Los enigmas del coronavirus

 

Mientras aquí nos dan información sobre el coronavirus con cuentagotas y mal analizada, los italianos han sido transparentes. ¿Quién murió en Italia por el coronavirus? Hasta ahora, un 88,7% tenía más de 70 años y un 8,4% tenía entre 60 y 69 años. Lo que arroja un total del 97,1%. Más el 2,8% que superaba los 50 años. Notorio es también que no haya habido ningún muerto por debajo de los 30 años. Hay, sí, jóvenes contagiados, y niños, me refiero al mundo, pero no fallecidos. Según las estadísticas, en China hay más de 2.100 casos de menores de 18 años contagiados, de los que el 6% sufrió con este virus una enfermedad muy grave.

De los datos de unos y otros países, se deduce que fallecen, lamentablemente, los más mayores y, entre ellos, los más frágiles, los que adolecen de enfermedades respiratorias, coronarias, quienes tienen diabetes o cáncer. La presencia del coronavirus es demoledora para ellos, como podría ser la gripe común, por otra parte. Cada año mueren muchas personas por la gripe, más de 6.000 en España el año pasado.

 

Pero, recordemos, hay bastantes casos de sanitarios de todas las edades contagiados y fallecidos. No se sabe por qué – quizás sufrían alguna enfermedad que desconocían -, como no se saben tantas y tantas cosas de cómo actúa este virus. Quizás, nos dicen, tratando de calmar a la población, los sanitarios murieron porque se sobre expusieron al virus. Demasiado contacto. Aunque, ojo, desde Francia y Holanda nos comunican que el 50% de los enfermos graves está por debajo de los 60 años. ¿Por qué? ¿Factores ambientales? En estos países, los casos de menores son también residuales.

Mientras tanto, en China nos hablan, por fin, de un día con cero contagiados. ¿Volvemos a esa rutina de la que echábamos pestes y que tanto echamos ahora de menos? Siempre se puede estar peor, ¿verdad? Hace un par de meses no lo sabíamos, pero ahora sí. Un virus ha cambiado nuestra forma de vivir y de relacionarnos, y también nuestra forma de pensar. Todos estamos con la mosca tras la oreja. Es como si nos sintiéramos parte de un experimento sociológico y sanitario. También nos preguntamos por qué, si el Gobierno tenía información de primera mano, no se actuó antes; por ejemplo, fabricando mascarillas y guantes, decretando el estado de alerta en enero, cerrando las fronteras, aislando las residencias de mayores… Nos han faltado reflejos. Y no por negar su presencia vamos a eliminar el virus. Como dice mi hijo, que tiene poco más de 20 años: «Tomémonoslo en serio, muy en serio». Pero también con calma.

Que lo que está pasando es producto de algo o de alguien, es evidente. ¿De China? ¿Lo dejó escapar el ejército norteamericano? ¿De determinadas farmacéuticas? ¿Es un virus fabricado y expandido a propósito? ¿Por qué y para qué? ¿Hay una guerra por el control económico de fondo? ¿Es todo fortuito? ¿Mutó el virus a partir de otro virus? ¿Está el fondo de inversiones del magnate George Soros detrás de esta operación planetaria? ¿Son las empresas chinas las que se han impuesto en el parqué y ahora son las que gobiernan el mundo? Se ha oído y se oye de todo. Pero lo sabremos. Algún día… pero lo sabremos. Espero que lo sepamos antes de que sea tarde.

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