Haya habido o no pucherazo para explicar la inesperada contundencia de los resultados y ahora ya no hay votaciones que se precien sin pucherazo oculto o velado, ex ante o ex post, el caso es que Orbán ha sido descabalgado. Hay que ir quitándose de en medio al que estorba a tiros como al primer ministro eslovaco, Robert Fico; por la vía judicial como Marina Le Pen o mediante votaciones más o menos amañadas.
Viktor Orbán daba mucho la lata. Había tenido la osadía de defender los intereses de Hungría. Demasiado incómodo, demasiado por libre y poco alineado con lo que se espera de un corrupto títere ruinoso y liberticida de la UE. Orbán había dado un ultimátum a Zelenski, y supeditado el paquete de 90.000 millones de euros de ayuda europea al restablecimiento del flujo de petróleo ruso a través del oleoducto Druzhba, que pasa por Ucrania: “Si los húngaros no reciben el petróleo que nos pertenece, no apoyaré ninguna decisión en favor de Ucrania”. La díscola Hungría se había convertido en una excepción dentro de un sistema que no puede admitir disidencias continuadas. Y hubo que fabricar la mercancía dócil de recambio con todos los medios a su servicio. Algo que vender al populacho que tiene la osadía de resistirse a pasar por el aro. Un colaboracionista de la corte de Bruselas al servicio de la oligarquía globalista que está destruyendo la civilización occidental. Se ha publicado que “fue condenado por maltrato y abuso, además de declarar en el juicio que consumía cocaína”. Y aún más: “Su ex esposa lo acusa de masturbarse delante de sus hijos y de constantes palizas.” Toda una joya como era de esperar.
Ahora bien, en mi opinión Orbán no deja de ser una víctima colateral de la traición de Trump a MAGA y, en general, a los movimientos patrióticos o soberanistas anti WOKE en todo el mundo. Sus malos resultados oficiales quizás puedan explicarse por el patente fiasco del trumpismo. Hay amistades peligrosas: el vicepresidente de EEUU, J. D. Vance y señora habían visitado Budapest para mejor escenificar su apoyo a la candidatura de Orbán. Durante un mitin multitudinario Vance llamó al presidente Trump, quien pidió el voto por él, prometiendo que su Administración apoyaría económica y políticamente a Hungría como «socio aliado».
Como moraleja para estos lares cierta falsaria derechona española pro sionista trumpista que sin embargo de modo incoherente presume de patriota debiera tomar nota y poner sus barbas electorales a remojar. Por mucho despiste que tenga la opinión pública española los inconvenientes abrazos con Trump, Netanyahu o Milei más pronto o más tarde pueden pasar factura.
Pero lo más preocupante es que la UE en conjunto no parece tener remedio. El poder ciega las vías democráticas a una hipotética renovación político económico social acorde con los legítimos intereses de los pueblos europeos, dejándonos en una situación sin salida satisfactoria.
Cabe especular que la peligrosa y lamentable guerra de Irán se “resuelva” con la fijación de bloques de influencia en el marco de una reorganización radical del orden mundial, en el que precisamente el Estrecho de Ormuz constituiría una especie de divisoria de flujos energéticos. El dinero que usamos es fiduciario, lo que significa que no tiene valor propio ni contrapartida en oro, plata o cualquier otro respaldo; su valor relativo y fluctuante permite la manipulación de grupos de poder financiero, calificadoras de riesgo, los buitres, o los bancos. Estos grupos se favorecen, acumulando dinero en las finanzas internacionales. Cuentan con la ayuda de la corporación privada de bancos estadounidense FED (Sistema de Reserva Federal), que imprime dólares y del Banco Central Europeo, que imprime euros, a los cuales se suma dinero impreso en otros países, desde potencias como China o Rusia hasta los países en desarrollo que usan esa tecnología monetaria. Nuestra percepción del dinero fiduciario supone que esos papeles en forma de billetes tienen valor propio.
Es posible que los acuerdos de Breton Woods con el dólar como moneda de reserva y la recirculación de petrodólares, sea sustituido por otro en el que las unidades monetarias sean respaldadas por energía. ¿Por eso la acción de Trump de hacerse con el control del petróleo y del gas, convertidos en un nuevo “oro”? ¿Un nuevo sistema monetario para un NOM, tras la guerra de Irán?
Una situación que recuerda la famosa teoría de los tecnatos de hace un siglo. En el contexto del Movimiento Tecnocrático de los años 30, la idea de utilizar unidades de energía como moneda se basaba en sustituir el dinero tradicional por un sistema de contabilidad energética. El objetivo era basar la economía en
leyes termodinámicas en lugar de valores monetarios arbitrarios. El concepto de unidades de energía como moneda se refiere a la idea de utilizar la energía física como un estándar de valor económico, reemplazando o complementando el dinero fiduciario tradicional. Para ello es esencial hacerse con los depósitos o yacimientos de energía como antes sucedía con las reservas del oro. Al cabo, una organización internacional como utopía o distopía dirigida por tecnócratas por su voluntad de acabar con la democracia aunque el movimiento se declaraba opuesto a los «ismos» de la época.
El concepto de la Gran Norteamérica que se acaba de publicar por la administración trumpista que incluiría desde Groenlandia y Canadá hasta el ecuador pasando por EEUU, Méjico o Venezuela en cierto modo pudiera calificarse de bloque tecnato con capacidad o soberanía energética propia.
La guerra en Irán plantea más problemas que el aumento de los costes energéticos, las carestías o incluso hambrunas. Las bases estadounidenses responden a los intereses estratégicos de Estados Unidos; no sirven para defender a quienes las albergan. Occidente no ostentaría ya la supremacía en tecnología bélica. De modo que se abre una fase más compleja y difícil para Europa. Las recientes declaraciones presidenciales sobre su intención de abandonar la OTAN y a Europa a su suerte, de no ser otra ocurrencia o farol más pudieran servir de advertencia. Sin embargo, aunque organicen su propio tecnato en América, más allá de Trump, los estadounidenses no parece que vayan a abandonar Europa en lo que resulta más una ocupación que un mecanismo de defensa y menos sin descargar los costes de los conflictos internacionales sobre lo que más que aliados son satélites sin soberanía real. Un tinglado organizado bajo la Unión Europea, dirigido no para el bienestar de los pueblos europeos, sino para satisfacer las necesidades de dominación de Europa. Pero por otra parte, si tal cosa se produjese, nuestro continente quedaría huérfano, sin tecnato desde el punto de vista de la energía salvo que volviese a reconciliarse comercialmente con Rusia, la única salida conveniente para los pueblos pero que se revela incompatible con la supervivencia de las actuales élites.
Las mismas que se enrocan y han procurado la sustitución de Orbán.














