• 7 marzo 2021

TRAS EL TÉMPANO… EL DESHIELO

El deshielo de los polos es un problema muy grave. Dicen los científicos que amenaza seriamente el planeta. El aporte de ingentes cantidades de agua del deshielo a la masa oceánica, aumentará el nivel del mar y provocará un desequilibrio ecosistémico de imposible reparación.  Si esa escala de alarma la trasladáramos a la nevada, que nos ha regalado la naturaleza y a sus consecuencias mediáticas, veríamos peligrar no solo las previsiones de TODOS nuestros dirigentes y su facundia explicativa, sino también sus alardes a la hora de colocarse medallas por las soluciones adoptadas: que han sido en su conjunto flojas, tardías, ineficaces, heladoras y -lo peor de todo- con un futuro de derretimiento sin culpables.
Secularmente, el deshielo se consideró un proceso natural con una duración estacional lenta, y los ciudadanos soportábamos episodios de glaciación y su posterior derretimiento, con la parsimonia resignada, que hacía meta y final sin premio en lo imprevisto. Ahora, la exigencia de la vida actual nos lleva a unas velocidades, que nadie es capaz de explicar con razonamientos lógicos sino tecnológicos. La vida ha de seguir el ritmo que marque el técnico tertuliano de turno, y sus argumentarios en pro y en contra de los carámbanos amenazadores. Hemos escuchado tantas estupideces de defensores y detractores de los medios usados y sin usar para descongestionar calles y carreteras, que no nos queda otra, que recalentarnos más ardorosamente que con el cruce de piernas de Sharon Stone en “Instinto básico”; liberando nuestra ira con un coctel a base de improperios contra unos previsibles argumentarios para mantenernos tiesos, tiritando y aparcados.
¿Pero qué se han creído estos caraduras de lengua confundida? Nos tratan como a tontos sin pudor, sin respeto, sin remedio y sin soluciones. El caos que hemos vivido es inmerecido, es demencial y es inexplicable. Los miles de toneladas de sal que se han derramado sobre el centro de España nos hacen, con el deshielo, muy sabrosos y poco salados.  De esta jeringonza política de alcaldes con cara de Grinch; ministros con parsimonia de abominable Yeti; presidenta con argumentario inteligible solo por sus siete enanitos, y periodistas de escarchado aliento con pisotón de Bigfoot. Solo se salva la UME.  Gracias a estos aguerridos muchachos por ayudarnos a creer en un templado país, que, en plena licuefacción moral, dan la bienvenida al deshielo chorreante sobre las repeinadas cabezas de estos tramposos. El deshielo de los polos es un problema muy grave. Lo sabemos.

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