Mujer : persona de sexo femenino

Eduardo Toral

Eduardo Toral

¡Para la mujer, mes tras mes, la regla será una incomodísima intima compañera durante unos 40 años: desde la menarquía hasta la menopausia. Calculemos que dura cinco días cada ciclo, y que pierde 50ml de sangre. La cifra que resulta es aterradora: Seis años y medio con dolores entre las piernas para empapar las compresas con 24 litros de sangre. Sangre para llenar el cuerpo de cuatro personas adultas. Sangre y dolor durante media década. Sangre que, por lo visto, nunca humedecerá los resecos corazones de esa banda de mujeres idiotas, defensoras de una ley que prohíba a otras mujeres defender sus derechos, tras sufrir esta faena del sistema vital. En España, señoras y señores del gobierno, existe pobreza menstrual. Es sabido. Aplicar un impuesto de un 0% sería justo, razonable y alentador. La higiene femenina no es una cuestión menor. Ellas son quienes con su dolor abastecen del tesoro de la infancia nuestro mundo, y tenemos la obligación de mimarlas y cuidarlas con el esmero que reclama su maravilloso organismo capaz de gestar. Hacerlas más fácil y confortable el ciclo de cambios biológicos en su sistema reproductivo para preparar su cuerpo para un posible embarazo, más que un deseo habría de ser una obligación más allá de lo moral. Muy por encima. Es absolutamente necesaria la discutida “tasa morada”. La salud y la higiene del aparato reproductor de nuestras mujeres no ha de someterse a ser un bien de cambio en función de las capacidades adquisitivas, porque son parte de la formulación de derechos sexuales y reproductivos recogidos por el derecho internacional. Sumemos a ello el derecho a la no discriminación y la igualdad de género, a sabiendas de que los estigmas y las normas relacionadas con la menstruación pueden incurrir en prácticas discriminatorias para tener el cuadro completo. Viene todo esto a cuento de una tal Carla Toscano, hembra diputada de VOX, que desparramó en el Congreso su “pena por la ausencia de piropos”, confundiendo a los escuchantes “admiración con cosificación”, en ejemplos tan deplorables y garbanceros, que pareciera que ella fuera un machorrón con ínfulas retoricas de barra en bar de camioneros cabreados. Menos estupideces necesitamos y mucho, muchísimo más respeto para la mujer. Ya corre un momento en el siglo como para no tener que hablar de igualdad, porque esta se perciba realmente en la calle, y quienes como ella pretendan dejar a nuestras compañeras de vida en el zanjón del oprobio, que al menos tengan la elegancia de hacerse a un lado, y apoyen se hagan menos costosas las medidas que tratan de equiparar géneros. Por nuestro bien y por el suyo… recordemos al siempre certero Cervantes :
” La mujer ha de ser dueña, y parecerlo, que es más.“
“Cada uno es como Dios le hizo, y aún peor muchas veces.”

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