madre”. Pero eso también se investiga. Porque, claro, cuando de repente aparece una señora de 85 años con 4 multas consecutivas por ir a 200 km/h, se empieza a sospechar. La policía puede parecer tonta, pero no lo es.

MM.- Si uno se pone a mirar tu curriculum termina agotado. Mira que has cambiado de chaqueta, o de pijama.

CGH.- Esa ha sido, en parte, la suerte que he tenido, porque me han ofrecido oportunidades muy diversas; y luego he tenido mucha inconsciencia y he pegado muchos saltos mortales sin red en algunos de los cuales me he pegado unas leches descomunales, pero en otros muchos me ha ido muy bien. He tenido una carrera en la que solo puedo decir que me lo he pasado bien siempre. Tengo la enorme suerte de que me voy todos los días contento a trabajar y vuelvo todos los días contento. Salvo alguna época de mi vida muy corta, y que casi no recuerdo, siempre he estado contento trabajando. Y eso es porque he variado mucho. Creo que si hubiera estado 20 años en la redacción de informativos de Antena 3, que fue donde empecé cuando arrancó la cadena de televisión, estaría aburrido de manera cósmica.

MM.- Donde se te veía más cómodo quizás fuera cuando presentaste un programa deportivo en Telemadrid…

CGH.- Sí, a mí el deporte me gusta mucho, pero también lo que hago ahora “Seguridad Vital”. El programa que más me ha gustado hacer fue un programa de golf que hicimos para Canal Plus durante 5 años y que era un programa que no veía ni Blas, pero me encantaba hacerlo. A mí el deporte me gusta mucho, pero realmente lo que me gusta es mi trabajo. Me lo paso genial trabajando. El año pasado fui muy feliz haciendo un programa de cocina para “Hola”, o sea que… Lo que me echen.

MM.- Tu vida laboral podría resumirse en ¿enganchado por la tele?

CGH.- Realmente sí, porque yo empecé en radio, pero mi carrera ha sido la tele y mi pasión es la tele. A mí me cabrea mucho cuando veo a compañeros de la tele que han triunfado y que le deben mucho a la tele, que hablan de ella como un hermano menor. “A mí lo que gusta – dicen- es la radio”. Pues a mi encanta la tele, me parece que es el medio total y creo que si tienes que contar algo el mejor medio es la tele. Pongámonos en el momento más horrible e icónico de nuestra época, el episodio de las torres gemelas. Puedes emitir un programa en directo de 5 horas solo con el sonido ambiente de lo que pasó en esas 5 horas y no te hace falta comentarista. Y eso, bien realizado, que te vayan llevando por los distintos escenarios, es de una potencia que no tiene ningún otro medio.

MM.- Pero la tele suele ser también un vicio que termina por quemar a muchos profesionales…

CGH.- La tele es una gozada permanente. Yo tengo una productora muy pequeña y hemos tenido la enorme suerte de poder ir haciendo programas casi todos los años que hemos estado en activo. Hacemos programas que no me da vergüenza que vean mis hijos, programas que sirven para algo. Me gusta mucho estar haciendo un programa de seguridad vial porque pienso que es bueno que haya un programa divulgativo de seguridad vial, o que hubiera programas como el que hacía de golf, que te enseñen otra manera de jugarlo, que muestren otra cara de un deporte que en general tiene mala imagen. Me parece que está bien enseñarle a la gente a cocinar… Hacer cosas que no desagraden a nadie y que me permitan generar empleo, uno de ellos el mío, y ya si es posible que la empresa gane dinero… pues fenomenal.

MM.- ¿Crees que las redes están cambiándolo todo: se llevan la publicidad, cualquiera puede hacer una mini cadena de televisión o de radio…?

Carlos G.H. con los ganadores de la Ryder Cup: Olazábal, Jiménez y Sergio García

CGH.- La red es en sí misma un medio y tiene una potencia descomunal, pero a la vez es un peligro tremendo. Yo creo que a pesar de los peligros que tiene y del daño que le ha hecho a la prensa, a la edición impresa de los periódicos, es una maravilla en todos los sentidos. Creo que tiene más cosas buenas que malas. Al periodismo puede que le haya hecho mucho daño. Esa necesidad de inmediatez, de renovar constantemente la información, hace que el rigor esté en un segundo plano. Pones un titular porque sabes que con ese titular vas a conseguir unos clicks, a pesar de que el titular tenga poco que ver con lo que cuentas en el texto. Eso creo que es algo, no sé si inevitable, pero confío que en un tiempo seamos capaces de controlarlo, sobre todo porque creo que la prensa está a un nivel parecido a la política, de desafección, o sea, la gente piensa que somos unos gilipollas.

MM.- ¿Tienes muchos vicios?

CGH.- Yo fumaba como 25 carreteros en una época, fumaba por todos los agujeros corporales, pero conseguí dejarlo. Ahora, mis vicios… es que no se pueden considerar vicios, son más aficiones. Vicio, entendido por algo que te domina, afortunadamente ninguno. Recuerdo que hice un programa en Antena 3 que se llamó “Web te ve”, que lo presentó Lucía Riaño, yo era el director, y la pobre Lucía, que no fumaba, estaba rodeada por 4 personas que fumábamos y estábamos metidos en un espacio, pues eso, para 5 personas, y nos parecía que teníamos derecho a fumar. La pobre Lucía se quejaba de que tenía los ojos vidriosos y nosotros de que fuera una pesada quejándose. Y hoy lo piensas y dices: “¡Cómo éramos tan cabrones!”.

MM.- Hablando del golf, que comentabas antes, ¿quién iba a imaginar que ir por ahí dando con un palo a una pelotita sería un deporte de masas? ¿Qué tiene el golf que quien lo prueba ya no puede dejarlo?

CGH.- Tiene un montón de cosas buenas. Es un deporte para gente de edad que se ha retirado del fútbol porque si te hacen una entrada caes al suelo a plomo, que camina 11 o 12 kilómetros, y luego es un juego de autocontrol, de humildad. De repente piensas que ya lo has conseguido y a los dos hoyos estás cabreado con todo porque la bola no sé qué… y tienes que contenerte porque muchas veces tienes ganas de tirar los palos y… Yo nunca he tirado un palo a un lago ni… bueno, sí que me he cogido algún cabreo más de la cuenta. Pero es un deporte fenomenal.

MM- El golf es una de tus grandes aficiones, pero ¿has probado también el capote? ¿Te has tirado al ruedo alguna vez?

CGH.- Sí, y soy súper aficionado a los toros. La vez que he toreado mejor en mi vida fue en casa de Enrique Ponce, que es muy aficionado al golf y era un fan del programa que hacíamos en Canal Plus. Ponce hizo una celebración en su finca – cerca, en Linares, se celebraba un torneo de golf – y a todos los que íbamos a jugar el torneo al día siguiente nos invitó a un tentadero en su finca. Así que salí y conseguí darle unos buenos naturales a una vaca que era Santa Teresa de Jesús con cuernos, que Dios me perdone, y Santa Teresa también. Luego, tiempo después, una vaca me pegó un golpe y me hizo bastante daño en el muslo, pero tengo más afición que técnica, por supuesto.

MM.- Un año sin Sanfermines parece una cosa increíble, o sin San Isidro… ¿La pandemia podría dar la puntilla a la fábrica de la tauromaquia? Me refiero a ganaderos, plazas, escuelas, toreros…

CGH.- Esa es una de las preocupaciones que tengo porque los chavales ya no son aficionados a los toros, y eso que mis tres hijos lo son e invitan a sus amigos a ver corridas con nosotros. No se puede imaginar la cantidad de chicos de entre 15 y 25 años a los que he llevado a los toros y era la primera vez en su vida que iban a una corrida. No, no están en la calle los toros. Hoy no se ve a niños jugando a los toros. Cuando era pequeño en mi colegio se jugaba a los toros.

No creo que el sector del toro sea consciente de lo mal que está su situación y esto es un drama porque, claro, la mayor parte de los ganaderos no ganan dinero, o empatan, o pierden y lo asumen como que es una tradición familiar, por romanticismo… En esta temporada el tener que matar a los toros sin salir a los ruedos es una ruina. Puedes elegir torearlos el año que viene como cinqueños, que está por ver, pero ¿quién mantiene a un toro si no sabe si le va a sacar dinero? Mantener a un toro de lidia es carísimo. Y es un drama también para la clase media y media baja de los toros: toreros que torean entre 5 y 10 corridas al año y que están ahí sabiendo que van a perder dinero; este año para ellos es una catástrofe.

MM.- Te voy a permitir que te veas dentro de 5 años. ¿Cómo te gustaría ser? ¿Dónde te gustaría estar? ¿Qué te gustaría hacer?

CGH.- Me gustaría que mi empresa haya sido capaz de generar algún proyecto en el yo no sea imprescindible y no jubilarme, porque creo que no me voy a jubilar nunca, quiero seguir conectado siendo tertuliano, o escribiendo, pero también me gustaría bajar un poco el nivel de presión que tengo ahora mismo. Tengo 55 tacos y a los 60 me gustaría, no jubilarme, pero sí cederle el testigo a alguien en la empresa, aunque para eso tengo que tener un testigo que ceder.

MM.- ¿A tus hijos no les gusta la producción de programas de televisión?

CGH.- A mis hijos no, afortunadamente para ellos, esta es una profesión con mucha gloria, pero muy difícil. Una es psicóloga, otro ha hecho Derecho y ADE y la última acaba de empezar ADE con Analytics, eso del Big Data. Hombre, si la empresa en este tiempo tuviera algún proyecto que haga que sea heredable pues a lo mejor a alguno le apetece vivirla… Pero estas empresas tienen un punto periodístico que mis hijos no tienen. También me gustaría que alguno de mis hijos se hubiera casado y me hubiese hecho abuelo. Y ser feliz, que los míos y yo estemos sanos y, ya digo, si puedo ser un abuelo relativamente joven, mira que bien.

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