• 1 julio 2022

Se nos fue el psiconauta Escohotado.

Antonio Escohotado2

Francisco López-Seivane nos cede el artículo que escribió para ABC sobre el inefable hombre de las drogas, Antonio Escohotado.

Se nos fue a los 80, una edad provecta, casi milagrosa para un  epicúreo que disfrutó sin bridas y sin estribos de los placeres de la vida. Entre las numerosas obras que nos deja 0cabe destacar ‘Historia de las drogas’, sin olvidar ‘Rameras y Esposas’ y, quizá sobre todas, ‘Los enemigos del comercio’, un sorprendente tratado de economía universal, una disciplina a la que llegó de pronto un día, cuando nadie lo esperaba.

Le conocí hace muchos años de la mano de su cuate Sánchez Dragó. Desde el principio tuve la impresión de que se divertía representando el papel del intelectual cínico, transgresor, desinhibido y deliberadamente provocador que, desde Sócrates, nunca falta en el reparto de la comedia humana. Desde su lobera en las faldas de la sierra madrileña parecía contemplar a diario los humores de la ciudad como una realidad lejana, ominosa e indeseable. Esporádicamente bajaba del monte como un guerrillero, se asomaba a las tribus sociales y aplicaba, con distancia, lucidez y oficio, el acerado aguijón del escepticismo o la crítica. Lo hacía con su inconfundible voz profunda, castigada, investida de la autoridad que da saberse intelectualmente superior a sus oponentes, que escuchaban sus palabras como se escucha el rugido grave e inquietante del rey de la selva.

En una ocasión le pedí que se definiera a sí mismo y me dijo ser ‘un psiconauta, un explorador de los espacios mentales’, aunque siempre sospeché que ‘sus viajes’ eran más para disfrutar de los cambiantes paisajes del caleidoscopio mental que para encontrar el paraíso. Era un epicúreo terrenal y mundano que, fruto de su insaciable curiosidad, sabía de Derecho, Filosofía, Ciencia, Sociología… y Economía. Muchos le tenían por un sabio, una definición que pertenece a otros tiempos, cuando quizá cumpliera mejor calificarle de erudito. Antonio desconfiaba de la política (¿quién no?), de las religiones, de las instituciones, de las leyes y, algo menos, del mercado. Defendía las drogas a capa y espada, ensalzando su función social a lo largo de la historia: Era un tema éste en el que cualquier interlocutor se sentía pequeño en su presencia y sobre el que a menudo disertaba. Si alguien le confrontaba, lo acallaba en un pispás con su torrente de erudición  y el afilado aguijón de su ironía. En las distancias cortas, sin embargo, era irónico, manso y juguetón. Y entrañable.

Admirarle y quererle no equivale, ni mucho menos, a comulgar con todas sus ideas. Para acercar su pensamiento al lector, reproduciré, en forma de grageas, algunas cuestiones sobre las que debatimos largo y tendido hace años. A menudo, sin acuerdo. Quede claro, pues, que las respuestas expresan su pensamiento; no el mío.

P.- ¿Para qué se inventaron las religiones?

R.- Para administrar el miedo de otros, canalizándolo en obediencia y ofrendas

 P.- ¿Qué es el pecado?

R.- En principio parece ser la sensación de haber obrado mal. Pero en el cristianismo cobra una dimensión objetiva, más allá de la sensación  y, en esa medida, es cierto mal a juicio de otro

P.- ¿Cabe la herejía sin inquisición?

R.- Herejía es uno de los nombres del libre pensamiento. Para ser exactos, es el nombre que recibe allí donde, por principio,  resulta apaleado.

P.- Hubieras asumido tu el papel de San José?

R.- Toda la vida traté de evitarlo, me temo que inútilmente. Uno va de Jesusito hasta la adolescencia, y de José en adelante, salvo que esté dispuesto a feroces broncas con la mujer, la prole y hasta el juzgado.

P.- ¿En qué crees?

No creo en nada. Amo algunas realidades y algunas actitudes. Por ejemplo, amo casi cualquier rincón de la tierra, casi a cualquier semejante o cualquier expresión de la belleza.

P.- ¿Qué es para ti la conciencia?

R.- Una modalidad del ánimo. Allí donde hay algo, hay un ánimo

P.- ¿En qué consiste la inteligencia humana?

R.- En lograr cosas prácticas, conformando lo material a nuestros deseos

P.- ¿La mujer te parece más inteligente o más artera que el hombre?

R.- El estado evolutivo de la mujer parece más desarrollado. A igualdad de las demás circunstancias, sabe estar con más sencillez. Los varones cargan con la maldición del castrado cuando no padecen los aguijones de Venus y, en caso contrario, con la maldición de quien ofrece sexo  a destajo, por más que sus fuerzas sean muy limitadas

P.- ¿Es superior la razón al sentimiento?

R.- La razón es un distrito del sentimiento, el sentimiento volcado a la ecuanimidad

P.- ¿Cuál es el mejor sistema de organización social?

R.- El autogobierno, pasando por sucesivas descentralizaciones. En todo caso, el mejor gobierno es el que impide a unos endeudarse en nombre de otros

P.- ¿Cómo definirías ‘alucinar’?

R.- Creer, debido a una fe irreflexiva, en aquello que tóxicos o emociones nos presentan. Comprendidas en su positividad, las alucinaciones son visiones, paisajes inusuales ofrecidos a la intuición

P.- ¿Es posible, entonces, ‘alucinar’ sin ayuda de la química?

R.- Por supuesto. La mayoría de las sectas, actuales y pretéritas, viven de ello.

P.- ¿Qué papel representan las drogas en la experiencia humana?

R.- Son llaves para estancias sepultadas por la rutina, el dolor o la apatía. Desarrollan espacio interno y tiempo propio, dos dones infinitos.

P.- ¿Cambiarías tus opiniones al respecto si tuvieras un hijo adicto a la heroína?

R.- Para nada. ¿Cambiaría un católico practicante su idea de la transubstanciación si tuviera un hijo adicto alcohol, incluso si robara sistemáticamente el vino de la misa?

P.- Puedes citar cinco nombres históricos que representen para ti la cumbre de la sabiduría, la virtud, el valor o la grandeza?

R.- Sócrates, Aristóteles, Julio César, Giordano Bruno, Jefferson…

Aunque me consta que a Antonio le gustaba presumir de malo, siempre tuve la impresión de que era desgarradoramente sincero, vivía sin careta y decía las cosas tal como las sentía. Había una atractiva desnudez en su espíritu, como si hubiera renunciado a cultivar el engaño de la apariencia. Siempre me fascinó la seguridad de sus asertos, seguramente mil veces repetidos. En una ocasión le pedí discernir algunos binomios y accedió sin reticencias:

Generosidad/Compasión

La generosidad es una compasión no contagiada de lástima

Autocontrol/Represión

Si el control no lo ejercemos dentro, llegará desde fuera

Cinismo/Hipocresía

El cinismo actual (tan distinto al de Antístenes o Diógenes) es una hipocresía que ya no necesita penumbra

Locura/Iluminación

La locura es un fenómeno ambiguo, que nombra tanto la anormalidad radical como el propósito de explotar a los demás. Sólo es ‘loco’ quien no distingue entre 3 y 5 euros, y únicamente tiene contacto con fuentes personales de iluminación; el otro es simplemente alguien volcado a mantener que lo suyo es suyo, y lo de los demás, también

Poder/Autoridad

Poder y autoridad son sinónimos. Donde radica la divergencia es en el poder/autoridad basado sobre engaños o atropellos y el surgido de cualidades como edad, sexo, destreza u otra forma de merecimiento. Uno degrada a quien lo ejerce y a quien –como cualquier cómplice- se somete a sus dictados. El otro es un vástago de la razón

Gracias, Antonio. Me consta que te has entregado a la muerte sereno y sin miedo, tras haber dado tu última calada, así que me despediré de ti con un apropiado verso de Petrarca: Un bel morir tutta una vita onora ¡Buen viaje, amigo… y hasta pronto!

 

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