Dr. Luis Prieto (II): “Yo creo, y también otros muchos médicos que son minoría en el conjunto total de la profesión, que hay indicios razonables muy claros de posible efectividad del dióxido de cloro en el Covid 19”

Continuamos con la última charla mantenida con el bioestadístico doctor Luis Prieto, quien lleva 40 años “ayudando a sus colegas a distinguir el ojo de la paja”. Mayor rigor no puede tener y haber tenido. Sobre el dióxido de cloro habla alto y claro, y entre otras cosas dice que “tan erróneo es considerarlo evidencia científica como despreciarlos” Apela pues a la conciencia y profesionalidad de sus colegas médicos, y, a su vez, consciente de su escaso tiempo libre, ha elaborado para ellos un completo dossier bibliográfico sobre la seguridad y eficacia del dióxido de cloro. Este informe lo realiza con otros dos especialistas en la materia: Jorge Gaupp y Alberto Martínez, este último también médico.  

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Ante la presencia de indicios claros, tan erróneo es considerarlos evidencia científica como despreciarlos y estar perdiendo la oportunidad de descubrir un recurso que pueda ayudar en estas dramáticas circunstancias”

Ante una emergencia medica en la que el paciente está en alto riesgo de fallecer o de quedar con secuelas graves, si no hay solución demostrada hay que probar prudentemente con los recursos de los que hay indicio de que pueden ayudar y notable evidencia de que no son tóxicos”

Los médicos que están en primera línea de fuego, totalmente desbordados por el trabajo, no pueden dedicarse a explorar nuevos productos. Pero los comités científicos pueden y – en mi opinión – deben hacerlo”

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MM. ¿Hay pruebas definitivas de que el dióxido de cloro cura la Covid 19?

LP. Que yo sepa aún no hay evidencia definitiva en ese sentido. Y la comunidad científica no aceptará que la hay hasta que no salgan publicados artículos en revistas médicas o informes técnicos rigurosos en los que se demuestra esa efectividad con datos concretos y el análisis estadístico correspondiente. Estas condiciones que la comunidad científica exige no son un capricho arbitrario, es la mejor garantía para descubrir tratamientos realmente eficaces y para detectar los que son inútiles y/o tóxicos.

MM. Parece usted tener mucha confianza en que la metodología de lo que se suele llamar “medicina ortodoxa” garantiza que siempre acierten al distinguir lo eficaz de lo inútil.

LP. Sí, tengo mucha confianza en ello, por eso llevo 40 años trabajando en esta especialidad e intentando ayudar a mis colegas a distinguir el “trigo de la paja” en lo que a innovación médica se refiere.

MM. ¿Y nunca fallan ustedes, aciertan siempre?

LP. Por supuesto que hay fallos. Individuales y colectivos, como en toda actividad humana. Eso es inevitable y hay que asumirlo. Pero lo que llamamos “metodología científica”, si se aplica correctamente, es la opción que menos fallos produce. Y si se aplica incorrectamente, el riesgo de fallos aumenta, obviamente. Por ello hay que evitar que apelen al “rigor científico” quienes no lo conozcan bien.

MM. Por lo que dice, la ultima palabra para establecer la evidencia médica la tienen los bioestadisticos. ¿Son algo así como el “juez supremo” en el campo de la investigación medica?

LP. No. La última palabra la tiene la comunidad científica, formada, en cada caso, por las médicos de cada especialidad. Ellas acaban llegando a un consenso, a la vista de los datos que cada estudio proporciona y donde el análisis estático es una herramienta que ayuda, pero no el protagonista. Las profesionales que están a pie de enfermo y las que pasan miles de horas en los laboratorios de investigación son las auténticas protagonistas.

MM. Volviendo al dióxido de cloro, usted ha dicho reiteradamente que hay indicios razonables de que pueda prevenir y curar esta enfermedad el covid19.

LP. En efecto, yo creo, y también otros muchos médicos, pero que son minoría en el conjunto total de la profesión, que hay indicios razonables muy claros. Y ante la presencia de indicios claros, tan erróneo es considerarlos evidencia científica como despreciarlos y estar perdiendo la oportunidad de descubrir un recurso que pueda ayudar en estas dramáticas circunstancias.

MM. En su opinión, ¿a qué se debe que la mayoría de los médicos no tengan en cuenta esos datos concretos que ustedes dan en el informe?

LP. Como le decía, la mayoría de colegas están muy absorbidos por el trabajo diario, y más aún en esta época, y no les queda tiempo para hacer una revisión cuidadosa de la bibliografía sobre este tema. Por ello recurren a lo que dicen los organismos oficiales, y el error que algunos de esos organismos han cometido se proyecta sobre la mayor parte de nuestro colectivo profesional

MM. También he visto que muchos de sus colegas no comparten con usted que la autoridad sanitaria debe dejar a los médicos libertad para usar este producto, bajo supervisión médica, si el paciente adecuadamente informado lo pide.

LP. Sí, en ese punto leo opiniones muy distintas a la mía, aunque también hay muchos que coinciden conmigo, obviamente. Los que no coinciden dicen que no debe usarse este producto porque no hay ensayos clínicos rigurosos que avalen su eficacia y seguridad.

MM. ¿Y tiene razón es eso?

LP. Respecto a la seguridad, es decir, ausencia de toxicidad, no tienen razón. Ellos no los conocen, pero hay información objetiva que avala la no toxicidad. Por cierto, no les reprocho que no la conozcan, porque, como le decía, no tiene tiempo para buscarla en el inmenso mar de la bibliografía científica. Pero compañeros la han buscado y la ponen a disposición de médicos y pacientes. Está en el informe detallado y en el RESUMEN que de él hemos hecho.

MM. En lo relativo a que no hay evidencia definitiva de su eficacia, supongo que sí les dará usted la razón.

LP. Totalmente. Es obvio, al menos con la documentación que hasta ahora tenemos disponible. Pero tenga en cuanta que ante una emergencia sanitaria, donde no hay remedio eficaz conocido, y la propia OMS lo reconoce (en el informe damos la referencia), parece totalmente razonable probar prudentemente opciones que se sabe no son tóxicas.

MM. Pero sus colegas dicen que no se deben probar si no hay ensayos clínicos previos que demuestren su eficacia.

LP: En eso tengo que discrepar. Los ensayos clínicos rigurosos son la mejor opción y la que todos los médicos queremos cuando se está desarrollando un nuevo producto y hay tiempo por delante para realizarlo. Solo con esos ensayos se puede conseguir evidencia rotunda respecto a lo que hace y lo que no hace un producto, así como bajo qué circunstancias actúa mejor, cuáles son las dosis idóneas, etc. Pero ante una emergencia medica en la que el paciente está en alto riesgo de fallecer o de quedar con secuelas graves, si no hay solución demostrada hay que probar prudentemente con los recursos de los que hay indicio de que pueden ayudar y notable evidencia de que no son tóxicos. Es puro sentido común. No creo que ningún médico diga lo contrario.

MM. En alguna de sus conferencias usted ha mencionado el articulo 37 de los acuerdos de Helsinki. ¿Cree que se debe de aplicar aquí?

LP. Por supuesto. Pero no hace falta recurrir a ese articulo para aplicar el sentido común y la lógica más elemental. Y el rigor científico más básico. No puedo creer que ningún médico opine otra cosa.

MM. En ese sentido el dióxido de cloro es la única opción de la que se sabe no produce efectos secundarios y por tanto ¿cabe que el médico la pruebe en pacientes bien informados?

LP. No. Hay otros productos o técnicas. Los médicos que están en primera línea de fuego, totalmente desbordados por el trabajo, no pueden dedicarse a explorar nuevos productos. Pero los comités científicos pueden y – en mi opinión – deben hacerlo.

MM. Algunos de sus compañeros insisten en que “indicio razonable” no es lo mismo que “evidencia comprobada”

LP. Y tienen toda la razón. Pero, siendo eso totalmente cierto, hay que tener en cuenta que ante indicios fuertes de que puede haber cierto efecto, tan erróneo es considerarlos evidencia científica definitiva como ignorarlos totalmente y no prestarle la atención debida. Es intrínseco al avance de la medicina la iniciativa personal del médico que lleva a ir explorando, con prudencia, nuevas posibilidades. Y en los primeros pasos de cada exploración no entran en juego los ensayos aleatorizados doble ciego. Esa herramienta entran en escena cuando hay indicios iniciales que lo justifiquen, no antes. Creo que si lo pensamos todos despacio estamos básicamente de acuerdo.

MM. Algunos compañeros de otros medios me ha dicho que declinó usted su invitación para rebatir algunas afirmaciones que cuestionaban sus razonamientos. ¿No acepta usted la critica o el contraste de pareceres?

LP. Bueno, como le decía al principio, tengo mucho trabajo y en esta situación tan problemática que estamos viviendo, entiendo que mi obligación es aportar todo lo que yo pueda en dar a mis colegas información que no les es fácil conseguir. A ello dedico todo mi tiempo. Si se trata de escuchar lo que digan médicos o periodistas cualificados, prudentes y bien intencionados, por supuesto que me presto a ello, y estoy seguro que oyéndolos aprenderé algo. Aprender cosas nuevas es un lujo que en la Universidad tenemos al alcance de nuestra mano. Otra cosa son las polémicas con personas que no buscan aproximase a la verdad, sino el ruido confuso que la oculta.

MM. ¿Qué piensa usted hacer si en adelante la mayoría de sus colegas siguen sin tener tiempo para escucharle?

LP. Intentar que se decidan a robar unos minutos de su escasísimo tiempo para ver la información que hemos buscado y encontrado. Muchas personas han trabajado duro para conseguirla. En este caso, a los doctores Gaupp y Martínez les corresponde todo el mérito. Pero hay algunos otros informes muy completos que han hecho otros compañeros de distintos países. Supongo que en todos habrá algunos fallos, pero aun así cumplen la función de acercar la información a quien la necesita y le falta tiempo para buscarla.

CAPÍTULO 1 DE LA ENTREVISTA

Dr. Luis Prieto: “La EPA, Agencia de Protección Ambiental de EE.UU., presenta un informe del dióxido de cloro en el año 2000 donde se ve que no es tóxico en las dosis terapéuticas recomendadas””

 

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