La nieve, entre incógnitas y certezas ferroviarias poco discutibles, ha blanqueado las portadas de los periódicos. Y tan solo la tinta y el negro hocico de Boro, ese famoso perro que no le dió por buscar a su dueña, han manchado nuestras lecturas. Cuánta tristeza se esconde y qué frialdad sin gama de grises nos aguarda en los titulares que parecen pensados, exclusivamente, para herir nuestra ya deteriorada inteligencia. La realidad como espectáculo, por muchos calores que arrastre, no nos lleva nunca al blanco inmaculado de la verdad y de la certeza* que letra a letra naufraga en sus enunciados como galletitas en el café con leche del desayuno. «La verdad adelgaza y no quiebra, y siempre anda sobre la mentira como el aceite sobre el agua”, que nuestras abuelas nos decían cuando tratábamos de ocultar una travesura, se ha congelado en las partidistas editoriales y no hay estufa política ni chimenea social que las vuelva al estado líquido de agua viva y transparente que, si no la hemos de beber, la hemos de dejar correr. Solo a Einstein se le ocurriría una genialidad soberbia y arrolladora para resumir nuestro desconocimiento profundo de la realidad que nos circunda, mostrando nuestra ingenuidad y nuestro desconocimiento tan elocuentemente: “¿Qué sabe el pez del agua donde nada toda su vida? “. Las cabeceras de los periódicos que envasan a presión las lágrimas y la miopía que, cotidianamente, derramamos sobre ellos en busca de información, están rebosantes de esa sal picante donde no se puede reconocer con certezas la alegría o la tristeza. Sabemos, nos lo enseñaron de jóvenes, que lo que no se comunica no existe, pero, si leemos entre líneas o si nos aventuramos a analizar, no podemos dudar de la existencia de ciscadas de buitre entre esos sus argumentos tan manipuladores, desproporcionados y torticeros. La información y los datos son el verdadero poder donde se resigna a la comprensión el conocimiento real de lo sucedido: confundimos radicalmente lo que leemos con las noticias y estas, que nadie nos equivoque, son el principal alimento de las papeleras, además de ser el envoltorio más recurrente para los bocadillos asequibles de los obreros peor pagados. Parece que la inmediatez de todo lo que sucede en el mundo está en nuestras manos, pero solo podemos asimilar esos segundos del titular que remueve nuestras convicciones y estimula nuestras opiniones como opinadores. Ahora , con el frio de la borrasca INGRID, apagados ventosamente nuestros entusiasmos primarios al lado de una cara calefacción, miraremos las elecciones que vienen; los mediáticos juicios que se sucederán; los desaguisados infames que se destaparán; las brutales acusaciones que tengan o no sentido; los bulos que nos asediarán sin descanso y las sorprendentes promesas que tratarán de emocionarnos, con el escepticismo que nos han inoculado deliberadamente para hacernos menos participes de lo necesario en esta España secularmente en deconstrucción desnaturalizada, donde, históricamente, nos toca a los de “a pie” ser carne de cañón cortada con hacha desafilada. Si la adversidad hace sabio al hombre, como Seneca nos advirtiera, ya estamos -muy listos- para no creer nada de lo que estos gélidos voceros de los partidos nos depositen intencionadamente sobre el blanco mantel por la mañana para enfriarnos la tostada que nos olemos. Me viene a la memoria cuando el Boinas me decía, a mediados de la semana, solemnemente parapetado tras su eterno vermut: “Agua, ajo y resina. ¡A aguantarse, a joderse y a resignarse!”. Ni más más ni más menos. Eso mismo. Luego, en el fin del aperitivo, (que es el que justifica realmente los medios), me farfulleó muy airado sobre esos “expepertísimos” en Venezuela, convertidos, de la noche a la mañana, tras una copiosa nevada norteña, en versados “peritostónicos” técnicos de accidentes ferroviarios. Esa ronda larga, con gilda de anchoa “cantabrona”, la pagó sin hacer alarde de su subida salarial y ni le di las gracias porque me atraganté tontamente con una piparra.
*La verdad normalmente es objetiva y la certeza, por si misma, rigurosamente subjetiva. Lo canturrea de memorieta el Boinas cuando se pone en modo ilustrado y cal-culador.










