La marchita insolencia

Atrevimiento, descaro, impertinencia, desfachatez, desvergüenza, descortesía, osadía, frescura, ofensa, insulto, grosería, injuria, blasfemia, ignominia, oprobio, afrenta… ¿Verdad que sabemos todos a quienes me refiero? Qué bárbaro país que se consiente sufriendo tanta zafiedad y tanta mugre. Toneladas de caspa como para hacer pistas de snowboard donde practicar del backside lipslide al frontflip. ¡Qué asco de pirueta!  Y pensábamos todos que avanzábamos el siglo XXI con una velocidad de crucero moderna, sensata, civilizada y con futuro. Pues NO. Estamos asistiendo a un intento de retroceso inmisericorde; al principio de los peores años europeos: desde las algaradas de fusilar a 26 millones de personas, o la de ensayar fusilamientos campestres o la de hacer del verbo un dardo envenenado sin argumentario, salvo el de pretender restaurar la dictadura franquista. SÍ: Hablo de nazis.  Alto y claro: NAZIS.  Unos tipejos que nos hacen sentir vergüenza de ser españoles, y que nos vuelven a nuestro pasado más gris y abismal. Unos tipos que hablan de balas como los niños hablan de gominolas, que cuestionan a diario la generosa democracia establecida, y a los que las urnas han dado cabida en nuestro sistema de normal convivencia. Unos individuos, legitimados por los votos, que minan cotidianamente nuestros cimientos de convivencia más allá de la discrepancia, a veces tan enriquecedora. Unos seres empeñados en destruir cualquier atisbo de bienestar social desde la torticería, la mentira recurrente y la amenaza directa. Son los nuevos falsos profetas criminales, que predican un modelo “sui generis” de LIBERTAD, que pueda segar por debajo de los pies nuestro caminar democrático y si ocasión hubiera, directamente por los tobillos.  Lo suyo, no nos engañan, es LOBERTAD. Thomas Hobbes puro y duro. “El hombre es un lobo para el hombre”, nos aúllan sin vergüenza desde sus chirriantes altavoces. La lucha contínua y salvaje contra el prójimo de cualquier categoría ética o moral que no sea la suya. Pueden cocer con rencor sus ideales y servírnoslo en el plato blanqueado y edulcorado de los medios, pero aquellos que tengan mas de un k y medio de cerebro no se confundirán ni probarán bocado de ese rancho envenenado. Una palabra pesa solo 0.002 kilobytes y rebota por nuestro hipotálamo gritándoles desaforadamente: ¡NO!¡ NO! Y ¡NO! 

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Un Comentario

  • De nuevo el Sr.Toral nos narra la cruda realidad,esta vez más directa y sin filtros de explendida ironía, algo que tan bien emplea en sus textos.
    Es un placer leerle siempre pero aún más cuando aprecias sincera valentía en su relato.
    Es lo que hay , es lo que decir y hacer para no cometer los mismos errores.

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