De cómo parar este y otros desastres

Antes de ayer, creo que en Zaragoza, los ciudadanos salieron a las ventanas y balcones para aplaudir a los que más han perdido con esta pandemia: los fallecidos. Yo me sumo hoy. Tengo ya mis años y nunca había visto algo así. ¿Cómo llamarlo? Me refiero al hecho de que cada día mueran cientos de personas a las que ni da tiempo casi de enterrar, o de cremar, que se van de este mundo sin el lujo de una despedida. Hasta ahora, despedir a nuestros seres queridos no era un lujo, era lo normal, pero hoy es otra cosa. ¿Cómo llamarla? ¿Cómo llamar a lo sucedido el fatídico 11M? ¿Y al 11S? Matanza. ¿Cómo decimos cuando en las guerras se lanzan misiles y más misiles contra la población civil? Crímenes de guerra. También asesinatos. Hay palabras para lo más atroz, pero para los muertos por una pandemia cruel no tenemos palabras. No las hay. Habría que crearlas.

Esto es una guerra, vino a decir el presidente en su enésima alocución, supongo que mirando de reojo a los hospitales y edificios públicos, convertidos en inmensas morgues donde reina el silencio porque nadie acompaña a sus muertos. Sí, en eso se parece a una guerra. Tras la batalla, se apilan los cadáveres de cualquier manera. Lo que la diferencia es que con la pandemia no nos queda ni la rabia de la frustración, pues no es culpa de nadie. Que sepamos… pues cada vez más dedos señalan a una traidora China. ¿Se hizo a propósito? se preguntan los conspiranoicos…

Quizás pudiéramos definir esta época como caótica. Un período para el que no estábamos preparados. Propongo que a partir de ahora un día cada semestre hagamos simulacros para combatir situaciones insospechadas, temerarias, imposibles de imaginar… Un tsunami en la costa gallega, un terremoto de escala 8 en Madrid, un ataque aéreo de la aviación marroquí, ahora que, aprovechando la coyuntura, hacen el amago de apoderarse de más aguas marítimas. O que nos intentan robar el oro del Banco de España, como se planteó en la serie de ficción La Casa de Papel. Tras lo que está pasando, cualquier cosa podría suceder. Y puede que aún sea peor, así que arremanguémonos y pongámonos a diseñar cómo sería ese mundo oscuro, torcido y triste y, sobre todo, planteémonos cómo lo vamos a enfrentar.

Lo normal sería que nuestros políticos, de uno y otro signo, estuvieran sentados en una mesa para enfrentar ese futuro – la pandemia persiste y la economía ha caído en un trimestre el 13% -, pero ellos siguen a lo suyo, llamándose de todo y hablando entre ellos lo justo. Su inopia nos puede pasar una dura factura. ¿Qué más necesitan para ponerse a hablar del futuro? Quizás la sociedad civil debería crear una mesa paralela y tomar las riendas de la situación. La política, en el futuro, debería escenificarse de otra manera para que fuera más operativa. Menos coches oficiales, menos privilegios y más mano de obra al pie del cañón.

 

Leer Anterior

Las mejores voces al servicio de quienes lo están pasando mal

Leer próximo

Bohemian Chic

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

0 Comentarios

    error: Content is protected !!