• 22 mayo 2022

La estupidez periodística y la bofetada del Hollywood de la perversión y la pederastia

Magdalena del Amo

Lo del “pan y circo” queda patente en el tema de la bofetada hollywoodiense. Si el asunto de la alfombra roja y la variedad de atuendos y recauchutados de damas y damos no fueran aliciente suficiente, esta edición de la entrega de los Óscar ha contado con un activo más, al menos mediático. ¡Ni la famosa bofetada de Gilda dio tanto que hablar!

Si salimos a la calle con el micrófono, seguro que muy pocos saben quiénes se llevaron las estatuillas, pero todos están enterados de la bofetada que Will Smith le propinó a Chris Rock, según se dice, por un comentario del presentador hacia Jada Pinkett, esposa alopécica del oscarizado Smith. Incluso tienen opinión sobre el hecho, y la dan con seriedad como si se tratase de un tema de suma trascendencia. No lo es. Hay que llamar a las cosas por su nombre y dejarse de tanta ingeniería verbal/social. Se trata de una falta de educación ante millones de espectadores, pero nada más. Estamos tratando de la farándula, muy dada a la estridencia, al exhibicionismo, a los excesos, al show en general. No hay que sacar las cosas de quicio. Ni es una agresión, ni nada que pueda asociarse al feminismo, por mucho que las radicales aprovechen cualquier resquicio para elevar sus sacramentos laicistas a la categoría de dogmas. Una conocida periodista de género, de esas que llevan grabado en su cara que nunca ningún hombre las amó de verdad, decía está mañana que la defensa de Smith a su mujer había sido un acto machista, pues “las mujeres no necesitamos que nadie nos defienda”.

El incidente se hubiera quedado en una anécdota sin importancia, de no ser por el aireo de los medios de comunicación, expertos en montar el circo a la mínima. ¡Y menos mal que los dos actores son negros! ¿Se imaginan que el ejecutor fuese blanco y el abofeteado negro? ¿Y además gay? A estas horas las calles estarían invadidas por manifestantes antirracistas y antihomofobia, pidiendo la pena de muerte para el agresor. Es muy fácil manipular al personal apuntando a sus emociones.

Analizar sobre quién de los dos tuvo la culpa o plantearse si el humor debe tener límites o si a Will hay que retirarle el Óscar, me parece insulso y fuera de lugar. Dado que la escaleta está milimetrada al máximo, con sus pausas, silencios y tiempo para el aplauso, me inclino a pensar que formaba parte del guion. Una vez más, tenemos que recurrir al “cui prodest”. ¿A quién beneficia esta polémica? ¿Quizá a un certamen que, ante tanta oferta audiovisual, no goza de la fidelidad del público como hace años? Desde luego, el éxito fue rotundo. No se habla de otra cosa, lo cual no sé si es para reír o para llorar, aunque puede que los dos verbos puedan conjugarse en una suerte de bipolaridad.

Da pena contemplar la degeneración periodística. Que con los problemas que tiene la humanidad, de los que nos va a costar mucho trabajo salir, la prensa se regodee en frivolidades al por mayor, trufadas de consignas éticas de laboratorio, cuando no mentiras manifiestas, indica que el código deontológico se ha quedado obsoleto para estos tiempos del vale todo. Es cierto que una buena parte de la prensa siempre estuvo al servicio del poder, pero ahora es general y apenas quedan resquicios de libertad, donde no impere el engaño y la manipulación. No es de extrañar que los periodistas seamos el colectivo peor valorado.

La Academia de Hollywood condena la bofetada y estudia tomar medidas, rezan los titulares de la prensa del mundo. ¿Nos contarán si estaba en el guion o si fue una simple salida emocional del impulsivo Smith? No le vendría mal a Hollywood un buen lavado de cara, aunque solo sea para disimular la roña acumulada a lo largo de los años en esta cloaca de varietés, donde todos los excesos son posibles. Y no me refiero a pantomimas excéntricas y vomitivas como el movimiento “me too”, al servicio de la ideología de género, cuyas protagonistas denuncian como abusos lo que han sido intercambios de intereses. Pero ninguna de las triunfadoras, a cambio de favores, devolvió sus óscares y otras prebendas derivadas de las mieles del éxito. Lo de Plácido Domingo fue una auténtica vergüenza de estas desvergonzadas. Lo defendimos en su día y siempre lo defenderemos.

Volviendo a la meca del cine y sus múltiples perversiones, inhabilitantes para impartir lecciones de ética o buenas maneras, hace unos años escribí: “Hollywood es el gran escaparate-altavoz que ofrece al mundo la mercancía que hay que consumir, sea en forma de moda, costumbres, gustos e incluso vicios desde hace más de un siglo. Aunque hay mucho que decir, vamos a ceñirnos al tema de la pederastia y el satanismo. En nuestras investigaciones, hemos ido descubriendo que los imitadores de Fausto y Teófilo están más presentes en nuestros días de lo que imaginamos. Vender el alma al diablo, a cambio de dinero, éxito o poder, parece no ser una simple leyenda, sino una fórmula para triunfar que algunos aplican. Siempre se habló de algunos cantantes, actores y actrices de Hollywood que habían sido premiados con grandes éxitos, a cambio de ciertos actos oscuros. Si no es cierto, su estética satánica y sus actitudes transgresoras, de burla y aversión hacia lo sagrado, parecen confirmar lo contrario.

Hace tiempo que Hollywood forma parte de lo más profundo de las cloacas. Se habla de bebés, de sangre, de rituales, y se acusa a los poderosos de la industria de estar detrás de estas aberraciones. A este respecto, existen testimonios muy reveladores, entre ellos un off the record del actor Mel Gibson, en el backstage del plató del programa de Graham Norton Show de la BBC. Las palabras son escalofriantes y confirman la gran verdad que es un secreto a voces.

Los grandes medios se callan ante esto, pero se conmueven ante una bofetada. ¡Cobardes! ¡Manipuladores!


Psicóloga, periodista, escritora

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