“Lo que hicierais con uno de estos pequeños, Conmigo lo hicisteis” (Mateo 25, 40)
Se acaba de publicar que la tenebrosa Albión pretende legalizar el aborto hasta el momento del parto, es de suponer que tras el parto sería considerado infanticidio, ¿o ya tampoco? Hasta ahora estas horrendas cuestiones creíamos que se encontraban limitadas a ciertos insignes miembros de la familia real inglesa o de su círculo de cortesanos pero no que fueran a ser consideradas como actos legales abiertos a todo el populacho.
Pero, ¿Cómo hemos podido llegar a este nivel de degradación moral y política? ¿Ventajas de la “democracia”? La realidad actual parece querer confirmar la profecía de Donoso Cortés que “yo no temo la democracia en las calles pero la temo en la ley, porque no la temo cuando combate, sino cuando vicia el espíritu de nuestras instituciones. Sus rugidos cuando suenan en el recinto porque la ley que convoca en él a los que lo lanzan, al revestirlos con su manto los santifica y los hace invulnerables…”
Un profético tuaciñónAristóteles consideraba que “muy razonablemente es aborrecida la usura, porque en ella la ganancia procede del mismo dinero, y no de aquello para lo que éste se inventó”. En su Ética a Nicómaco critica a “los que se dedican a ocupaciones degradantes, como por ejemplo, la prostitución y otras semejantes, y los usureros que prestan cantidades pequeñas a un interés muy elevado. Todos estos toman de donde no deben y cantidades que no deben. Parece que es común a todos la codicia, pues soportan el descrédito por afán de ganancias, por pequeñas que sean. Pues a los que toman grandes riquezas de donde no deben, como los tiranos que saquean ciudades y despojan templos, no los llamamos avariciosos, sino más bien malvados, impíos e injustos. En cambio el jugador, el ladrón y el bandido están entre los avariciosos pues tienen un sórdido deseo de ganancias. En efecto, unos y otros se dedican a esos menesteres por afán de lucro y por él soportan el descrédito, unos exponiéndose a los mayores peligros a causa del botín, y otros sacando ganancia de los amigos a quienes deberían dar. Ambos obtienen ganancias por medios viles. Al sacarlas de donde no deben, y todas estas adquisiciones son modos ávidos de adquirir”.
San Isidoro explicaba en sus Etimologías que “si la ley se funda en la razón será ley todo aquello que, fundado en la razón, sea conforme a la religión, conveniente a la disciplina y provechoso para la salvación”. Define al “derecho natural como el común a todos los pueblos y existe en todas partes, no por ley o constitución sino por instinto de la naturaleza…”
Marco Tulio Cicerón sostenía que “debido a que nada es más hermoso que conocer la verdad, nada es más vergonzoso que aprobar la mentira y tenerla por verdad.”
La democracia moderna hace de la elección democrática no ya una forma entre otras posibles de designación de los gobernantes sino el criterio único de legitimidad que sitúa en el “pueblo”. De modo que “voluntad general”, real o impostada por una casta usurpadora, se convierte en el fundamento único de la ley. Contra Tácito, contra Cervantes, contra la propia Tradición de la Iglesia de supeditación jerárquica de las leyes humanas a la Ley Moral, contra León XIII que distinguía entre que una cosa es la elección democrática de los gobernantes para ejercer el poder y otra diferente la propia entrega del poder como mandato. Pero, ¿acaso cualquier aberración se convierte en algo respetable porque se haya acordado o aprobado por mayorías? No, es la mentira que el sufragio universal nos impone con su principio de que el éxito numérico es criterio de verdad.
Esta capacidad devastación moral y social de la democracia absoluta asociada hoy al dominio sionista la estamos padeciendo ahora dramáticamente en Occidente, y también en España, con la complicidad de las instituciones borbónicas, ante el silencio de los corderos y el aullido impune de los lobos empoderados. Resulta evidencia histórica que el proceso de degeneración en Occidente sobre todo el dominante anglosajón con sus terribles consecuencias de toda clase se ha manifestado con claridad desde que se iniciase el proceso sionista judaizante para controlar la civilización occidental.
Gran parte de las élites actuales han abandonado no ya sólo el mejor Catolicismo civilizador con su imposición de límites al ejercicio del Poder, sino incluso los mejores valores de la Ilustración. Así se explica el tenebroso sistema de formación y selección de personal de élites que estamos comprobando con el caso Epstein donde promovido por los servicios secretos sionistas, magnates, políticos y titiriteros de toda calaña se reunían para perpetrar sus terribles atrocidades y hacer méritos pata medrar en la cucaña.
El sionismo cristiano de los herejes evangélicos no va a la zaga de los logros anglicanos. La llamada “oficina de la fe”, peligrosa secta de la Casa Blanca con su energúmena maestra de ceremonias a la cabeza, se reúne en el despacho oval para proporcionar “energía espiritual” al emperador mientras se dispone a asesinar heroicamente niñas colegialas o a las autoridades de un estado soberano sin previa declaración de guerra. En las últimas horas están aumentando las sospechas de que las sucesivas contradictorias o erráticas declaraciones de Trump obedecerían más a maniobras especulativas de enriquecimiento de su entorno personal mediante manipulación de los sistemas financieros gracias a su información privilegiada que a un proceso de progresiva debilidad mental que sería otra de las hipótesis que se barajan en ciertos círculos del poder en EEUU. Así están nuestras élites.
Estas cuestiones no pueden tomarse a broma ni son baladíes: hoy contemplamos horrorizados como nos encontramos ante un proceso terrorífico genocida en el que no se respeta ni el derecho de gentes y en el que los dirigentes presumen y se vanaglorian de violar toda clase de preceptos morales o de convenciones internacionales de protección de la población civil.
Todo pura hipocresía como la pretendida filantropía WOKE, o la preocupación por los recursos no renovables o la protección del medio ambiente. De niño le oía decir a mi abuela; “Si quieres ver cómo es Fulanito, dale un carguito”. En efecto estamos viendo lo que dan de sí nuestras élites y el sionismo con toda una nación regalada












