ISIDRO PÉREZ HIDALGO: “El amor en pastillas sería tan peligroso como las drogas duras”

Acaba de estrenar un documental titulado Mal de amores, uno de sus libros se titula Enfermos de amor y asegura que a su consulta van más personas con problemas de desamor que de cualquier otra patología. El psicólogo y especialista en hipnosis advierte en esta entrevista desde los síntomas del deterioro de una pareja hasta la lesión que puede producirse en la autoestima al quedarnos solos. También asegura que el amor romántico desaparece a los 3 años y que el estado de enamoramiento es un acto mágico. El amor, para el psicólogo, es una droga que puede crear una adicción enfermiza.

MM.- ¿Por qué sufrimos tanto? Preguntas en un documental que acaba de estrenarse, Mal de amores. ¿Somos masoquistas?

IPH.- No es una cuestión de masoquismo. Es que el amor es importante en nuestra vida en todos los aspectos. Las personas necesitamos amor para poder vivir.

MM.- ¿Qué hay que hacer para ser feliz en pareja?

IPH.- Esa es la pregunta del millón. Cuando analizamos el grado de satisfacción de las parejas vemos que no es tan habitual que una pareja sea feliz. Sabemos que hay un porcentaje muy alto de divorcios y separaciones, de infidelidades y de descontento dentro de la pareja aún cuando siguen juntos. Con lo cual, podemos decir que mantener la pareja no deja de ser un arte y solamente al principio es cuando la relación tiene ese aspecto tan bonito, tan romántico, que rara vez permanece.

MM.- ¿Cuáles son los síntomas del deterioro de una relación?

IPH.- Los síntomas más evidentes suelen estar en la falta de comunicación, la falta de deseo sexual y el no compartir, en definitiva, las cosas agradables. Muchas veces las personas, aunque vivan en pareja, tratan de mantener su vida desde el punto de vista de seres individuales que ocasionalmente entran en una verdadera comunicación y compañía con su pareja.

MM.- ¿Qué hacemos con los celos para que no importunen?

IPH.- En algunos casos necesitan ser tratados por un profesional porque llegan a convertirse en un deliro. En mayor o menor medida, todos somos celosos, pero en el caso de algunas personas podemos hablar de una patología. Si no se trata de una patología, la mejor receta para los celos es la autoestima, la seguridad en nosotros mismos. Muchas veces deberíamos ocuparnos más de eso que de tratar de controlar lo que la otra persona hace o deja de hacer.

MM.- ¿Se puede ser dependiente de una persona y, al mismo tiempo, libre?

IPH.- No, sería como decir que donde hay luz puede haber oscuridad. Cuando la persona es dependiente no llega a desarrollarse a sí misma en su verdadera esencia. Está siempre supeditada a los deseos, a las conductas y a las admoniciones, se podría decir, de la otra persona. Para ser libres tenemos que ser independientes, aunque compartamos con la pareja.

MM.- ¿Cuántos años tiene de media el amor?

IPH.- El amor romántico no durará más allá de tres años. Después puede haber muchas variaciones. En el amor, en el sentido amplio, el querer a una persona con eso que llamamos el amor del compromiso, puede durar muchos años, pero no son tantas las personas que disfrutan de ese amor.

MM.- Si se descubriera un día la química del amor, el amor en dosis, en pastillas, ¿sería peligroso? ¿Podríamos tener atados de por vida a quien queramos?

IPH.- Indudablemente que sí, el amor funciona como una droga en muchos sentidos, es una droga que produce nuestro cerebro ante una serie de estímulos externos, como es conocer a otra persona. Si eso se pudiera hacer de una manera química con un fármaco, con un procedimiento externo, sería tan peligroso como las drogas duras.

MM.- El estado de enamoramiento es el mejor estado, probablemente, que conocemos. Hay quien dice que si no existiera habría que inventarlo. ¿Qué lo supera? Si es que hay algo…

IPH.- Es difícil, efectivamente, de superar. En los estudios sobre la psicología de la felicidad se dice que lo que nos hace más felices es todo aquello que podemos hacer en compañía de los demás, es decir, todas las actividades que implican solidaridad, compañía, ayuda… Pero quizás ese amor tan extático está muy cerca de la experiencia del místico. Las experiencias místicas, las pocas personas que las han podido experimentar, serían similares en algunos aspectos al enamoramiento.

MM.- ¿La tercera persona es la que acaba siempre con la pareja?

IPH.- No siempre, en muchos casos la ruptura se ha producido antes de que aparezca la tercera persona. En tal caso esa tercera persona es la chispa que actúa sobre lo que ya era un estado deteriorado de la pareja.

MM.- ¿Por qué no hay más tríos?

IPH.- Desde épocas remotas necesitamos tener una cierta estabilidad dentro de la familia. Las mujeres tienden, en general, por una propensión biológica o arquetípica, a buscar la unidad familiar, a mantener su instinto maternal, de tal manera que la familia siempre permanezca unida. El hombre, en cambio, desde el punto de vista biológico busca más la infidelidad. Por lo que es difícil, en el caso de que el trío esté formado por dos mujeres y un hombre, que pueda mantenerse.

MM.- ¿Y por qué no hay compersión: placer de alguien cuando su pareja tiene una relación con otro?

IPH.- Desde muy niños hemos aprendido lo que supone absorber de algún modo a la otra persona, tener la atención de la otra persona, podríamos decir que el verdadero amor necesita de una focalización de la atención prácticamente exclusiva de ti sobre la otra persona y de la otra persona sobre ti. Así que esta situación rompería ese lazo tan importante de la atención focalizada. Sería dispersar lo que es en definitiva una especie de acto mágico, así podríamos definir al estado de enamoramiento.

MM.- En las sociedades donde se permite la poligamia, ¿hay más estrés? ¿Más dolor? ¿Hay más heridos de amor que los habidos en nuestra sociedad?

IPH.- Habría que distinguir qué actúa, si la poligamia o los factores culturales, religiosos, etc. No olvidemos que los países polígamos suelen ser países que tienen también una serie de comportamientos e ideologías adquiridas que en determinados momentos no son mejores ni peores que los nuestros, pero que desde luego son distintos. Sería difícil decir si es por la poligamia en sí o por lo que rodea a la poligamia.

MM.- ¿Por qué esa ilusión de que la pareja sea de por vida. ¿La religión tiene la culpa?

IPH.- En cierto modo, sí. La religión para expandirse necesita fieles y casi siempre ha buscado una serie de rituales para sacralizar el hecho de la pareja por una cuestión de crecimiento. Es decir, si dos personas se casan bajo un rito religioso vamos a pensar que los hijos de esas personas van a seguir en ese rito religioso, y también los nietos. De esta manera, se irá expandiendo cada vez más lo que podría ser la influencia eclesiástica. Parece que antiguamente no existía la figura del matrimonio en las religiones, al menos en la cristiana, es una adquisición posterior que tiene mucho que ver con todos esos aspectos ideológicos, de crecimiento de un culto.

MM.- Cuando todo ha terminado, ¿qué le queda al que sufre: amor u obsesión?

IPH.- Pueden quedar de las dos cosas. Lo peor es que en muchos de los casos la persona no se plantea que la relación se ha podido romper de verdad y de forma definitiva, por lo que tiene que aceptarlo, sino que va a intentar una y otra vez retomar una relación que ya se ha roto. Eso suele ser lo que provoca el mayor sufrimiento, sobre todo cuando vemos que hay una lesión en la autoestima. En realidad, la lesión en la autoestima nos produce más daño que la ruptura en sí.

MM.- ¿Aman más los de derechas o los de izquierdas?

¿Te has quedado con ganas de saber más?  Entra en https://elangel.es         y  hazte con este libro

IPH.- Es muy difícil establecerlo. Creo que amamos todos con independencia de la ideología.

MM.- ¿El sexo es el gran culpable de casi todo en la pareja?

IPH.- Es una parte muy importante de la pareja y, como digo en el libro Enfermos de amor, hay tres categorías dentro del amor: el pasional o sexual, el romántico y el de compromiso. No cabe duda de que lo ideal es que una pareja pueda tener, para funcionar bien, dos de esas condiciones, y una debería de ser lógicamente el deseo sexual. Otra podría ser el amor romántico o el de compromiso. Las tres no se pueden dar al mismo tiempo porque son excluyentes.

MM.- ¿La clave de los problemas de la pareja podría estar en la educación sexual?

IPH.- En buena parte, sí. La educación restrictiva fundamentalmente ha generado muchos problemas de culpabilidad y fricciones en la pareja. Llevamos muy pocos años en los que haya una igualdad entre hombre y mujer en lo tocante a la sexualidad y la educación sexual. Así que esto es una experiencia nueva dentro de la Humanidad, y no olvidemos que la costumbre de que las personas se puedan elegir la una a la otra cuando se casan es bastante moderna. Antes del siglo XX no existía. Casi siempre eran los padres los que elegían cómo se podría producir un matrimonio y era en base a intereses que poco tenían que ver con los aspectos sexuales o románticos.

MM.- Cuando tienes un dolor crónico, mental, cuando el amor duele porque te han dejado en la cuneta, ¿qué puede hacer la hipnosis por el que sufre?

IPH.- La hipnosis y otros tratamientos psicológicos pueden hacer que la persona se dé cuenta de que ese dolor tan terrible en realidad es algo que está siendo aumentado por uno mismo. Una ruptura es un hecho desagradable, una pérdida, pero nosotros mismos vamos a hacer que eso se convierta en un problema muy complicado o que se convierta en una crisis que a la larga pueda incluso llevarnos a una situación mejor. La psicología, en general, nos va a permitir cambiar la forma en la que nosotros estamos interpretando lo que nos ocurre, y la hipnosis puede ser una técnica más rápida de llegar a ese fondo del problema.

Leer Anterior

Pasión por mi ropero

Leer próximo

Se destinan 1,2 millones de euros para impulsar el sector industrial de Madrid

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

0 Comentarios

    error: Content is protected !!