Con un par

“Dentro de cualquier edredón hay un desplumado, y dentro de cualquier idiota hay un sabio amordazado”, me dijo una vez mi abuela sin dar importancia a la rima. Pero, la poética prosa leonesa de mi abuela, nunca me contó nada del peladero ni de los tontos avechuchos. El peladero, les contaría yo a mis nietos ahora, si fueran un poco mayores, es el lugar donde se desnudan las verdades de los muy pelados. ¡Es el Congreso! Allí, una banda de volanderos plumosos hace y deshace a plumazo limpio aquello que interesa a sus intereses con mucho pico. Con cada plumazo se perpetúan en el palo de su gallinero y, los que han guardado sus plumas para otra ocasión aviar con billetes one way para formar un round trip de envergadura, siguen revoloteando al acecho de cualquier descuido para aventar de nuevo lo aleteado, pero que en tangana gallinácea es un pio pio tan cursi como atronador. Es el Congreso un lugar lleno de piquitos de oro, plumíferos plomíferos, cacareantes-aleteantes-galliformes y esforzadas gallinetas turuletas, donde a base de cocinar huevos hueros y disfrazarlos como pienso proteínico de alta calidad, se va sobreviviendo a la escasez de amplios planeos acrobáticos de largo aliento, que nos alimenten por encima de la monótona mierda corralera y sus tufos. El pacto, del que se han apeado los descorazonadores buitres leonados de la patronal, deja el sueldo mínimo en 965 mensuales en 14 pagas con efectos retroactivos desde el 1 de septiembre. El Ministerio de Trabajo y Economía Social y los responsables de CCOO y UGT han alcanzado ese risible acuerdo que es como tocar el cumulonimbo de la pureza celeste con las manos llenas de caca. El cacareado cocoroco de esta raza de gallinas y el gluglutear moqueante de estos pavos sin pedigrí para subirle a los menos favorecidos quince miserables euros al mes es vergonzante. 1,5 millones de asalariados verán que a partir de este mes, dado que la docena de huevos está en dos euros, podrán cascar a placer, si las cuentas no fallan, tres huevos al día, con esta generosa sobrepaga, que algunos quebrantahuesos rapaces de los corrales consideran inadmisible.  En la insuperable escena cómica cinematográfica del camarote de los hermanos Marx en “Una noche en la ópera”,  vemos entrar en el totum revolutum de su imaginación un sinfín de personajes inmersos en el SMI: camareros, camaristas, limpiadoras, manicura, fontaneros… a esa disparatada cena tendrían que haber sido invitados todos nuestros ponentes congresistas para gorjear , (que no vale gorgojear), hasta quedarse afónicos en la celebración de este logro de clara y yema,  a puro huevo de Real Decreto  arrebatado de triunfalismos,  la  famosa frase de Chico  que el tiempo ha convertido en un símbolo del exceso: “¡y también dos huevos duros!”. Groucho, recuerdo, añade a la comanda: “En lugar de dos, pon tres”. Y… ¡Con un par, se han quedado tan anchos en ese camarote tan estrecho y tan de -mayonesa social-!

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