• 18 abril 2021

LA CAÑA DE ESPAÑA

Conocemos demasiados cargos públicos capaces de argumentar una estupidez y la contraria, – sin necesidad de separarlas ni por una coma-, y no mostrar el más mínimo síntoma de pudor ni vergüenza torera. (Entendida esta como un deseo de ocultarse, vestirse de hombre invisible y borrarse de la faz de la política patria).  Conocemos también a gentes que morirían de vergüenza en cualquier falsa o torticera circunstancia partidista.  Para nuestra desgracia ninguno de estos tipos, capaces de morir de un sofoco, se dedica a la cosa pública, y ninguno tiene responsabilidad ni funcionalidad social.  Uno de ellos, ya jubilado y libre, me puso al tanto de cómo el instinto moral funciona al ralentí entre los embaucadores legitimados, y paso a trascribirlo tal cual me lo soltó, mientras se deshacía la espuma de –una caña de grifo bien tirada-:  “La segunda vez que deseas morir avergonzado entiendes mejor las razones para no perder la vida; La tercera, sin embargo, dudas razonablemente de tu valentía para encontrar la vida interesante más allá de la correcta estupidez mediática; y si tienes una cuarta vez, circunstancia que suele ocurrir muy a menudo, no desearás que la vida ni tus votantes te abandonen sin remedio. El mal pasar del ridículo, sin embargo, se enamora de la muerte desde su primer suspiro, y no se ha dado caso conocido de la flagrante eternidad de una cabal metedura de pata. Las lágrimas acompañan a veces ese deseo suicida, que siempre va ligado a un momento de fracaso y son un caldo de cultivo perfecto para el arrepentimiento. Un arrepentimiento sin llanto televisado es falso como moneda de madera, y tan innecesario como la curiosidad por el perdón del mañana. La quinta vez que deseas quitarte de en medio, tu ángel de la guarda se apena tanto, que ni Dios es capaz de consolarlo. Algunas veces, abandona al protegido y se va de copas con un demonio, que no es tan malo como lo pintan. A ambos les encanta el sabor del agua salada, por su prístina pureza lacrimal, destilada en los ojos de cualquier bestia generador de confusiones. Lo sé, a ciencia cierta, porque siempre suben las fotos comentadas de sus encuentros a Facebook”. Y, tras el discurso, se tomó el boquerón con la aceituna y la patata frita de un solo bocado golosón, y comenzó a disparatar algo que sonaba como a –babascal-, que no logré entender del todo, porque yo andaba 

 absorto en el género de mi tapita de anchoa. ¡Tendrían que permitir anchoo!, y lo digo sin vergüenza. Mientras en el corrillo de al lado, acorralando a unas gambitas plancha, discutían acalorados desde un madrileñísimo tono casi ininteligible con el ruido de sorbos y cáscaras: “Blablayusos,Gagabilondos,Parliglesias , Chismónicas, Morrocíos y Enredmundos” . Es lo que tiene el tardeo de sonotone si las pilas están en avanzado proceso de eutanasia.

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Un Comentario

  • Que grande es este señor Toral con sus acertados,irónicos,mordaces y brillantes comentarios,da gusto leer algo inteligente.

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