El destino de los tontos

Los memes nos muestran a diario que la maldad existe, que no solo convive con nosotros, sino que se empeña obstinadamente en fastidiarnos. Beben de las fakes y se adornan de posibles sonrisas cómplices, que buscan doblegar nuestras convicciones desde el sofisma, la desinformación o el enmascaramiento intencionado de esas partes de la realidad, que hacen astillita de cualquier noticia falsificable, enmendable, tergiversable o torticeable. Todo vale para disfrazar un mensaje cutre y malicioso: desde el gatito simpaticón hasta el ancianito sabelotodo, pasando por la maciza, el gay de turno o el suceso increíble.  Las fakes tienen una excesiva presencia en nuestras vidas, porque vienen de la mano de nuestros amigos, vecinos, familiares o parientes, a los que hemos otorgado amablemente una ventana de entrada a nuestro divertimento. Este mamoneo que nos traemos, además de aportarnos juerga y encuentros entrañables, está modificando lentamente nuestra privacidad y expone nuestras caras más exóticas como un espejo deforme. La mayoría de nosotros enfrentamos este fenómeno de manera crédula y sin mayores cuestionamientos, porque presentimos que nuestra fuerza interna es capaz de discernir sin equivocación entre lo real y lo inventado. El destino de los tontos fabricantes de estos retazos de realidad política y social mal ensamblados es el desprecio y el olvido, pero mientras van camino del pudridero de la historia nos molestan. Ayer un buen amigo me mandó un largo escrito con rostros famosos incluidos que aseguraba que estos bebían diariamente un vaso bien colmado de sangre infantil para mantenerse jóvenes y me revolvió las tripas para todo el día. Le devolví el bienintencionado gesto informador con unas viscosas almorranas sangrantes, que copié de una revista médica, asegurando en el informe confidencial adjunto que su jugo natural sin aditivos nos libraría del inicuo COVID. Lo firmé con un inaudito nombre sueco, avalado por una academia impronunciable, y le aconsejé que solo se lo reenviara por vía segura a los muy íntimos, porque su divulgación pondría en precios desorbitados tan preciado líquido. Le acompañé dos teléfonos, omitiendo que correspondían al famoso club de sadomasoquistas neoyorquinos RESTLESS ASS (culo inquieto), para conseguir en buenas condiciones higiénicas y en suficiente cantidad el material de tratamiento para un mes en precio asequible.  Estoy esperando su respuesta. Es un activo hipocondriaco muy fácilmente manipulable. Espero “muy muy” atento su respuesta.

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