Los sueños no cicatrizan

¿Por qué y para qué soñamos? ¿Cuál es la causa fisiológica de los sueños?  ¿Se pueden comprar y vender los sueños? Hasta el momento, de entre lo mucho que se desconoce de estos, se sabe a ciencia cierta que interpretan eventuales señales aleatorias del cerebro.  “Es un poner” que dicen en la Andalucía profunda. Yo me recuerdo técnicamente dormido más de medio bachiller, la mayor parte de mi estancia en la Universidad y prácticamente al completo de mi vida laboral. Lo peor de todo, y esto no me causa motivo de orgullo, es que no recuerdo qué demonios o santos soñaba en esos largos lapsos de tiempo, y eso me molesta, porque tiene que ver con mis abismales pérdidas de ilusión por lo imaginado, que se van acrecentando con la edad. Los neurocientíficos, esa banda de pirados de la nocturnidad, estudian con poco resultado las estructuras que trabajan en la producción de sueños y se sienten derrotados por el psicoanálisis, que trata sin éxito de enfocar el significado de los sueños y malmeterlos a calzador en el contexto de las vivencias del soñador. Ambos fracasos estructurales concluyentes son una pesadilla teórica que, estudiados sobre el -modo siesta-, quedan peor que noqueados en la lona. Solo se salvan los mal llamados técnicamente “sueños lúcidos”. ¿Cómo se puede nombrar así a unos momentos en los que la persona que sueña tiene una ligera certeza de que está soñando? Freud sostenía con vehemente elocuencia literaria, sin pruebas solventes, que los recuerdos indeseables podían quedar reprimidos en la mente y nadie, ni siquiera sus discípulos más aventajados, nos ha sabido contar con rigor después -para qué coños se alojan en esos desconocidos reservorios-. Algunas personas casi nunca recuerdan haber soñado y de otras sabemos con seguridad que pasan flemáticamente la vida en blanco. Entre los segundos podríamos encontrar a los actuales líderes de nuestros partidos políticos que, pese a su bien pagado candil apagado, andan muy a oscuras con la luz. Los “ciudadanos a dos velas” y las sombras de nuestros sueños transigimos, a duras penas, con esa deslumbrante paradoja que nos permite estar alejados de la conciencia de estar soñando y de que nuestras modorras y sopores están viviendo y desarrollándose dentro de otros sueños ajenos. Dijo Borges: “Te has despertado no desde el sueño, sino a un sueño anterior, y ese sueño se encuentra dentro de otro, y así sucesivamente, hasta el infinito, que es el número de granos de arena. El camino que debes tomar es interminable, y morirás antes de que realmente hayas despertado. ¡Que grande este argentino y que certero!  No dijo nada de las abolladuras y los raspones que también nos suceden en los sueños y que tanto nos duelen, pero, si hubiera dicho algo, seguro que sería afirmando que cicatrizan fatal. En los sueños incumplidos nunca existe la sanación, y siempre queda abierta la herida. Lo saben muy bien nuestros dirigentes, y por eso nos rellenan de ilusiones para luego iluminarnos el día a día con un precio prohibitivo, y hacernos una invitación a dormir para soñar gratis que soñamos con ese ilusorio mundo mejor, que manejan entre bostezos. Sí tenía razón Borges. Moriremos antes de despertar.

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