• 22 mayo 2022

PEGASUSTOS!!!!

Eduardo Toral

Eduardo Toral

Hay actividades del -servicio de inteligencia, – que, por su propia naturaleza, necesitan del secreto oficial, y actividades del -servicio de tontuna- que, también por su propia naturaleza, necesitan ser banalizables, saltando olímpicamente -Fosbury de espaldas- por encima de los secretos. Una vez infectado digitalmente el teléfono de alguien, el software PEGASUS permite el acceso a los mensajes, a los correos electrónicos, el micrófono, la cámara y todo tipo de llamadas. Una pasada del fisgoneo sin tino. Pero recordemos unos asuntitos “no menores” a nuestros próceres, sin dejar de aborrecer el sistema que les puede dejar en pelotillas la intimidad, la sana intención del bien común y su prestigio político social. Les pagamos el teléfono además del sueldo y las dietas. Son empleados públicos a jornada completa. ¿Por qué es tan vergonzoso o desacertado escuchar lo que ellos digan o nos silencien a los ciudadanos a través de esa herramienta de trabajo? ¿Que tendrían que ocultarnos, por qué y con qué derecho? ¿Su opinión en el parlamento y ante los medios de difusión de sus ideas es una y telefónicamente es otra? Entiendo que además de punible sea impresentablemente demencial, deplorable y repugnante, que alguien pretenda entrar a jaquear su teléfono personal pero ese “movilito de alta gama” que les pagamos para facilitar el desarrollo de sus funciones, ¿no tendría que estar abierto a un control de algún tipo? Igual que si les pagamos un coche oficial no nos gusta que lo utilicen para llevar a sus amigas o amigos de paseo vacacional, de fiesta de fin de, de compras a las rebajas o para hacer carreras poligoneras, no nos gusta que utilicen su teléfono de trabajo para mandarse WhatsApp con sus amantes, ver porno el fin de semana, jugar a videojuegos con cargo al erario público o hacer correr apps de traiders de criptomonedas. El Gobierno, sin duda, está obligado a dar explicaciones de cómo y porqué dejó PEGASUS pasear, vaya usted a saber con qué sana o insana intención por tanto móvil catalán, pero quienes los utilizaban, entiende mi amigo el Boinas, están obligados a usarlos para la exclusiva función profesional, con una transparencia exigible, y si lo utilizan privadamente nos están engañando fulleramente. Está muy feo espiar, de cualquier manera, pero robar de cualquier forma también es feo. PEGASUS te permite ser el dueño del teléfono. Y PEGASUS, lo miremos o lo escuchemos por donde lo hagamos, somos también quienes lo pagamos. Me lo explicó muy bien el Boinas con un vermut y unas aceitunas en el bareto de la esquina: –Imaginemos que compramos una caja de preservativos para regular nuestro modelo de procreación matrimonial y los usamos para revolcarnos con la vecina, con la compañera de oficina y con la estirada directora de la empresa de la competencia. La pregunta sobre los posibles pinchazos siempre tiene la misma respuesta. Lo peor de cualquier -asunto pinchazos- es que no son recauchutables y justificar un ADN sin embargo es tarea simple. ¡¡¡Pues eso!!!– El caso del espionaje de los “indepes” expone carencias difíciles de explicar sobre el control del CNI. Pero, por cerrar el símil traído por los pelos a rastras por mi amigo, ¿sería exigible el control a las farmacias sobre posibles gomitas “pinchadas” o es más lógico que ese control se focalice en los fabricantes? Si alguien es intervenido por un juez, ya lleva la penitencia incluida en el castigo, y si así ha sido como se pretende vestir la explicación, recordar a los interfectos cotilleados que un celular ocupa en el bolsillo menos que un paquete de tabaco y que llevar dos, uno en cada bolsillo del blazier de marca Premium con los colores del equipo donde se milite, además de barato, no es un ejercicio gimnástico de alto riesgo. Lleven uno particular y caiga la ley con rigor implacable sobre quien ose violar la sagrada indiscutible privacidad y otro oficial para trabajar en aquello por lo que les pagamos mejor que bien. ¡Que no nos jodan la opinión con observaciones propias de la vieja del visillo! Concluyó el boinas, escupiendo entre sus dos colmillos retorcidos un tito de aceituna negra a la terraza. Parece ser que anda entrenando para quitarle el record de distancia a ese tal Egea desaparecido en combate.

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Un Comentario

  • Muy cierto Señor Toral.

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