Los malos efectos que están teniendo las vacunas del coronavirus

Son 6 los países europeos que han detenido la vacunación con el modelo Astrazéneca después de que se hayan observado diferentes problemas. En Dinamarca una persona murió a causa de una trombosis y aunque se desconoce si pudiera haber relación entre la vacuna y los coágulos de sangre – apenas se sabe nada de la interacción de las vacunas y nuestro organismo, no nos dan información -, el gobierno danés ha detenido la vacunación con AstraZéneca y ha pedido a la Agencia Europea del Medicamento que investigue, cosa que la Agencia dice que ya está haciendo.

Según otras informaciones, en Austria murieron, tras vacunarse, una enfermera joven y otra persona por trombosis también. Mientras, y hasta que la EMA, Agencia Europea del Medicamento, no averigüe qué sucede, cuatro países han dejado de utilizar el antídoto británico: Lituania, Luxemburgo, Letonia y Estonia.

La cuestión es que todas las vacunas en uso carecen de ensayos clínicos que demuestren su interacción con nuestro organismo, por lo que no hay relación causal entre las trombosis y las muertes de estas personas. No obstante, la ministra española Carolina Darias no elude decir que estamos en buenas manos, refiriéndose a la farmacéutica, y ha permitido que se siga vacunando con su producto.

Lo cierto es que de las vacunas sabemos poca cosa, no estamos al tanto de todos sus contenidos, se supone que las Agencias Sanitarias, las europeas, en nuestro caso, y las españolas, si lo están, y que han autorizado su uso tras comprobarlas. Pero ¿y si nuestras autoridades sanitarias se equivocan? Ya pasó, por ejemplo, en Estados Unidos, con la peste porcina de 1976. En aquel caso, y para evitar, dijeron, una pandemia, el gobierno norteamericano ordenó la vacunación total de la población. Resultado: 46.000000 de vacunados y 4000 personas reclamando al Estado 3500 millones de dólares por daños neurológicos y muertes. Todo ello atribuido a la vacuna.

El panorama actual es similar al que había en 1976 en Estados Unidos, donde era tal la maquinaria publicitaria pro vacuna que quien se negaba a hacerlo era considerado antisocial. Hoy, en España se es partidario de hacer un pasaporte a quien se vacune, dejando señalados a los no vacunados. Y España y sus autonomías no son los únicos que defienden la idea de saltarse a la torera el derecho a decidir qué hacer con nuestro cuerpo, la presidenta de la Comisión Europea también.

Curioso que en este caso Rusia nos dé lecciones democráticas recordándonos que la vacunación es voluntaria y se haya mostrado contraria a ese pasaporte. La UE presenta este pasaporte el 17M. Si se implanta, los europeos no vacunados pasaremos a ser unos sin papeles más y puede darse el caso de que los ciudadanos rusos no vacunados campen a sus anchas por el mundo, pero los europeos no podamos. ¿O le cerrarán las fronteras a los rusos? ¿Se quedarán de brazos cruzados los altos tribunales europeos y los nacionales ante este atropello?

Pero están pasando más cosas en el universo de las vacunas del coronavirus. Leemos en la transcripción de Haaretz Weekly que alrededor de 12.000 israelís dieron positivo en coronavirus dos semanas después de recibir la primera dosis. De ellos 69 habían recibido la segunda dosis. Peor es la información que dio sobre la vacuna de Pfizer en Israel el Life Sites News el 3M. Este medio escribe que ha muerto más gente vacunada que sin dosis. Alrededor de 200 entre 100.000 vacunados, cuando por Covid-19 murieron 4,91 personas entre 100.000. “La vacuna de Pfizer mató a unas 40 veces más personas (ancianas) y 260 veces más de jóvenes que con el Covid 19 en el mismo periodo de tiempo”, leemos en sus titulares. No se conocen más datos, pero hemos de suponer que si fuera así otros medios de comunicación del país se hubieran hecho eco y las cosas por aquel país parecen seguir tranquilas.

El problema de este tema, como de otros muchos relacionados con la supuesta pandemia, es que los hechos que se divulgan y corren precipitadamente por las redes sean reales, y muchos de los hechos denunciados hay que ponerlos en cuarentena hasta ser contrastados. (Ver La Verdad del dióxido de cloro. Págs 27…).

Vayan dos últimos datos que se están manejando en las redes. Uno. Que tras vacunarse han fallecido en las residencias españolas 930 personas y se han contagiado más de 2760. Y dos. Hay más de 90.000 casos en la base de datos europea que recogen la presuntas reacciones adversas tras recibir la primera dosis de vacuna. Casos de todo tipo. La mayoría, afortunadamente, de molestias: cefaleas, náuseas, etc.

Adjuntamos el informe de farmacovigilancia de la AEMPS.

3º Informe de Farmacovigilancia sobre Vacunas COVID-19

 

 

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