Eduardo Toral: “Ahora los programas de televisión son un torticero descanso entre publicidad y publicidad”

Es alto y grande como un mapamundi, y está lleno de sorpresas. Le pides un favor y te hace dos. Tiene siempre tiempo para lo importante: una buena lectura, una peli de culto, una charla con un amigo, la comida y la cena son sagradas, y la familia, lo único. También es duro como una roca leonesa e inflexible en la política y con los políticos. Divertido, siempre lleva en la cartera un chiste que contar. Esto por lo demás. Por lo de menos, escribe y lo hace bien, distinto a todos. Tiene su sello. Si lo lees una vez, lo recordarás siempre. Cien y más maneras de morir, Ruinas de humo, Sobras Imperfectas… todas son obras suyas y todas editadas por El Ángel.

MM.- ¿Va usted por la vida disfrazado de bolero o de reggaetonero? 

De bolero siempre. Si se puede, elijo ser cursi como un bolero. No soy urbanita y la mezcla salsera de reggae con hip hop no me mueve esos músculos del alma que se ocupan de la emoción. Prefiero las mentiras mágicas de los boleros a las medias verdades del reggaetón.

MM.- Usted ha practicado el rugby, practica el golf y el soft raquet, viajó por toda Latinoamérica en moto… ¿Para qué tanto esfuerzo? ¿Merece la pena? 

La pasión y el entusiasmo son una maldición peor que la del trabajo, que algunos sufrimos porque nacimos con esos dos aditamentos incorporados de serie. Decía Sartre que “el hombre es una pasión inútil”. Yo soy un clarísimo ejemplo de la suma de todas las inutilidades posibles de acumular. En lo inútil soy bastante feliz y me merece la pena el intento. La utilidad vital de lo inútil es cuanto poco consoladora.

MM.- ¿Tiene hijos? Cuéntenos un recuerdo imborrable con ellos. 

Él, la moto y la carretera, fuente de inspiración

Tengo dos hijos maravillosos. Tengo esposa cómplice. Tengo tres nietos. Tengo dos perros. Y tengo un loro. También tengo dos motos. Eso es todo mi gran capital. Mi recuerdo más turbador de los hijos es el de la primera vez que los ves en manos de una desconocida comadrona que se empeña en asegurarte que son tuyos y no puedes contestarla convenientemente porque las lágrimas te atragantan por completo. No controlas lo que supongo un orgasmo del ADN.

MM.- ¿Le lee cuentos a los nietos? 

Sí. Y también se los invento. Unos cuentos pésimos que les hacen soñar con mentiras gigantes llenas de ternura. La inocencia de los nietos te permite licencias brutales. Conducir su asombro es vertiginoso y te colma.

MM.- Con tanto ordenador, móvil, iPad… ¿los que leen no están chapados a la antigua? 

Los que leemos mucho somos como esponjas llenas de tinta invisible. No podemos chaparnos. “Que otros se enorgullezcan por lo que han escrito, yo me enorgullezco por lo que he leído”, dijo Borges. Nadie lo contó mejor. Yo soy un tipo muy orgulloso de leer desordenadamente. Soy un malísimo lector compulsivo. Tengo un botijo al lado del e-book.

MM.- ¿Quién es el más grande: Shakespeare o Cervantes? O usted tira más por los poetas: ¿Machado, Hernández…?

No son comparables. A mí me divierte mucho más Cervantes, pero nadie como Shakespeare ha inventado lo humano y nadie ha sido capaz de transmitir la pasión y el deseo como él.

Vallejo, Lorca o Benedetti te pueden hacer volar sin alas en cielos infinitos y poetas como Gamoneda te pueden regalar un pasaporte de viaje a tu interior tan inolvidable como necesario. Yo quisiera ser un regular poeta pero no tengo tanto talento.

MM.- Usted escribe mucho y bien, diríase que distinto a todos. Su escritura es de peculiar naturaleza. ¿Qué piropo sobre ella le ha dejado más pensativo?

Un amigo me dijo del último libro que era un libro “muy Toral”. Sigo pensando si fue un piropo o un reproche. Creo que me lo dijo desde el cariño.  Es verdad que escribo mucho. Le agradezco que diga que escribo bien. Procuro, desde mi oscuridad, aportar algo de luz. A veces artificialmente.

MM.- ¿Cómo éle gustaría escribir? ¿A quién admira de los escritores actuales? 

Admiro a muchos. Me fascina Landero, envidio a Marías, alucino con Abad Falcione … Sería una lista muy larga. Pero si tuviera que elegir alguien a quien parecerme literariamente sería una mujer llamada Elena Garro. Una hipérbole mejicana con patas provista de un tipo de bolígrafo como un bisturí desafilado. Es un exotismo admirable. Ya sé que no es precisamente actual, pero me la quedo.

MM.- ¿Por qué escribe y a quién escribe?

Escribo para demostrarme que en mis mundos interiores hay algo más que tonterías y frivolidades. Escribo para curar el insomnio y para creerme capaz de motivar a mis amigos. Escribo para asustar a mis fantasmas que son despistados, ingenuos y muy canallas.

MM: – ¿Desaparecerán las librerías algún día?

Mientras exista la curiosidad existirán las librerías. Si un día desaparecen es que el ser humano se ha ido definitivamente a la mierda porque habrá fallecido su interés.

MM.- Cambiamos de tercio. Usted fue productor y realizador de televisión. O sea, que algo debe de saber del negocio. ¿Se hacía mejor televisión a principios de siglo que ahora?

No se hacía mejor televisión, pero se consumía mejor porque era menos malévola. Los jóvenes hacen mejor producto y con mejor factura. Desafortunadamente para esos profesionales, ahora los programas son un torticero descanso entre publicidad y publicidad. El gran Chumi dijo ya en aquella lejana época una frase memorable: “Todo lo que desconozco se lo debo a la televisión”.  Nunca ese descorazonador electrodoméstico fue inocente. Ni entonces ni ahora. Nunca.

MM.- ¿Qué programas le están sorprendiendo para bien y para mal? 

Me sorprende que la televisión generalista siga teniendo ese tufo tan desagradablemente garbancero y cutre. Todo lo que hace cifra de audiencia adolece de sentido estético y social. Es tristísimo. Veo que se hacen series técnicamente muy bien construidas con actores magníficos y con guiones elaborados impecablemente, pero, la verdad, no me atrapan. Probablemente sea culpa mía o de mi afán por descatalogarme. Yo me he alejado de esa trituradora con gran esfuerzo. Es muy difícil ahondarse.

MM.- ¿Le sobra realismo y le falta fantasía a la tele?

Le falta verosimilitud y le sobra frivolidad. La realidad como espectáculo es nefasta.

MM.- ¿Se practica mucho o poco el vale todo por la audiencia?

Se practica de una manera vergonzosa.  Tan vergonzosa como para perder la fe en la especie humana y en sus medios de comunicación. Es obsceno.

MM.- En sus tiempos, ¿qué hubiera dicho de meter publicidad en los informativos? 

En mis tiempos era impensable. Hoy día me parece demencial. Me saca de quicio. A lo peor es simplemente que no lo entiendo.

MM.- De los tiempos que corren, díganos un programa bien hecho, bien realizado y producido con maestría.

En España EL MINISTERIO DEL TIEMPO y LA CASA DE PAPEL. En Europa RECURSOS INHUMANOS, en América OZARK . Pero solo he visto capítulos sueltos que me han recetado mi mujer y los amigos que saben de mis gustos.

MM.- Ahora hay un gran número de canales de televisión en comparación con el año 2000. ¿Qué modelo de televisión habrá en 2040?

Es muy difícil pronosticar la TV que se consumirá en 20 años. Entiendo que será todavía más especializada temáticamente. La televisión tal como la conocemos podría extinguirse en poco tiempo, pero a los humanos les seguirán encantando los dramas, las historias, los juegos y verse reflejados. Ya nuestros hijos funcionan solo “a la carta”. Sus hijos estarán en un modelo aún más libre. Y, sinceramente, pienso que consumirán menos TV. La interactividad será la norma básica de un tipo de TV inmersiva que con seguridad les aplicarán. Un poco en la línea de los videojuegos.

MM.- ¿Es usted de butaca centrada en el cine y cerca de la pantalla?

Soy de butaca, sala oscura, silencio religioso y cumplimiento estricto de ese ritual mágico de la gran pantalla donde dejar escapar el ojo a los pequeños detalles desde la fila 7. Odio las palomitas.

 

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2 Comentarios

  • Eres un crack amigo, suerte la mía de haberte conocido, en un pantalan sin lujos ni brillos de diamantes solo el valor y el amor de los corazones, te quiero mucho amigo.

  • Toral es un ser irrepetible,un genio infinito de abrumadora sabiduría cargado de bondad y ternura que el dosifica con su aguijón justiciero.

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