¿El consenso no cabe en as maletas?

Puedes convertirte en un gran viajero- capaz de llegar hasta ti mismo- por el camino más corto o más largo. Si eliges el primero: te encontrarás muy poco maduro, pero si eliges el segundo descubrirás que el peso de tus ideas pretenderá impedirte regresar a quien realmente aparentas ser. Personalmente soy partidario de la segunda vía, aunque sea más dificultosa y no se atreva a prometer atractivos paraísos personales. Solo a los irrecuperables les gusta ser quien realmente interpretan ser y lo son pese a ellos mismos. Por eso entiendo que necesitemos que los amigos nos hagan de espejo. Necesitamos reconocernos en ellos y en sus virtudes.  Por eso odiamos sus defectos que son los nuestros; por eso leemos artículos de quienes tienen nuestra misma opinión y la reafirmamos complacidos; por eso somos afectos a una ideología concreta y desafectos con las otras. Por eso, y por algún leve detalle más, somos tan españoles y tan poco universales. Es curioso observar que solo los muy grandes españoles han conseguido ser europeos. (Los enormes, muy pocos, han sido una diminuta ilusión internacional. La gran mayoría han sido deportistas). Nuestros políticos actuales, por mucho empeño de méritos que se arroguen, no pasan de ser unos polizones en modo provinciano. No se dan meta más allá de las siglas de su propio partido en el viaje más corto. Si quisieran viajar lejos romperían el esclavizador GPS que la historia obliga como rumbo técnico incuestionable y tratarían de guiarnos en un sencillo mapa de la alegría con el buen gobierno que merecemos, tras nuestros agotadores esfuerzos por ubicarlos en un imaginario de bondad social. Ellos han elegido el modo atajo esférico, que ni lleva a ninguna parte ni tiene una climatología previsible.  Están orgullosísimos de ser irrecuperables en el laberinto de sus delirios y saben , en su  pecado de viajar  gratuito, que la ruta es un acto de voluntad extremo si la maleta está llena de reproches.

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