La narrativa del fascismo se nos está yendo de las manos, proclaman con tinta invisible los periódicos, con un silencio tan ensordecedor como cobarde. No son capaces de utilizar el palabro fascismo como clara terminología definitoria con normalidad. Es muy sorprendente la ocultación del término en su relato partidista para definir actuaciones y propuestas que sus rotativas no dan presencia noticiable como inminente peligro para la ciudadanía de a pie. La historia de la actualidad diaria ha entrado en pánico, por poner un bobo ejemplo, al presentarse como obstáculos políticos a derribar: un Zapatero y un Sánchez en el mismo pimpampum, por ese encorbatado Bessent, descarado bocachancla en las portadas a color, exigiendo a España arrimar el ascua a su fresca sardina para la ansiosa foca Trump. Ayuso y Feijóo,»enralados» en esa derecha a la que les vale por principio la sumisión y el mamoneofascismo, están dispuestos, a la calladita farfullera, a ser ejecutores de una doctrina retrógrada, malvada, desfasada y escapista, compitiendo entre ambos por apuntarse el gran premio a la chorrada del mes que menee el tablero con tramposos bulos de primero de franquismo. Todos, de la manita al corro de la patata con JUNTS y VOX, luciendo cara de -yo no fui- en perfil a la realidad perfumada de un insoportable sesgo con tufos nazis. Del troleo en redes pasando por el doxing, los algoritmos de un tiempo urgente que nos circundan y arrastran nuestro día a día, según los concienzudos estudios de DIGITAL NEWS REPORT DEL RUTYERS INSTITUTE, a una compulsiva y peligrosa priorización de lo disruptivo y un modelo de polarización que llega a justificar la agresión física a renglón seguido de la inquietante y muy poco penada difusión de datos personales: direcciones, teléfonos o fotografías familiares. Sarah Santaolalla , Héctor de Miguel, Román Cuesta , el secretario general de FACUA, el diario RED, la decana de Filosofía y Letras de Valladolid, Danilo Albin, Ana Pardo de Vera, David Uclés… un grandísimo puñado de gentes libres empujados, troleados, perseguidos ,acosados y algunos agredidos sin cuentas de contables en artículos de opinión de los grandes papeles, suponemos que para no encender nuestras ya -muy cortas mechas cortas-. A uno le da por pensar que tras nuestras asombradas caras de glipollas se esconde un monstruo tontuno capaz de comulgar con las ruedas de un antiguo molino especializado en moler conciencias, y que estamos refabricados y tuneados en polvo inorgánico, gracias a los vientos que mueven las aspas de estos gigantes de barro que encharcan el lodazal. Don quijote, caído tras la lucha, alcanzó a susurrar: «La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos». Ayer escuché en un bar: ¡Qué bien te veo Manolito! La respuesta fue imbatible: ¡Tienes buena vista! ¡Y sin gafas! Ahí lo dejo, porque “al buen callar llaman Sancho”.











