LA HIPÉRBOLE DEL IMPEDIMENTO

No hay oreja que aguante la desmesura parlamentaria. Esta semana, con la eutanasia, nos han secuestrado las entendederas, en su ardoroso debate, con una patatera falacia mal argumentada, y una teatralmente aburrida intencionalidad camorrista. Son insoportables y soporíferos. Entre la intención irónica y la retórica, estoy seguro que existe un merecido término medio y equilibrado, que se empeñe en contar que: hoy, como siempre, -dos y dos son cuatro- y que eso es un valor inalterable.  Recuerdo, en los Maristas de mi infancia, al Hermano Víctor que, pacientemente, nos metía “verbo a verbo” en la cabeza: que la prosodia regula la entonación, el acento y el ritmo; que estos elementos determinan el timbre, las pausas y la velocidad de elocución. Ir a colegio de pago te proporcionaba este tipo de apreciación, que no veo reflejada, para nada, en las alocuciones parlamentarias. Todos resuelven sus intervenciones con párrafos estreñidos y momentos circunflejos. El acento circunflejo, todos lo lamentamos, ya murió en el español hace mucho. Recordemos que es un acento ^ que se compone de uno agudo y un grave, unidos por arriba, apuntando al cielo. (Si el Hermano Víctor me escuchara, seguro que no se sentiría muy orgulloso de catearme el trimestre primero). (Mis padres se equivocaron porque, es sabido, -los padres de escasos medios se equivocan con más facilidad que los pobres de solemnidad o los podridamente ricos-). En un colegio “público” yo habría distinguido entre lo correcto y lo incorrecto de una forma menos memorística y más acuciantemente interpretativa. Gracias a estos rasgos personales de aprendizaje, que reconozco me han marcado de manera más indeleble que la confirmación, no soporto a nuestros valedores en las cortes que opinan a diestro y siniestro, navegando desde las hipérboles más vergonzantes a las hipérboles más endiabladamente catetas. Interlocutores desmedidos, que no esperan ningún tipo de respuesta, ya que sus preguntas intentan contenerlas en su argumentario; no se sujetan a intención comunicativa.  Se burlan de nosotros al burlarse unos de otros, y he llegado a pensar que nos desprecian, aunque no sabría describir bien el porqué. Tenemos ya, lo han conseguido, un cansancio excluyente. Estamos agotados como espectadores, pero ellos, los “protas” de esta comedieta bufa del -todos contra todos- no muestran síntomas de fatiga.

 Sabiendo que “la ayuda a morir podrá llevarse a cabo tanto en el centro hospitalario público o privado, tras salvar una maraña de requisitos técnicos y burocráticos, que garantizan que sea  supervisada, informada, certificada y asistida por un médico responsable, que deberá además recabar y contrastar opinión de otro médico responsable consultor para después …”,  en el colmo de la estupidez poética y en labios del líder de la oposición, suena a charanga desafinada tras una borrachera de vinos peleones, entre meapilas y capullos verbeneros, la solemne hipérbole desafortunada con la que despachó que una amplia mayoría votara en contra de sus retrógrados propósitos : “Están dando barra libre a la eutanasia”.

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