Miguel López: El poder de las preguntas

Una clase magistral, una más, de Miguel López, en su nuevo libro: “El Poder de las Preguntas”. 200 preguntas sobre Bob Dylan, Patty Smith, The Staple Singers, los Beatles, Javier Krahe, Miles Davis o Van Morrison, estos tirando por el lado vibrante de la música, y por el lado del cine, su vicio, el del autor del libro, preguntas sobre Billy Wilder, Coppola, Sofía Loren. Lamarr, Polanski o Woody Allen. Música, cine, ciencia. periodismo, historia y filosofía, o lo que es igual Albert Einstein, Jonas Salk, Hawking, Rabi, Jay Allen, Manolo Alcántara, Mariano Guindal, Churchill, Hitler, Stalin, Franco, Marx, Pablo Iglesias, Séneca, Rousseau, Montaigne, Sócrates, Hume, y el propio López. ¿Si se preguntara a sí mismo, qué se contestaría? le preguntamos nosotros tan solo. El resto es cosa suya. Aprendamos de un maestro… 

MM.- ¿De dónde procede ese interés por las preguntas?

ML- Viene de mi profesión, el periodismo. Todo informador, todo plumilla, necesita plantear las preguntas adecuadas en su trabajo, graduarlas en función de cada situación cambiante y conseguir una respuesta que enriquezca a sus lectores o públicos. Desde los primeros lances en este oficio me fijé en las preguntas de los grandes maestros a sus entrevistados. Luego se extendió a los economistas, artistas, filósofos, científicos… Tengo miles y miles acumuladas a lo largo de los años. En todo libro, la parte sumergida es mucho mayor que la visible.

MIGUEL LÓPEZ

MM.- ¿Alguna que se haya quedado en el tintero y lamente no haberla incluido?

ML.- Muchas, muchas, y en todos los terrenos, porque las preguntas son absolutamente esenciales para abogados, médicos, científicos, escritores, para todo ser humano que necesite información. Hay una que no sale en el libro y me da rabia. Data de 1979, cuando se celebran las primeras elecciones municipales de la democracia. Una nube de periodistas rodea en Madrid, en las escaleras de un colegio electoral, a Enrique Tierno Galván, en un clima de victoria socialista para la alcaldía. Después de depositar el voto, el viejo profesor se detiene en la escalera ante docenas de cámaras y micrófonos que le avasallan. Cuando se hace un poco de silencio, mira a todos reposadamente y dice con voz baja: “Solo admitiré una pregunta de ustedes, una única pregunta”. Un reportero que estaba muy cerca del protagonista, un redactor de Diario 16, grita “la mía, la mía, responda a mi pregunta, profesor”. El futuro alcalde de la capital atiende su solicitud frente a las peticiones de los demás, se hace el silencio y el periodista pregunta: “¿Nos puede decir la hora, por favor?”. Contiene la sorpresa Tierno Galván, se saca con parsimonia el reloj de bolsillo e informa: “Son la una y cuarto, gracias a todos”. Es una imagen sobre el pulso del poder político y el periodismo que hubiera debido salir.

MM.- ¿Cuántas preguntas hay en el libro de las que se puede aprender algo?

ML.- Dicen algunos lectores que la obra les ha parecido instructiva. Esa era la intención de cada historia que aparece en el libro. Todas se publicaron en El Adelantado de Segovia durante cinco años como la narración de cuestiones cuyo centro es un interrogante, con sus protagonistas y contexto. Escribí en el periódico con absoluta libertad y siempre lo agradeceré. El valor de cada cuestión reside en su propia formulación, hasta el punto de que, en algunos casos, se desdeña la respuesta. Si el lector no aprende en alguna de las doscientas preguntas que vertebran el libro, entonces esa pregunta la consideraré fallida.  

MM.- ¿Es peligroso preguntar más de la cuenta? 

ML.- El libro defiende las preguntas como imprescindibles para alcanzar una vida digna. Es necesario preguntar, pero es arriesgado y es preciso calibrar a quién se pregunta qué y cuándo. El poder siempre ha recelado de las preguntas, todo poder eclesiástico, militar, económico o político. Una pregunta puede truncar una carrera. O puede matar. Por eso, la represión de las preguntas se ha repetido en distintas épocas históricas y en los más diversos rincones del planeta. Fórmulas tan sencillas como “¿Por qué?”, ¿Cómo?” o ¿Cuándo? despojan a la autoridad de sus ropajes. El poder valora como una amenaza toda demanda de información, consciente de la fuerza explosiva de los interrogantes. La curiosidad es el inicio de todo proceso de conocimiento y la llave que abre las puertas de la libertad de conciencia, pero las jerarquías no se arriesgan a fomentar la presencia de seres libres capaces de interpelar con criterio. En otras palabras, a los controladores no les gusta ser controlados.

MM.- ¿Todas las preguntas del libro son reales?

ML.- Ese ha sido un eje a la hora de plantearlas, que todas sean reales, auténticas. Circulan por el libro cientos de preguntas verdaderas que plantean todo tipo de personajes. Soy enfermizamente melómano y abundan las preguntas de músicos o canciones. Hay varias de Bob Dylan, pero también de Patty Smith, The Staple Singers, los Beatles, Javier Krahe, Miles Davis o Van Morrison. Otra afición, tirando a vicio, que alimento es al séptimo arte, por lo que también menudean preguntas de actores o cineastas, desde Billy Wilder a Coppola, desde Sofía Loren a Lamarr, desde Polanski a Woody Allen. Otros campos con fuerte presencia son la ciencia (Albert Einstein, Jonas Salk, Hawking, Rabi) o el periodismo, con grandes interrogantes de Jay Allen, Manolo Alcántara o Mariano Guindal, entre otros. La literatura, la filosofía o el humor también están presentes en El Poder de las Preguntas.

MM.- Parece un ajuste de cuentas con sus pasiones.

ML.- Pues sí, algo de eso hay. Pero son cuestiones que se asoman también a la actualidad. Por ejemplo, sobre las drogas hay varias preguntas. Una de ellas es ¿Plata o Plomo?, sobre el narcotráfico y sus leyes; o la de ¿Cómo se Combate Esto?, apoyada en el libro y después serie Fariña, u otra sobre los valores terapéuticos de la marihuana que se titula ¿En qué enfermedades el cannabis actúa como analgésico? Ahora, por ejemplo, en plena espera planetaria por los resultados de las elecciones a la presidencia de Estados Unidos, apenas se ha mencionado que en el estado de Oregón se ha aprobado la legalización de los llamados hongos mágicos. Es el primer estado que legaliza el uso terapéutico de la psilocibina y fue precisamente el primero en legalizar la marihuana en 1973, a los que han seguido varias docenas. Son preguntas que es preciso plantear para conocer nuestro tiempo.

MM.- ¿Son buenos tiempos para las preguntas?

ML.- No estoy seguro. Me temo que lo más actual está en la historia y que ahí se suman muchas lecciones. Proliferan preguntas de personajes históricos, como Churchill, Hitler, Stalin, Franco, Marx, Pablo Iglesias, que muestran mucho sobre el presente. También ocurre lo mismo con la filosofía clásica con cuestiones sobre Séneca, Rousseau, Montaigne, Sócrates o Hume. Ahí, en el poso histórico, encontramos las mejores preguntas para responder a los signos de interrogación de hoy.

Leer Anterior

INSULTAN Y AMENAZAN DE MUERTE A JUAN DOMINGO SCHAHOVSKOY

Leer próximo

Bolivia, todos frente al virus. 4000 personas rescatadas con el dióxido de cloro en el Beni

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Un Comentario

  • Sublime la entrevista y seguro que lo mismo el libro, aunque aún no lo he leído.

error: Content is protected !!