• 1 julio 2022

PimPinela Feijóo

Aventuras y desventuras nunca comienzan por poco. CERVANTES

La –galleguidad- imprecisa de Feijóo se ha convertido en un iluminado escaparate para ojipláticos de la ignominia política. Su falsedad y su calculada ambigüedad se han roto a la primera de cambio. Sus palabras han caducado el valor en menos de tres días, que son los que pasaron malamente desde que afirmó que cortaría el paso de la ultraderecha de VOX a la justificación por arte de magia dialéctica su entrada en el gobierno de CYL. Un truco de cutre mago sin recursos, que saca de su chistera un sarnoso negro conejo xenófobo, anti institucionalista, homofobo y cretino con la memoria que cría malvas en las cunetas. Un roedor gazapo tiñoso y tramposo que legitimaron las urnas hartas de capones de engorde y de malolientes granjas de cerdos sumisos. Este tipo con aspecto de tendero pedáneo nos ha vendido un tóxico irrespirable humo de “bunny” chamuscadiño que, por añadidura a sus impresentables defectos culinarios rebozados de odios, niega la violencia machista y se enroca en un centralismo procaz y desfasado, contrario a los básicos principios democráticos que nos protegen de la barbarie, de la iracundia y del miserable soplo de trasnochados fascismos. Este paleto Feijóo, que habla a regañadientes gallego normalizado y que cree a pies juntillas en la honorabilidad de Ayuso, no quiere saber nada de cómo los europeos, con más rodaje político y más civilizados y entrenados socialmente, han apretado un cinturón que excluye de las instituciones a estos salvajes animales devoradores de futuro. Le queda grande al “aclamado”, que desbarrancó sin piedad a Casado hace tan pocos días, el básico concepto de modernidad que nos aleja de la omnívora animalidad política de tiempos oscuros que la humanidad con principios desea olvidar. Lo suyo son los garbanzos, confundiendo tocino rancio y velocidad en plato de diseño de Sargadelos . Él y su equipo de cocinillas del viejo paladar con tufos a revenidos fragafranquistas, han proclamado, sin vergüenza ni pudor, que para hacer una tortilla al estilo Betanzos hay que romper muchos huevos, pochar bien las nuevas patatas y dejar crudo y meloso el interior. Lo peor de esa receta tan escasísimamente celebrada en la gastronomía universal es su grave peligro de contagiarnos la fastidiosa salmonelosis y despertar nuestros más dolorosos cólicos abdominales. Entre la magia y la cocina, el perennemente de perfil -tendero presidente in pectore del PP-, nos ha traído a colación aquella aguda frase de Don Quijote para definir a estos mandatarios especímenes: “Cada uno es tal como Dios le hizo, y aún peor muchas veces”. Esta ha sido la peor de las peores que podríamos esperar. Hasta Donald Tusk el presidente de los populares europeos se ha entristecido y sabe que los españoles no nos merecemos esta MIERDA.

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Un Comentario

  • Qué rica la cecina de León

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