PATRONES DE DATOS …Y TRATOS

Hay una urgencia social que trata de justificar a la inteligencia artificial como la mejor y más certera idea de solución racional a nuestros problemas de decisión.  La máquina ha de decidir por nosotros, entre lo simple y lo complejo, en base a una (sobrevalorada) eficacia basada en complejos algoritmos, que trabajan a favor de la resolución de nuestras elecciones formales, tomando en consideración la estadística de nuestros comportamientos ante las situaciones.  Está muy avanzada la constatación de una gélida sociedad posthumana, que alcance a admitir que un simulado pensamiento alfanumérico sea mejor y más fiable que el de cualquier listo Calixto sin un elaborado -sistema de aplicación experto-.  “Trespuñetas”, que era un abogado de Sahagún de Campos, – apodado así por no escuchar nunca los argumentarios contrarios y asentar los suyos, restando importancias sin educación ni respeto-. Ganaba por goleada casi todos sus pleitos y, cuando raramente perdía un juicio, siempre se justificaba con un dicho que venía a puntualizar más o menos: “la inteligencia calla siempre donde la ignorancia alza su voz”. Hizo virtud de ese jodido pasar de todo- mas allá de las tres puñetas burocráticas que le incumbían las resoluciones dictadas por los jueces, y consiguió con el tiempo y la inestimable ayuda de un partido corrupto ser funcionario muy bien pagado de esos que se llamaban de libre designación.  La artificialidad de su trabajo para hacer retóricas leyes, “alserviciode”, le sirvió a “Trespuñetas” para granjearse la simpatía de los de su provincia y el odio de los medios de comunicación, que siempre lo tacharon de oportunista y demagogo, a sabiendas de que -sin figurar- era el muñidor de leyes muy en el filo de la legalidad.  Lástima que muriera de un fulminante accidente cardiovascular, que se produjo en un famoso prostíbulo de Benavente, porque habría sido- con ejemplaridad suficiente- la mano derecha de Iván Redondo y la izquierda de Pedro Sánchez, enfundado en esa solvencia pragmática y demoledora de su emocional inteligencia artificial, que, aplicada maquinalmente a los indultos, nos habrían importado, con su facundia, no tres puñetas sino “un huevo duro y parte del otro”.   Esa puta inteligencia artificial (IA) que hace posible que las máquinas aprendan de la experiencia, se ajusten a nuevas aportaciones, y realicen tareas como seres humanos,  en manos de estos tres individuos tan sobrados,  sistematizaría  con nota alta el pesado y enconado -procés-  aplicando un atrevido algoritmo  de obligado acatamiento “para todos los  públicos” tan  indiscutible y procaz  como  la cacareada inutilidad del perdón para avanzar en la reconciliación con esas acémilas nacionalistas fascistoides. El -Deep Learning- a la catalana ya no es aquello del viviendo y aprendiendo, –és més que una opció–, es la (TA) Tontería Artificial, que manejan con escaso argumentario y bastante razón en este caso la maquinaria negadora de la derechona recalcitrante. Si además aportaran alguna solución factible ya sería la gran descojo-nación de la ética carpetovetónica, esa que sirve de bandera para rotos y descosidos de lo no español a ultranza.

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Un Comentario

  • El señor Toral nunca defrauda,hoy mucho más técnico y directo expone con claridad presente y pasado en este breve texto.
    Yo pienso tras leerlo si no sería que esos negacionistas del todo progresista intentaran acercarse a esa inteligencia artificial ya que al no tener alma seguramente tenga fallos pero al menos les podía dar pautas para abrir algo sus ojos ya que su mente esta claro no sabe o no quiere saber de futuro y libertad.

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