• 1 julio 2022

Ucranianitos

No se sabe con exactitud el número de niños muertos en la invasión de Ucrania, ni tampoco el número de escuelas bombardeadas, aunque Save the Children maneje cifras de las que se avergonzaría hasta el bestial “sacamantecas” de nuestra infancia. La muerte, señora atontolinada Belarra, no tiene ninguna diplomacia con ellos tampoco. Aplíquese urgentemente una contundente dosis de la psicología que usted seguro domina por su titulación. Ninguna diplomacia es capaz de devolverles la vida, ni ayudará a olvidar a los supervivientes de esta masacre, sin justificación, que el viaje al exilio que sufren no les deje el corazoncito dispuesto a mearse en la mema diplomacia que usted esgrime, cuando ya han tomado el hábito de mearse tantas veces de miedo entre el ruido de los misiles, los carros de combate, los aviones lanzando bombas, los uniformes embarrados y la desolación de unos trenes abarrotados de gentes con lágrimas como para llenar nuestros resecos pantanos esta sequia larga. “La diplomacia es la política en traje de etiqueta” dijo Napoleón y, a usted ese traje le ha quedado en esta ocasión tan ancho de cintura, que ni con el fajín rojo de pamplonica es capaz de arreglar. Usted, a los que nos sentimos -rojos de alma corazón y vida-, nos está insultando las entendederas, a lo peor, porque acostumbrada a las carreras de San Fermín no se atreve a coger el toro por los cuernos y le vale con correrlos con cabestros mansos. Usted, que todavía no tiene descendencia, no ha podido descubrir con la intensidad ni el dolor suficiente que en la alegría de los ojos de la prole se lee que su falta de pasado les hace más limpios y maravillosos, lejos de nuestros prejuicios educacionales, sintiéndose protegidos por estos seres grandotes que les acompañamos desde el paternal amor incondicional desinteresado, aunque por lo general lo hagamos mal. Diplomáticamente hablando, a usted le falta parir, sentirse acompañada en su interior nueve meses y descubrir carnalmente y no empiricamente de que va ese asunto, que no admite negociación razonable de interpretación vicaria. Probablemente esto le parezca muy bruto como argumentario, y lo es, pero es una fórmula sin retórica calderillera de contar para suponer a renglón seguido que alguien somatice que los niños ucranianitos como los de cualquier país del planeta no tienen la verdad cansada de mentir ni de proferir burradas como nosotros los adultos. Hágase un favor y háganoslo de paso a “los de izquierdas” de meterse la diplomacia por donde le quepa el discurso contra ese animal enloquecido, llamado Putin, que está empapando de sangre inocente nuestros periódicos a su capricho. Hágase a un lado de esa frase tan poco afortunada: “La elección es entre negociación y diplomacia o un conflicto mundial”. Usted, que, es sabido, ha trabajado mucho y bien en defensa de los derechos humanos de las personas en situación de vulnerabilidad, imagínese por un instante su elección si la dieran a escoger para ellas entre “comer porquerías caducadas o deshidratarse en una feroz disentería”. Pues eso. 7,5 millones de niños, rodeados bélicamente, no pueden estar esperando el cojonudo éxito de ninguna diplomacia ni de ninguna negociación. Lo primero, señora ministra, son esos pobres enanitos llorosos que nos sirven de “lead” los telediarios en esta guerra retransmitida en directo. ¡Los ataques contra escuelas y hospitales están clasificados por la ONU como una de las seis violaciones graves cometidas contra la infancia, y su defensa necesita ARMAS!. ¡Coño!

Leer Anterior

SUBLEVADOS: LA PERSECUCIÓN DE LOS DISIDENTES DE LA SANIDAD

Leer próximo

Ucrania a los ojos de Kissinger: más sabe el diablo por viejo que por diablo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

0 Comentarios

    error: Content is protected !!