• 14 julio 2020

CARMEN WERNER: “Siempre hago lo que me da la gana”

Es fácil decirlo, pero no lo es conseguirlo: 5 nominaciones a los premios Max y un premio Nacional de Danza en el año 2007, más los internacionales. Tras los premios – “yo los llamo piropos dichos con el corazón”, nos dice Carmen Werner – hay mucho trabajo, mucho sudor y “algo de arte”, añade con humildad. Werner, que suena con v, es un apellido alemán, no anglosajón, está orgullosa de vivir en Aravaca, un barrio que conoce bien desde niña. Su abuelo ya tenía casa aquí desde antes de la guerra civil.

MM.- ¿Es usted una mujer con estrella o estrellada? Lo digo por la situación actual de la cultura y de la danza con el Covid 19.

CW.- Ahora mismo no sabría decir. Ni una cosa ni la otra. De momento las cosas no están muy bien, pero espero que salgamos adelante. Confío en que se sale de todo.

MM.- El último año que le fue a usted de perlas fue el 2018 con varios estrenos, en concreto 5 obras. ¿Fue un año inspirador?

“Estoy creando una obra sobre el confinamiento para el Festival de Otoño” Foto: David Ruiz

CW.- Es lo que normalmente suelo hacer, tres, cuatro o cinco obras al año entre solos y encargos que me hacen otras compañías. Suelo viajar también por trabajo. En el 2018 fui a México, este año debería ir a Colombia y Japón, aunque ya veremos… Y en Madrid tendría 3 estrenos.

MM.- ¿Cómo crea usted sus obras? ¿Piensa o imagina primero la historia, luego la coreografía y por fin la música?

CW.- Parto siempre de una idea, un concepto, un punto de partida y ahí empiezo a desarrollarla con improvisaciones y voy creando ambientes. Dentro de ellos busco los materiales coreográficos. Esos ambientes son musicales, espaciales… todo lo que me ayuda a expresar lo que quiero contar.

MM.- Una vez le oímos decir que interpreta temáticas sobre los derechos humanos, ¿por qué? ¿Cuáles son sus temas preferidos?

CW.- Lo que más me interesa es la sociedad, lo que nos pasa a todos. Ahora estoy creando una obra sobre el confinamiento para el Festival de Otoño y, si todo va bien, se estrenará en noviembre. La estoy creando ahora en mi estudio.

MM.- A estas alturas, usted, del cuerpo, debe de conocer cada detalle… ¿o necesita más tiempo para conocerlo más a fondo?

CW.- Sí, claro que lo conozco, pero es muy complejo dado que además está la mente, que es lo que más trabajo cuesta conocer. Lo sé bien porque he trabajado con muchos bailarines, todos seres humanos maravillosos y de todo tipo de razas.

MM.- Es difícil, seguro, pero… ¿su obra favorita?

CW.- Ni idea. Me gustan todas. Algunas más que otras, pero no sé, no puedo decir cuál. Para juzgar soy fatal.

MM.- La han nominado a 5 premios Max, tiene uno Nacional de Danza… ¿qué premios aún no ha ganado y le gustaría tener en la estantería?

CW.- También tengo el premio de la Comunidad, tengo un premio de Atenas, el Onassis. Los premios son como si te dijeran guapa, pero profundamente, con el corazón en la mano. Ahora mismo no aspiro a nada, estoy muy contenta con lo que he tenido. A lo que sí aspiro es a seguir creando, bailando…

MM.- ¿Es usted más directora que intérprete, o al contrario?

CW.- La verdad es que las dos cosas, desde joven siempre me gustó interpretar y dirigir. Me ayudo mucho con las grabaciones, todos los días grabo los ensayos con cámara y, de ahí, visionándolos, saco las correcciones. Me gusta compartir lo que creo con la gente que me rodea y me dejo influir por sus comentarios, aunque siempre hago lo que me da la gana. Pero sí que es verdad que me gusta mucho escuchar y a veces esto me ayuda a tomar decisiones.

MM.- Una faceta importante suya es la de profesora de danza, ¿o la tiene olvidada?

CW.- Qué va. Y ahora cuando empecemos, no sé cuando, me toca dar clase como una loca. Tengo un estudio en una casa en Aravaca que era de mis padres, ahí las damos. Llevo viviendo en Aravaca prácticamente desde que nací.

MM.- Otra de sus caras es la de empresaria. ¿Da alegrías o dolores de cabeza tener su propia compañía: “Provisional Danza”?

CW.- ¡Puff! Da muchos dolores de cabeza. Alegrías muy pocas. Ahora estamos pendientes de que nos paguen alguna vez el ERTE. Llevamos desde marzo esperando y tengo a la gente… En fin, está siendo muy difícil. Somos 7 personas, una empresa pequeña, 5 bailarines y 2 administrativos.

MM.- ¿Tiene hijos? ¿Qué le falta a usted en la vida?

“En Aravaca echo de menos que se pueda ver un espectáculo” Foto: David Ruiz

CW.- De mi vientre no han salido hijos, pero tengo muchos. No siento que me falte nada, la verdad.

MM.- ¿Le sobra a usted algo? ¿Arte quizás?

CW.- No, que va. Más quisiera yo. Soy muy trabajadora y siempre digo que el arte es el 1% y el resto es trabajo. Me gusta mucho trabajar, investigar, probar… Estas semanas he estado confinada, pero he trabajado mucho en mi siguiente obra y he acabado muerta cada día, exhausta.

MM.- Se dice que la danza es elitista. ¿Está de acuerdo o…?

CW.- Todo lo contrario. Para mi todo el mundo puede bailar, cada uno en su medida. Ser bailarín de contemporáneo, que es el arte escénico en el que yo me muevo, implica una mezcla maravillosa de otras artes, teatro, arquitectura, pintura… pues abarca mucha más cantidad de gente. Eso es bueno para la danza contemporánea.

MM.- ¿Desde cuando lleva su familia viviendo en Aravaca?

CW.- Mi abuelo vino a Aravaca 10 años antes de la guerra civil y aquí construyó una casa bastante grande. Él era alemán. La casa desapareció con la guerra y mi abuelo también. Luego, mi abuela pidió una hipoteca e hizo 4 casitas para vivir de su alquiler. Todavía conservo tres de esas casitas. Así que desde que nací empecé a venir aquí. Nací en Madrid, pero realmente me siento de Aravaca. Estuve fuera de España durante 5 años, pero siempre fue mi zona de veraneo, hasta que en el año 1983 me vine definitivamente a vivir aquí. Por entonces era monitora de esquí de la Escuela Española de Esquí y vivía parte del tiempo en Madrid y parte en Navacerrada. Luego me decidí por Aravaca. Ya había terminado mis estudios y la carrera.

MM.- ¿Le gusta más la Aravaca de niña o la Aravaca actual?

CW.- Cuando vine a vivir aquí era un lujo porque no pasaba nadie. La zona del pueblo estaba empedrada, no había asfalto, donde yo vivía había tierra por todas partes. Yo estudié Educación Física y hacía footing por todos los lados, pero tuve que dejar de hacerlo tiempo después porque me atacaban los perros. Empezó a haber tantos… Se super pobló. Ahora mismo, de hecho, Aravaca es Madrid y antes era un pueblo. Aravaca me sigue gustando, pero el cambio ha sido muy grande.

MM.- ¿Qué echa de menos actualmente en Aravaca?

CW.- Ya no hay terrenos libres, está todo construido y vida cultural no hay. Eso lo echo mucho de menos. Que se pueda ver un espectáculo, por ejemplo.

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