IZQUIERDAS, DERECHAS Y MEDIOPENSIONISTAS 

Decia mi tia Rocio cuando alguien rozaba la estupidez que era un espantajo. Y yo siempre me preguntaba por qué demonios espantaba el interfecto y a quien. El espantado  era yo y en mi inconsciencia juvenil me sentía inmune a cualquier tipo de lógica  que explicara la apreciación especulativa de mi tía. Ahora, enfundado en mi edad provecta ya presumo saber quienes son los espantajos y como es el  mecanismo que  gobierna su estupidez.  Un espantajo con categoría y clase ha de concitar interés mediático y su ruido  ha de propagarse en papel, ondas radiofónicas y  también catodicamente, que es como una “cacafonia” inexacta maloliente y rancia de la imagen móvil. He de reconocer que estos charlatanes me siguen sorprendiendo y atraen mi atención de una manera tan triste como morbosa. Los escucho y los veo como a charlatanes seres expulsados de otro planeta para  sanar su agresiva enfermedad verborreíca  haciendo terapia a costa de nuestros ojos y oídos. Sus frases  parecen sacadas de las guerras de otras galaxias muy lejanas a nuestras cuitas domesticas.  Por favor, escuchen sus algaradas referentes al paro, a los comunistas, a la libertad, a la sanidad, a la educación, a los fascistas,.al precio de los cominos o al color de la sotana del Papa Francisco. Escúchenlos con atención y no procuren entenderlos si desean fervientemente conservar su salud mental. En su discurso, el rostro del espantajo, como el verbo se hace carne. Carne sin proteína. Sintética carne cruda indigerible. Carne agusanada de mala sangre. Decía  Manuel Azaña que sufrió  grandes y afiladas espantajadas en sus espaldas: “Si los españoles habláramos sólo y exclusivamente de lo que sabemos, se produciría un gran silencio que nos permitiría pensar”. La ultima espantajada que sufrió este personaje fue terrible y algún osado de mi calibre la interpreta torticeramente: Se cuenta muy a la ligera que la República fracasó, pero la República no fracasó. La República había ganado las elecciones de febrero del 36 y se había constituido un gobierno legítimo, elegido libre y democráticamente. Lo que fracasó fue el golpe de Estado de 1936. Si hubiera triunfado, no se habría desencadenado una guerra civil,  se habría producido un éxito de la libertad, no  habrían  sucedido los más de 47 000 fusilamientos franquistas  documentados, ni los miles y miles de represaliados en cárceles, ni los miles de desaparecidos en las cunetas y en los cementerios civiles. Muertos que a  día de hoy mantienen alborotados  flecos retóricos sin peinar en las trincheras de los muy espantajos. ¡Qué barbaridades escuchamos y  qué volumen tan desagradable  las acompaña!. Los políticos del odio están empecinados en espantar nuestra bondad, nuestra moral y nuestra humana ideología a microfonazos. ¡QUE LES DEN !  Los espantados de su ciénaga votaremos proyectos de derechas, de izquierdas o mediopensionistas

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Un Comentario

  • Jaja jajajajaja, genial como siempre este señor Toral,cuanta verdad cuenta con su irónica pluma.

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