• 4 agosto 2020

Carlos Iglesias va por su cuarta película

A un actor se le recuerda por los personajes que interpretó. Pero la mayoría de los actores interpretan a muchos personajes que no calan en la gente, desaparecen de la memoria colectiva. Así que solo unos pocos actores consiguen que sus personajes se nos queden para siempre. Ese es el caso del inolvidable Pepelu, el hijo de Pepe Navarro que se asomaba cada noche en “Esta Noche Cruzamos el Mississippi”, o el de Benito, el no menos entrañable personaje de la serie “Manos a la Obra”, ambos interpretados por Carlos Iglesias, quien ahora va por la vida no solo como actor, sino también como guionista y director de cine.

E: ¿Añoras aquellas audiencias semanales y diarias de millones de telespectadores con “Manos a la obra” y “Esta noche cruzamos el Mississippi”?

C: Añoro lo que es el éxito de un trabajo continuado en televisión; obviamente no hay nada que se le parezca. Un éxito en cine no se puede comparar a uno en televisión. Por otra parte, la presión de ese tipo de éxito tan popular es tan grande… Esa parte es un poco molesta, que estén encima de ti, que no te dejen vivir… Sobre todo en aquella época que había menos cadenas, hoy en día tampoco es tanto porque el público se distribuye en muchísimas opciones, pero en aquellos tiempos del Mississippi nos veían cuatro millones de personas, la presión al día siguiente era brutal… La exigencia del público cada vez era mayor, estaba a la espera de qué iba a hacer esa noche, y llegó un momento en el que estaba absolutamente seco, no tenía más recursos actorales o gracias que contar.

E: ¿Te has olvidado de esos personajes o de vez en cuando destronan al verdadero Carlos Iglesias?

C: Olvidar no me puedo olvidar porque son bastante recientes, pero así que me ponga a hacer el indio yo solo por cualquier sitio, no suelo hacerlo jajaja.

E: Según tu trayectoria podría dar la impresión de que tengas doble personalidad: el Carlos Iglesias que hacer reír y el que hace llorar. ¿Crees que en toda comedia hay un poco de drama y viceversa?

C: Creo que sí, el drama se puede transformar en comedia con un poco de sentido del humor, haciendo un guiño sobre lo que está ocurriendo. Lógicamente, hay temas más delicados que otros, pero a la inmensa mayoría de las cosas se le puede sacar punta y de ahí humor.

E: ¿Cómo se va uno mejor a la cama: tras hacer reír o llorar a la gente?

C: Si gusta, te vas bien de cualquier manera. A nivel de premios es mucho más satisfactorio el drama que la comedia. La comedia digamos que es algo que el espectador siente como más de estar por casa, no hace una valoración artística sobre ella, aunque le guste mucho. Sin embargo, del drama sí, si consigues hacer llorar a la gente, que es bastante más sencillo que hacerla reír, logras un aplauso inmensamente mayor.

Santiago Segura hace un cameo en la comedia de Iglesias

E: Y hablando de lo que da de comer… ¿Qué da más dinero?

Siempre y cuando funcionen, las dos cosas. Parece que es más popular la comedia, pero si analizas los datos, sobre todo en el cine, siempre están a la par.

E: A lo largo de tu carrera profesional has trabajado en la televisión, el cine y el teatro, ¿qué disfrutas más?

C: Desde hace unos años la novedad es ser director de cine. Cuando eres guionista, uno de los protagonistas y, además, el director, lo único que te corta es el presupuesto que tengas. Todo lo demás hace que la película sea totalmente tuya. Como director cuentas lo que realmente quieres contar, pero como actor cuentas lo que otro quiere contar, y eso puede coincidir contigo o no.

E: Has sido director y actor de tus películas, ¿siempre creas un personaje para que sea interpretado por ti o es una decisión final?

C: Cuando has empezado siendo actor es inevitable querer plano en tu película. ¿Si no te escribes tú un personaje, quién te lo va a escribir? De hecho, me irrita mucho no tener un personaje para salir, a veces incluso he forzado escribir un personaje para tener la oportunidad de interpretarlo yo. Es un vicio como otro cualquiera. A veces, supongo, será higiénico quedarse a un lado, pero yo todavía no lo he conseguido.

E: ¿Dónde dirías que disfrutas más: delante o detrás de la cámara?

C: Son dos disfrutes distintos. En mi caso van unidos… la novedad es la dirección, pero la verdad es que actuar es mi verdadera pasión. Cuando te ves en la pantalla el día del estreno, si todo ha ido bien, es muy gratificante.

E: Vamos a la suite nupcial, tu última película. ¿Qué pasa allí?

C: Pasa la vida. Cada uno va contando la vida que tiene en ese momento. Hablamos de una persona de mi edad, casada, que se encuentra en un hotel de Toledo con una joven, compañera de trabajo, y ya lo que ahí ocurre obviamente no os lo puedo descubrir… Pero es una comedia atípica, no ocurre lo que el espectador cree que ocurre. Hay una reflexión sobre la pareja, sobre el paso del tiempo, sobre la sexualidad, sobre nuestros gustos personales, sobre cómo se te va yendo la vida…

E: Tras algunos dramas cinematográficos, has vuelto a la comedia. ¿Hay algún motivo especial?

C: Creo que si hay algo que puedas contar en clave de comedia, se debe hacer. Es la parte más inteligente o interesante de la narración, donde se puede sacar un poquito más de chispa o hacer un poquito más de daño, en el caso de que se trate de una película crítica. Siempre que puedo empleo la comedia, de alguna forma me gano la vida con el humor.

E: Tu primera película: “Un franco, 14 pesetas”, te metes de lleno en el tema de la emigración, pero en los años 60. ¿Qué opinas del actual cierre de la puerta a los millones de inmigrantes que huyen del hambre y la guerra?

C: Ni mucho menos la emigración española de los años 60 es equiparable a las migraciones que hay hoy en día por causa de guerras. Todos los países ricos del mundo siempre han tenido miedo a las invasiones de los pobres, si los que vinieran fueran turistas les abriríamos las puertas sin ningún problema porque se dejarían los dineros y, además, la inmensa mayoría serían rubios con ojos azules. El problema viene cuando son de otra raza, religión y, encima, pobres. El desprecio del mundo rico es total. Hay miedo a que el pobre te quite lo poco o lo mucho que has conseguido en la vida.

Paula del Carmen García

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