¿Una jueza contra las compañías farmacéuticas?

Ir a los tribunales es como jugar a la lotería. ¿Cómo será el juez?, te preguntas. Si es de izquierdas y el tema que le presentamos comulga con sus ideas tenemos más posibilidades de ganar. Si, por el contrario, es de derechas, adiós. Caso perdido. Habrá que tomárselo con calma y recurrir, a ver si tenemos mas suerte en la siguiente instancia, si el juez o la jueza comulga con nuestras ideas.  Desde luego estamos simplificando muchísimo lo que podría pasar y pasa en los tribunales. Lo que es evidente es que la Justicia nunca está bien vista, nos sabe a poco, o porque es lenta o porque no cumple con nuestras expectativas.

Los jueces, que lo saben, que saben que caen mal, que su imagen no es la que quisieran, tienen con la plandemia una oportunidad de oro de ganar imagen, de hacer más amigos y rápido. Bastaría con que apoyaran las medidas retrógadas tomadas por algunos de nuestros gobernantes. La mayoría de los políticos está aprovechándose de la situación para retirarnos derechos y libertades que ganamos hace muchos años y que ahora pretenden quitarnos a golpe de decreto. Nos confinaron, nos sometieron al toque de queda, y ahora pretenden obligarnos a ser vacunados y a vacunar a nuestros hijos. Pues bien, lo que decimos es que si los jueces dictaran sentencias favorables a estos políticos la vida sería más fácil para ellos. Lo tienen más fácil que nunca pues los ciudadanos están tan asustados que cumplen con lo que les dictan con los ojos cerrados. Si los jueces dictaran sentencia a favor de esos gobiernos que están utilizando el miedo para recortar libertades la mayoría miraría hacia otro lado, también los periodistas. En las televisiones, en las radios, en los periódicos no hay voces discordantes, no hay la menor crítica a las decisiones tomadas por los gobiernos, regionales o nacionales. Nadie se sale del discurso oficial, y al que lo hace, lo ridiculizan y denigran.

En un ambiente como el que hay, los jueces podrían ser tan serviles como solemos ser los periodistas, pero los jueces han puesto el stop, ganándose las críticas de la mayoría. Es más, los jueces, hoy, están en primera línea de combate, están en las mismísimas trincheras. El último stop lo han puesto en Castellón de la Plana, en el Mediterráneo español. A una jueza le pusieron un contencioso administrativo que le obligaba a decidir entre velar por los intereses de la Administración, es decir, que todo quedara como estaba, o apostar por intentar salvar la vida de un hombre, un farmacéutico llamado Juan Francisco Martí, que yace en la UCI intubado y sedado. Su familia, consciente de que su vida peligraba por el COVID, buscaba otras soluciones ya que todas las probadas habían sido estériles, y dieron con la terapia del ozono. Pidieron al hospital que se la aplicaran y el hospital y los profesionales de la UCI le contestaron que no podía hacerse lo que pedían. ¿Por qué? Porque el ozono no está suficientemente investigado, porque al hospital solo pueden pasar médicos del espectro público…

El hospital puso todas las pegas imaginables, pero la jueza apostó por la vida de este señor, que un par de días después y al parecer gracias al ozono, dejó la sedación y, reanimado, respondía a las órdenes que le daban. Luego recaería, para volver a estar estable. En el hospital no les están ayudando lo más mínimo, hasta el punto que debieron recurrir a la policía para poder entrar a la UCI. También interpusieron recurso a la jueza, que se ratificó en lo sentenciado. Aun es pronto para saber si con el ozono Juan Francisco saldrá adelante, pero de no ser así, el esfuerzo habrá valido la pena porque la medicina oficial no ofrecía más alternativa.

Esta jueza de Castellón no se ha quedado de brazos cruzados, pero mientras ella arriesgaba, poniéndose de lado del enfermo, la oligarquía médica de la región confabulaba suscribiendo y publicando manifiestos que tratan de ridiculizar el ozono, al que tachan de seudoterapia o terapia poco fiable. La arrogancia contra la humildad, veremos quien gana. ¿Y saben qué? Que los médicos enfrentados a la jueza no dedican ni una sola palabra a Juan Francisco que es aquí lo único importante. La medicina se está haciendo tan protocolaria que está perdiendo su esencia, la de servir al ser humano.

En Castellón está pasando algo más que la lucha de una jueza contra la oligarquía médica de la región, se dirime la calidad y capacidad de un medicina complementaria, la del ozono. Si el ozono salva la vida de Juan Francisco Martí los ciudadanos tendremos derecho a exigir que se implanten generadores de ozono en los hospitales públicos. En algunos ya los hay, pero no se le hace el menor caso. Según sus especialistas el ozono acaba con el dolor. Si fuera así, o se le pareciera, tendríamos todo el derecho a utilizarlo. Si fuera cierto que es útil, si anulara el dolor, o buena parte de él, ¿cuánto dinero se ahorraría la Administración? La industria farmacéutica perdería mucho. ¿Una jueza contra las compañías farmacéuticas? ¿Estarán también las farmacéuticas tras la campaña de acoso al ozono? Esta mujer no sabe en el lío en el que se ha metido. ¿O si lo sabe? Esperamos que sea plenamente consciente de lo que hay en juego. Más que nunca, ahora necesitamos que los jueces defiendan nuestros derechos.

 

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