LOS CIMARRONES Y SU PROCAZ RIMA

Eduardo Toral

Eduardo Toral

La sensibilidad de los cimarrones políticos de este país nunca se cuestionó convenientemente y nadie nunca la planteó como ejemplo a seguir. Viene a cuento del momentazo Elorza con respecto a ese marmóreo candidato Arnaldo, que tiene nombre etimológicamente adaptable a “rufián barnizador de águilas de San Juan”, según nos cuentan a las claras todas sus notorias y sucias trazas curriculares documentadas. Por lo visto nadie quiere asumir la defensa de la idoneidad ética ni estética para este sujeto tan controvertido, y tampoco esa pacata izquierda “de la pinza en la nariz” ha sacado los pies de las alforjas. Ser verso suelto, sin rima, formando parte de un regular esquema, colándose de rondón entre los versos rimados, o ser verso libre plantando cara a esa métrica que encorseta y anula la melodía poética del gesto, nunca estuvo bien visto en esta España de ovejones, de bienmandados y de pelotilleros, que calientan con su culo mullido los cómodos cojínes de los escaños del Poder Legislativo. Por eso aplaudo el arrojo de Elorza, que a las claras se ha desmarcado del camino trashumante sin considerarse descarriado del rebaño, aunque el pastor se enfade y entre en berrinche de esquilador. Los perros, para volverlo al redil, no han ladrado, pero sí han gruñido sin mover la cola, haciendo bueno el viejo y figurativo dicho cubano: “cuidao con el perro que muerde callao”. Su recatado aviso no ha movido un centímetro la trayectoria de este bizarro -guipuchi-, que sacó pecho torero ante los etarras en su momento, cuando la postura descamisada te podría costar la vida al tran-tran, y que tiene argumentos, más que sobrados, para escupir a la cara sin reparos a esos fascistillas de tres al cuarto que lo han intentado denostar, asociándolo a las huestes de Bildu en una retórica tan vomitiva como torticeramente infundada. Me cae bien este hombre serio con natural cara de “yo soy yo”, que ha fundamentado en sede parlamentaria que se puede sentir exactamente como a uno le pida el cuerpo sin escuchar ni al agradecido estomago ni a ese fogoso pulso doctrinario que hace esclavo el corazón, y seguir vistiéndose por los pies -como los hombres de verdad-. El cimarronaje, ese término usado en las colonias para referirse a quienes escapaban del cautiverio de los amos, no está de moda en nuestro país, pero sería muy saludable su práctica para esa nuestra clase política que adolece de raza. La libertad, que se sepa, no le sienta mal a nadie. Quedan todavía, en estos aires europeos tan contaminados por la estupidez del siglo XX, ecos del pensamiento de Rosa Luxemburgo: “los que no se mueven, no se dan cuenta de sus cadenas”. Los cimarrones tienen una espléndida rima para poner en su sitio a las muy aplaudidoras bobas comparsas de uno y otro signo, que dedican fundamentalmente su vidorra de congresistas a sacar brillo al acero de sus grilletes.

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Un Comentario

  • Muy bien Señor Toral,abre usted la caja de los truenos,esos ruidos que tanto inquietan estos tiempos a la ciudadanía.
    El país esta harto de tanto babeo servil ,mas aun cuando la única manera de acabar un lance es tragarse la bilis.
    En el hemiciclo siempre fue considerado el valor,todo el mundo recuerda aquel gallardo militar democrático Gutierrez Mellado enfrentándose a un golpista inferior armado mientras un ex falangista y un comunista permanecían ergidos sin besar el suelo.
    Ahora pasa lo mismo y cuando un guerrillero del orden y la libertad como l señor Elorza hace lo que le dicta su conciencia no es un proscrito,es un honesto defensor del pueblo que esta ahí para eso,defender sus ideas que para eso le han votado y el gran rebaño ya sea capitaneado por la cabra de la legión o por otra con barbas de chivo troskista ambas empeñadas en disputarse la dehesa aunque sea a costa de dejarla sin pasto deben ya de cesar en sus ansias de poder.
    Ojalá se imponga un macho alfa que con fuerza y destreza haga ver al rebaño que la única formula es la unidad sin zancadillas para así conseguir el reparto y la continuidad estable del terreno que habitamos.
    Mi aplauso señor Elorza por demostrar que el eslogan “si se puede” existe.
    Y gracias Señor Toral por este altavoz tan bien ajustado de tono.

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