La percepción

Hay mentes vacías de actividad que -en cuanto encuentran un leve motivo-, se disparan con ardor guerrero a la evangelización proselitista de cualquier tontería baladí. El común de los voceros de los partidos atropella nuestra paz con su falaz intervención en los medios repitiendo mantras a granel, que los menos avispados confunden con razonamientos elaborados y cautivadores. El marco discursivo de estos trasuntos “portavoces del chimpun”, que seguramente sufrirán en sus carnes intimas el pecado de no haber leído a Tulmin, nunca se encaminará con decisión a mostrar el camino del regreso a la razón, y su discurso es a la retórica lo que el tocino a la velocidad. Higiénicas babas mediáticas, envolviendo la lógica de los méritos del argumento que presentan, enturbian su patética postura de loros adiestrados, para contarnos lo que otros han elaborado como ideario frente a cualquier casuística desde un determinado criterio. Dicen lo que les dicen que digan, y en su gestualidad se percibe que no han somatizado el mensaje, que no lo empaquetan bien y que, pese a ser elaborado para todos los públicos y servirse como si la frescura fuera un valor seguro, son generalmente indigestos y poco atractivos. Una carencia explícita de validez acompaña sus recados, cuyas conclusiones partidistas casi nunca nos llegan al corazón más allá de su bien estudiado titular.  Hoy he visto a los tres portavoces de los grupos parlamentarios más democráticos tratar de explicar el advenimiento de 140.000 millones a España -procedentes de Europa-, y he tenido la sensación de que los más tontos del cumpleaños se han adueñado de la piñata y han llenado sus bocas solo con el envoltorio de los caramelos y andan atragantados. Mientras, los barbaros ultramontanos se han dedicado a soplar las velas de una tarta, que creen han secuestrado en el poco higiénico wáter donde su estupidez defeca relevancias malolientes. “Nihil est in intellectu quod prius no fuerit sub sensu” … decía Aristoteles. Nosotros, los ciudadanos, lo sentimos MAL

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