• 18 enero 2021

Desconcertados

Cuando se deshace el orden, lo mejor es darle descaradamente la espalda. Yo, que soy desordenado vocacional, observo ese trágico método mental, que me compensa con silencios anímicos donde puedo escuchar libremente la respiración de  lo correcto. Soy cobarde. Lo reconozco. Huyo de mí mismo para encontrar  caminos fáciles donde no tenga que enfrentarme a esa realidad, que sabe mucho de pasiones y muy poco de instintos básicos. Hoy he visto la ciudad de León desordenada y vacía como nunca la había contemplado, y no he podido contener las lágrimas.  Guzmán hacía un corte de mangas con la mano del cuchillo;  la fuente de Santo Domingo estaba más botija que nunca; la Catedral hería con sus torres un aburrido cielo gris y rallado; San Isidoro no se sentía nada  polimata; el cine Emperador ya “ni es lo que era, ni tiene cartelera”  de Velasco y,  para colmo de males,  no se servían morcillas en las terrazas. León estaba “secuestrada y cansina”. Harta de sí misma. Una ciudad entre dos ríos es normal que tenga el alma húmeda sin llegar a encharcarse, pero hoy disfrutaba un llanto navegable que la hacía oceana, marítima en sus soledades callejeras. Volveré a -nuestro Madrid  de todos- con mencías del Bierzo  para dar calor a mis tristezas y unas alubias pintas -envasadas al vacío- para gasificar mi pena que corre sin sentido, sin tino y sin consuelo, de espaldas a mi pasado provinciano: un infantil ayer, que, sin duda, fue lo mejor que me regaló la vida, en el cual hoy la pandemia ha confitado mis escasos recuerdos.  ¡Que maneras  tan torpes- me gasto a manos llenas- para ser persona agradecida a este azul frío y maravilloso  de la Legión Séptima Gemina, y que pocas me quedan, aunque me sobre vida!  Me apetece, antes de terminarlas, para sentirme hijo de esta tierra antes de volver a mi rutina de “empadronado en los madriles”, maldecir a esta suerte de politicastros, que nos dejan sufrir sus equívocos y sus rencillas, desvistiendo con enfermedad a las provincias y a la capital de sus  magias.

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