• 24 enero 2021

Etica y dignidad para los mayores.

Ante los supuestos que se planteen de vacunación de personas mayores en residencias públicas o privadas, deben prevalecer ante todo la preservación de los derechos y libertades fundamentales como son la vida, la dignidad, la libertad y la integridad física de sus residentes. La ética es esencial en todo acto que afecte a la salud del ciudadano, siendo diversos los tratados que establecen los criterios relativos al efecto ( Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos de la UNESCO de 2005, Convenio de Oviedo de 1997 ), siendo la piedra angular de los mismos el Código de ética de Nuremberg de 1947.
Para todo tratamiento preventivo o terapéutico es obligado facilitar al paciente la información relativa al mismo y obtener el consentimiento de forma voluntaria sin que medie ningún acto de violencia, intimidación, coacción, amenaza, fraude, manipulación, engaño u ocultación. En caso de personas dependientes dicho consentimiento será adoptado por los familiares o persona al cargo, exigiéndose igualmente el deber del consentimiento debidamente informado. Con relación a la presente vacunación, no se han llevado a cabo investigaciones durante años como en otros casos, habiéndose autorizado por la FDA como un medicamento para uso de emergencia, BNT162b2. Es un producto que aún está en fase experimental, estando en la fase III del ensaye clínico, continuando la experimentación con la población. Por ello al estar en fase de experimentación ha de cumplir con todos los códigos de ética referentes a experimentación humana, estableciéndose según el Código Internacional de ética médica de octubre de 1949" El bien del ser humano que participe en una investigación biomédica, debe prevalecer sobre los intereses de la sociedad y de la ciencia." Dicho fármaco no está producido a partir de virus atenuados como ocurre con las vacunas, sino conforme a una terapia génica nunca antes usada, no contiene antígenos que puedan inducir inmunidad específica y activa ni microorganismos muertos o atenuados, o productos derivados de microorganismos, ya que es ARNm sintético. Por otra parte no se tiene conocimiento de constancia en los registros de los gobiernos e instituciones, del aislamiento del “virus COVID-19” (o “SARS-COV-2 ”) derivado directamente de una muestra de paciente no adulterada con otras fuentes de material genético.
Los anteriores intentos por crear vacunas contra " coronavirus" ( incluidos los del SARS, MERS y VSR) pusieron en evidencia que las vacunas tendían a provocar el efecto ADE, mejora dependiente de anticuerpos , lo que implica que en vez de mejorar la inmunidad contra la infección mejora la capacidad del virus para ingresar e infectar sus células causando una enfermedad más grave. Se reconoce como otro riesgo potencial la inmunopatología letal Th2, según la cual la respuesta deficiente de las células T puede provocar una inflamación alérgica, que causaría daños en las vías respiratorias. Existe evidencia que demuestra que los adultos mayores, que son los más vulnerables al COVID-19 y los que más necesitarían la vacuna, también son los más vulnerables a la inmunopatología ADE y Th2. Los estudios mencionados en el documento de Pfzizer-Biontech se han realizado con personas sanas. No hay experiencia suficiente en personas con enfermedades crónicas y pluripatología. Lo que cura es la respuesta inmunológica propia que difícilmente se produciría en caso de efecto ADE o de inmunopatología letal Th2.
Los posibles efectos secundarios son considerables, poniendo en evidencia la falta de inocuidad de la misma, advirtiendo de que los posibles efectos secundarios graves a corto plazo ascienden al 4,6%, muy superior a la tasa de mortalidad atribuida a casos Covid-19.
Todo ello pone en evidencia que el riesgo de la inoculación del medicamento es superior al beneficio, máxime si su única finalidad es minimizar la gravedad de los síntomas. Se incumplen los principios de bioética, a saber, de beneficencia, no maleficencia, justicia y autonomía. Así como en el ámbito penal imperan el principio de intervención mínima e in dubio pro reo, en el ámbito médico prevalecen el principio de precaución y la evaluación del riesgo/beneficio.
Ante lo anterior pretender que la vacuna se ha de poner a todo el mundo, y en primer lugar a las personas mayores, podría llevarnos a cometer errores del pasado, habiéndose producido históricamente ya una situación de semejante gravedad durante la segunda guerra mundial llevada a cabo con los experimentos nazis con seres humanos. En respuesta a las atrocidades cometidas por las autoridades del momento se promulgó  el primer Código internacional de ética para la investigación con seres humanos, Código de Nuremberg publicado el 19 de agosto de 1947. Código basado en el precepto hipocrático primun non nocere , es decir “lo primero, no hacer daño” y en la obligación en los casos de experimentos con seres humanos del consentimiento informado y voluntario de los pacientes. Por ello ninguna autoridad, entidad pública o privada puede arrogarse el derecho de exponer a ningún ciudadano a dichos riesgos, y en mayor
medida aquellas que tienen el deber de preservar los derechos de personas dependientes ( menores de edad, mayores de edad… ).
El consentimiento informado es un valor fundamental indisponible, pues de lo contrario quienes no lo respeten incurrirían en actos tan deleznables como los ocurridos en la segunda guerra mundial en los casos de experimentación nazi. Por lo que la negativa de familiares a someter a sus mayores a la vacunación o al experimento del medicamento es plenamente legítima y en garantía de la defensa del derecho a la vida, a la integridad, la dignidad y la salud de las personas mayores. Nadie puede ser obligado a vacunarse, nadie puede ser objeto de ningún experimento médico sin el previo consentimiento informado, libremente emitido.
La responsabilidad médica y sanitaria descansa en quienes la ostentan, y ante todo no se puede hacer el bien en contra de la voluntad del ser humano, estando vinculados por las leyes humanas universales. Seamos responsables y velemos por nuestros mayores, que a día de hoy más que nunca necesitan que seamos el valuarte de la ética y dignidad en defensa de sus derechos.

VALERIE OYARZUM (jurista)

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