FRONTERAS

No les importaba la dificultad, muchos morían en el mar, pero su deseo de llegar a Europa era tal que se embarcaban en pateras, en balsas de plástico, en, si me apuras, simples tablas. Nada los paraba, y eso que se jugaban la vida. Más de 62.000 personas trataron de llegar a España de manera irregular en 2018, según los datos del Ministerio del Interior. Pero ¿y ahora? ¿Qué es de las pateras? ¿Qué es de la migración masiva por causa de las guerras? ¿Quién se atreve a saltar la valla de Melilla ahora? ¿Qué será del muro mexicano?

Ni el mar paraba a los migrantes, pero un virus, sí. El coronavirus parece haber acabado con un problema que nos enfrentaba a todos: los que querían detener la migración ilegal a toda costa y los que anteponían la generosidad a cualquier otra medida. De momento, ganan los primeros. Los extremismos de la derecha no han podido encontrar un aliado mejor frente a los que predican la globalización. A día de hoy, los nacionalismos más duros han encontrado en el virus la respuesta a sus ideas y la solución a sus problemas. Ahora no se mueve nadie de su propio país. Las fronteras están tranquilas,  pero vigiladas… Eso sí, veremos hasta cuando. Lo más probable es que la migración ilegal vuelva, como volverá a crecer el agujero de la capa de ozono en cuanto las industrias, los coches, la aviación… se vuelvan a poner en marcha.

 

 

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