Las horas de la Verdad

Hace tiempo que los medios de comunicación dejaron de ser independientes. Su accionariado empezó a ser controlado por empresas con grandes intereses y lo publicado, lo emitido, no reflejaba toda la realidad. Quién paga manda, se suele decir, y aunque el principal motivo de estas grandes empresas era rentabilizar sus acciones, aprovecharon para influir en la línea editorial de sus medios. Aún así, los medios de comunicación en general, como sector empresarial, nunca dejaron de ser garantía de pluralismo y contribuyeron a mantener “sana” la democracia actuando como Cuarto Poder. Incluso hasta antes de que se iniciara la pandemia – hace casi dos años -, los medios de comunicación, en conjunto, retrataban con acierto a la sociedad. Había el suficiente número de emisoras, periódicos, cadenas de televisión… para que todas las tendencias políticas y sociales estuvieran representadas en sus páginas, vídeos y posts.

Hoy hay más medios aún gracias a las redes sociales…, pero a más medios más desinformación pues hay mucho francotirador y operan empresas dedicadas a sembrar el caos y el desconcierto. No vamos a entrar en si hay o no más libertad, pero si en describir la sensación de caos informativo que se vislumbra en las redes, donde reina la confusión.

No hay ninguna referencia informativa clara. Hay, por doquier, espacios que informan con estilos distintos, varios en cada país, muchos en total, y en distintos idiomas. Pero nadie, así, acaba de ser informado con garantías.

Además, los medios actuales están controlados como es sabido por grandes fondos de inversión y un puñado de bancos que controlan a su vez a la Big Pharma. Los medios pues actúan al dictado de farmacéuticas, bancos y fondos de inversión. Radios, cadenas de televisión y periódicos se han olvidado del debate entre científicos en un asunto, el de un virus llamado SARS COV 2, que debería ser puramente médico y científico. Sí, por los medios de comunicación actuales se pasean virólogos, epidemiólogos, médicos, biólogos, alergólogos…, pero sus discursos parecen escritos por la OMS, la EMA, la FDA, organizaciones que también dependen del capital privado de las grandes farmacéuticas. Por eso, en los medios actuales no hay disidencia, no hay controversia, no hay otras propuestas cuando se habla de la mal llamada pandemia.

Asistimos a la mayor operación sanitaria de todos los tiempos, hablamos de una operación de 7000 millones de vacunas, de decenas y decenas de miles de millones de euros y nadie se queja, ni discrepa, ni pide explicaciones. Ayudado por la microscopía electrónica, un científico español ha investigado el contenido de las vacunas que se está inyectando a la población denunciando que hay productos no declarados por las multinacionales farmacéuticas. Se ha denunciado el caso a las autoridades sanitarias, pero éstas no lo han investigado, no quieren saber qué hay de verdad en lo descubierto por ese científico, ni quieren calmar la inquietud de la población que se pregunta qué les están inyectando. Y los medios ni siquiera le dedican un titular, un minuto de su tiempo. Probablemente haya otras explicaciones a lo descubierto por ese químico y profesor universitario, pero ¿por qué no nos las dan a conocer? Lo nunca visto. Y mientras, los ciudadanos, asustados, ponen el brazo sumisos y aprietan los puños temerosos de terminar en una UCI o en el cementerio. Tenemos miedo. De eso sí que saben los medios de comunicación, que desde el inicio de la pandemia han trasladado a la sociedad la idea de que estábamos amenazados por un virus y que solo teníamos una salida: la de la vacunación. ¿Y quién hace las vacunas? Empresas que intervienen en su accionariado, cuando son medios privados. Cuando se trata de medios públicos quienes los manejan son los gobiernos. ¿Y qué quieren estos? Firmaron la compra de millones de dosis de vacunas cuando estas ni existían, así que ya sabemos lo que pretendían. Los gobiernos, por entonces, declaraban a bombo y platillo que la eficacia de las vacunas eran casi del cien por cien, hoy los ciudadanos deben de ponerse tres al menos y probablemente tengan que ir poniéndose otras, nadie lo sabe. Los medios de comunicación no quieren saber nada de esto, ni de aquello, ni de lo otro, ellos solo saben de lo único: vacúnese y, en las últimas semanas, de ponerle la diana a los no vacunados para culpabilizarlos de que los vacunados sigan contaminándose con el virus.

En las redes sociales sí se oyen las voces discrepantes de los que piden garantías con las vacunas. En las redes se exigen responsabilidades y se buscan explicaciones, hay científicos y médicos que aún a riesgo de ser despedidos, algunos lo han sido, levantan la voz exigiendo respuestas, información. Pero es insuficiente dado como está el panorama: el totalitarismo avanza, nuestros derechos desaparecen, sigue creciendo el miedo en la sociedad, y el enfrentamiento, y el odio. El año pasado por estas fechas algunos, más lúcidos, avisaban en las redes sociales de lo que iba a pasar y apenas se los creía. Hoy, esos mismos y algunos más que han despertado a esa realidad nos advierten que estamos a punto de perder durante años la calidad de vida que llevábamos… Y mientras, la gran sociedad sigue sometida a pasaportes sanitarios, al símbolo de la mascarilla, a la ilusión de quedar inmunes a un fantasma, un virus maligno; los grandes medios ocultan a los fallecidos por la vacunas, a los afectados por efectos secundarios…, y en las redes los francotiradores de la información disparan balas de fogueo.

Si una de las claves fundamentales de la pandemia que nos asola se encuentra en la infomedia, en el oscuro papel que desempeñan los medios, ¿no sería imprescindible crear un medio de comunicación que resulte creíble, al que se acuda cuando se quiere saber algo a ciencia cierta? ¿Y cómo hacerlo? ¿Cómo mejorar el panorama informativo? ¿Uniendo las voluntades de todos los que hacen algo para advertir a la población de lo que está pasando? Quizás sea el momento de crear un canal o un medio de comunicación diario que se emita desde algún país libre, no sometido a la tiranía de la aguja. Un espacio creado por periodistas de primera línea, disidentes o no, pero que sepan hacer su trabajo, investigar, contactar con los protagonistas del día, de un lado y del otro, de la disidencia y del oficialismo. Un medio que denuncie sin caer en el insulto, que se base en la veracidad de lo informado, sea del color que sea su bandera.

Esa es nuestra propuesta: crear un programa informativo que sirva de referencia a todos, se llamen como se llamen. Crear el canal, buscar una oficina, un plató de televisión desde el que se emita cada noche LAS HORAS DE LA VERDAD. Un espacio donde se hable sin miedo de todo y donde se ría y se llore, que sea también un espectáculo. Algo entre La Resistencia, el Mississippi, el Intermedio y Cuarto Milenio. Un espacio donde quepa la risa. Tenemos que pararle los pies al miedo y al negativismo. Alejarnos del miedo tanto como podamos, acercarnos a la gente con calma para contarles la Verdad o para contarles las Verdades que hay y que sea la gente la que piense, la que decida.

Debe de ser un programa en el que no se practique el castigo, pero que no olvida, que no va a dejar escapar a todos cuantos han tomado decisiones criminales, decisiones que han causado dolor y también muerte. En resumen, hablamos de un programa que si quiere ser creíble y respetado debe ser objetivo.

Sería también necesario crear un partido político que pudiera conseguir representación en los parlamentos, pero no es nuestra función llevarlo a cabo, sí de apoyarlo pues nadie más lo hará.

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4 Comentarios

  • Magnífico editorial. Ojalá tenga una respuesta amplia y efectiva.

  • Sería un gran programa. Seguro. Pero ¿conocéis algún medio que le diera ventana?. Están en otra. La televisión es el omnidesastroso altar de los simulacros donde ya sólo se oficia la estupidez, la frivolidad y el gallineo.

    • Quizas lo que toca es abrir brecha en las redes para crecer desde ahí. Si se instala en las redes el progrma y es diario y comiena a la misma hora, poco a poco irá llamando la atención de los interesados, los usuarios de las redes y los consumidores de la teevisión convencional. Hay que ir sumando con calma y si el producto auioviual es bueno, terminará imponiéndose.

  • Tener un programa con información objetiva y serios profesionales es una idea muy buena.
    Quizá podamos subvencionarlo entre todos …

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