HASTA EL RABO TODO ES TORO

Me dijo -el boinas-, que a veces ejerce de politólogo a media jornada en el Bar España- ese de la moderna e invernal Avenida de las Comunidades-, que hay una infinidad de cabreados ciudadanos tan quemados o pasados de muleta, tan corridos por el sistema con el acelerador de la pandemia, que no responden a los estímulos sociales normales. Gentes de buena, mala y regular fe, confundidos adrede por esos representantes muy poco representativos de lo que se está celebrando litúrgicamente en el -mundo mundial-; ese mundomundial tan doméstico, que los fatales agoreros de las derechas cavernícolas dibujan enrabietadamente, tan catastrofista, que es como si odiaran la tierra que pisan por el mero hecho de sostenerlos, gestualizando su disconformidad a la forma pezuñera del morlaco a punto de embestida. A qué se podría achacar el permanente descrédito del futuro en sus consignas, y a donde querrían llegar a detenerse sus malos augurios es un misterio insondable. Se ha vuelto a utilizar la amenaza de los totalitarismos como cebo de engañabobos, que, sin motivo ni argumentario, cala fuerte como idea en la analfabeta juventud que intenta aproximarse a una lectura de lo político, como quien se arrima a la salida de humos de un restaurante de tres estrellas Michelin para degustar lo más novedoso y apetecible de la gastronomía certificada, y luego cenar un par de huevos mal fritos con mal aceite de cuatro usos y pan seco. Hitler, Mussolini o Stalin, soberbios exponentes del totalitarismo: entendiendo por totalitarismo la instauración de un régimen no democrático, detentado por el todopoderoso Estado, y sustanciado sobre la base de un único partido, ni hartos de vino se creyeron de verdad sus pamplinas. En su odio a la democracia y al parlamentarismo perdieron la aprobación social, rebozandose en su afán por no dejar cuestionar la primacía del partido y de la ideología oficial que imponían. Compararlos con cualquier actual dirigente es un desparramo dialéctico en primer grado. Hemos escuchado a un brocho Abascal hace dos semanas “Estamos preparados para resistir el ejercicio del poder totalitario”. Su frase ha sorprendido a todos los representantes del arco parlamentario y los enfermos de varios hospitales psiquiátricos han celebrado con sidra y cervezas 0.0 la ocurrencia, pero la reacción más preocupante de todas ha sido la de la secreta Asociación de Prostitutas de Pinar del Rey, donde tiene su casoplón de 800.000 € este vociferante licenciado en sociología, Presidente de Vox. Dicen estas anónimas trabajadoras del sexo, madres ignotas de muchos de nuestros representantes en los poderes de todo el arco de los colorines, que se desentienden de ese tipo de chorradas carpetovetónicas, y que cuando se trata de joder, sensu stricto, no valen esos argumentarios: que la coyunda no entiende de totalitarismos, totalitarismas ,ni totalitarismes y que ese “Totalitar-Itsmo” de la “religión climática” que, parece ser, también ha denunciado “el machorro disenso ”, nada tiene que ver con las calenturas de un coito libre, bendecido religiosamente por el pago legal y expedito de un momento de placer bien despachado que la Montero pretende liquidar, surtiendo de medidas profilácticas la ley sin contar con su experta opinión. El lector avispado habrá encontrado una cierta prosopopeya alcohólica en el argumentario final del Boinas, no exenta de la vehemencia que caracteriza sus diálogos pero, por reconocerle educadamente el mérito de su siempre bienvenida opinión, le contesté con una frase de Muñoz Molina que hice mía, hurtándole la procedencia, de aquel magnífico libro titulado “Todo lo que era sólido” : Si hay algo en España de lo que no se puede disentir es del totalitarismo de la fiesta, en el que se confunden con entusiasmo idéntico la izquierda y la derecha. Dio -el boinas-, cansinamente, otro trago a su gin-tonic de ginebra premium a la que le había invitado y, con gesto muy en su estilo casi torero, me contestó a bocajarro: Si cada toro tiene su lidia …es absurdo darle cornadas al viento. Y yo, vencido por su retórica implacable le contesté: “A lo colorao le embiste el toro”, y o “lo coges por los cuernos o no le entras al trapo”. Los entendidos del coso sabemos que en el pase natural se lidia el toro con la mano izquierda. Todavía el Boinas me hundió más con un epílogo estoqueado que puso final al vaso con solo hielo y raspa de limon: Yo siempre fui partidario de -la manoletina- tomando la muleta con las dos manos y pasando una por la espalda. Los vecinos de la barra, que habían aplicado, disimuladamente, la oreja a nuestra conversación, quedaron “totalitariamente callados”.

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