“Uno de los edificios más horrendos del mundo« (George Orwell, 1938)
“Este es el gran escultor que necesita España” (1950, General Franco en referencia al militante del PSOE Juan de Avalos antes de encargarle las monumentales esculturas del Valle)
Salvo por la reverencia cortesana que habitualmente nos obligan a hacer a las fechorías que perpetran en Cataluña, o el apogeo de la neolingua orwelliana en la que cada nombre viene a significar justo lo contrario, no entiendo tanta lisonja ditirambo alabanciosa a ese engendro que llaman la Sagrada Familia. Un nombre que, debido a la degeneración moral de la región, acaso en disputa con la no menos célebre y sacra para el supremacismo cleptocrático catalán en el ámbito de la delincuencia política de los Pujol, A los que por cierto el régimen no se atreve a juzgar no vayan a tirar de la manta dejando a todos sus próceres en cueros.
El engendro del que hacemos mérito es una deformación grotesca del churriguerismo más excesivo, una especie de discurso o mejor balbuceo interminable en piedra de fray Gerundio de Campazas, alias Zotes. De estilo Remordimiento tardío para algunos críticos, pues en efecto, tardan en arrepentirse. Algo no propio de una nación civilizada con la gloriosa tradición histórica artística de la que puede enorgullecerse España.
Una obra que parece destinada a epatar guris bajados de un crucero o paletos gringos como Prebost procedentes de naciones nuevas ricas sin Historia del Arte propia. Desde luego no deja de ser pintoresco aunque revelador que Prebost no haya realizado aunque solo fuera un breve recorrido por una selección de nuestro extraordinario Arte Sagrado. Y que en cambio haya dedicado parte de su visita a España a este polémico edificio, atracción propia de un parque temático, y más aún cuando ignora al gravemente amenazado por el régimen de la basílica, la gran cruz y conjunto monumental del Valle de los Caídos.
Prebost presentó el templo barcelonés como un gran instrumento de evangelización y afirmó que «la iglesia más alta del mundo debe servir para «guiar los pasos del pueblo de Dios». Al término de la celebración de la Misa, presidió la ceremonia de bendición de la Torre de Jesucristo.
Pero la memoria falla o los datos que le han dado son falsos. La cruz más grande del mundo está también en España pero cerca de Madrid, en la sierra de Guadarrama. Su altura es de 150 metros, y alcanza los 300 metros si se considera el risco sobre el que majestuosamente se yergue. La envergadura de sus brazos transversales es de 24 metros cada uno. Y es visible a una gran distancia aunque parte de la CEE prefiera ignorarla.
Pertenece al conjunto monumental del Valle de los Caídos. Aunque la servil actual Iglesia española guarda un escandaloso silencio conviene recordar la postura tradicional sobre el profundo significado del Valle. El Papa Juan XXIII resumió las líneas maestras de la espiritualidad de este monumento en el breve pontificio de 1960 por el que concedió el título de Basílica Menor a la iglesia de Santa Cruz del Valle de los Caídos:
“Yérguese airoso en una de las cumbres de la sierra de Guadarrama, no lejos de la Villa de Madrid, el signo de la Cruz Redentora, como hito hacia el cielo, meta preclarísima del caminar de la vida terrena, y a la vez extiende sus brazos piadosos a modo de alas protectoras, bajo las cuales los muertos gozan el eterno descanso. Este monte sobre el que se eleva el signo de la Redención humana, ha sido excavado en inmensa cripta, de modo que en sus entrañas se abre un amplísimo templo, donde se ofrecen sacrificios expiatorios y continuos sufragios por los Caídos en la guerra civil de España, y allí, acabados los padecimientos, terminados los trabajos y aplacadas las luchas, duermen juntos el sueño de la paz, a la vez que se ruega sin cesar por toda la nación española”.
El cardenal Cicognani, en nombre del Papa Juan XXIII, explicó en la homilía de la Misa de consagración de la Basílica el 4 de junio del año 1960, varias cuestiones además de la Orden de San Benito en el lugar:
“Esta Basílica, al igual que toda otra Basílica, debe ser un centro de irradiación espiritual, un santuario adonde se dirijan los sentimientos de adoración y veneración de los fieles. Esta Basílica, dedicada a la Santa Cruz, debe ser como un místico recinto donde las almas se encuentren en su propia atmósfera para meditar los misterios de Dios, especialmente el de la Redención. Cristo crucificado, que se alza aquí en el altar mayor, en una pieza de arte admirable, y en la cumbre de la montaña la altísima Cruz, lanzada a los espacios cual flecha que señala el cielo, como señal de esperanza y garantía de salvación; una cruz que domina todo el valle y lo ilumina cual faro de luz redentora. […] Frente a la Cruz, salen al paso a nuestro espíritu el pensamiento y la doctrina de San Pablo en su Carta a los fieles de Colosas acerca de Cristo y del sacrificio de la Cruz, en el cual ve San Pablo la redención y la reconciliación del género humano con Dios, y la pacificación de todas las cosas, tanto en el cielo como en la tierra, merced al primado que sobre todas las cosas tiene Cristo”.
En representación del Papa Juan XXIII el cardenal recordaba así las finalidades espirituales para las que ha sido construido el monumento que no es la gloria del franquismo sino que posee una noble dimensión espiritual: ofrecer sufragios por las almas de los muertos en la guerra y rezar por la Nación española. No está de más recordar estas cuestiones. Contra la damnatio memoriae que el gobierno frente popular está perpetrando gracias a complicidades y cobardías impensables cabe recordar el valor perenne de los símbolos espirituales en la iluminación de la conciencia. La montaña y la caverna son símbolos de centros espirituales como lo son todos los axiales o polares, como lo es la montaña. Y con más evidencia si sobre ella como en el Risco de la Nava se yergue una cruz de 150 metros de alto. En el profundo simbolismo espiritual del Valle de los Caídos la caverna basilical se encuentra en el corazón de la montaña en Cuelgamuros. La “caverna del corazón” es una notable expresión tradicional para designar el centro vital espiritual.
Para mayor traición y despropósito el grandioso conjunto monumental joya de la arquitectura española se encuentra gravemente amenazado por el ese mismo hipócrita régimen monárquico que jalea o lisonjea a Prebost y, muy formalito como si nunca hubiera derribado una cruz, asiste a la ceremonia barcelonesa prebostiana.
Un amigo me dice que a él se le asemeja a una especie de cursi tarta nupcial de nata. Lo juzgo algo exagerado. A otro vista de lejos le viene a la memoria una procesión con los capirotes de los cofrades muy juntos, como si se protegiesen de una amenaza inminente. Quizás se asimile a una visión del plano astral con una especie de Santa Compaña como temerosa o arrejuntada quizás porque el edificio es tan entrópico que cada quien ve una cosa diferente y trata de ordenarla en su mente. No obstante, sí que pudiera tener un cierto carácter psicopómpico. Aunque no se sabe bien a dónde llevaría en este caso la escolta de sus almas.
Sin embargo, llama la atención tanta hipocresía cuando la apostasía catalanista es tan grave y la invasión victoriosa, que resulta probable que de seguir así el proceso dentro de poco tiempo entre en vigor la sharia, Y el templo católico termine siendo una mezquita a la que habrá que demoler la cruz por no ofender sus costumbres, amén de habilitar un mirab mirando a la Meca. O a lo mejor, ni siquiera, pues para entonces no faltará algún audaz enmucetado historiador separatista que llevado por su comprensible euforia supremacista nos asegure que en realidad Mahoma era originario del Ampurdán y hablaba catalán con el arcángel San Gabriel en la intimidad.
¿Qué opinaría el pobre Gaudí de lo que han hecho con su boceto originario? Tengo entendido que a su muerte no habría dejado planos claros o bien definidos de su proyecto. Cabe suponer que no le haría ninguna ilusión este resultado. Descanse en paz.












