Siempre nos han mentido los mismos y se han reafirmado y se reafirman en sus medios, (casi todos los medios del país), con desfachatez hipócrita y tonta tinta, tentando el talento de la postverdad. Nos han trafulleado con la miserable paz de Gaza pese los montones de muertos y al despiporre de Netanyahu ; nos pasaron página del revés, a dedo mojado, con la tramposa y desastrosa guerra de Irak; nos cauterizaron las meninges con el farfulleo falsario del metro de Valencia; arrasaron nuestros bolsillos con las preferentes y el rescate gratuito a la banca que seguimos pagando; pintaron de negro sus conciencias chanchulleando cadáveres aplastándolos con ruedas de molino con el Yak-42 (» Sobre los ataúdes feroces en acecho, sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa” de M. Hernández ) ; con los muertos de la Dana ocultaron y perjuraron sin tino como ya lo habían entrenado y puesto en práctica de apagón con los ancianos de las residencias madrileñas cuando el COVID . Nada se les pone por delante para detener su afán de colocarse de salvapatrias del todo a cien, ni contiene las podridas ansias de “su libertad” para humillarnos, que es la única fórmula que tienen, saben y pueden manejar para sabotearnos, y que añoran desde sus hondas raíces franquistas. Todos conocemos perfectamente quienes son y serán «los mismos», y cómo serán sus posturas de compromiso con lo indefendible, porque son insanamente felices luchando contra la verdad social en los destinos por lo general, y contra el raciocinio de las urnas en particular. Ahora nos venderán en alforja de burra cojitranca las necesidades y las bondades de esa manera de ciscarse en todo el derecho internacional y en la inviolabilidad que los americanos han perpetrado. Este disparate ,tan salvaje, que busca el desorden mundial con flequillo rubio, ya tiene mucho despropósito en avanzado estado de dirección al frenopático. Europa, entre pacata y churretera, pide respeto al derecho internacional, y a la vez recuerda por lo fino la ilegitimidad de Maduro. Ahora ya es seguro que se ira -atomarporculo- cualquier razonable criterio sobre esta invasión con secuestro incluido que nos ha embarullado las meninges. Corina se retuerce en su parloteo y en su pataleo «cagazapada” en el desprecio de Trump», protegida por nuestras leyes europeas, a la espera de empujar el mágico zarpazo que la auparía a los cielos de su soñada presidencia y que, a buen seguro, facilitaría por la cara que los riquísimos se enriquecieran con bendiciones, y los pobres se empobrecieran más cristianamente en esa Venezuela que hemos demostrado durante este siglo pasado que nos importaba tres putas mierdas pinchadas en un palo. El palo del petróleo. Ahora estamos tensos a la espera de otra bobería que mil veces repetida en medios se convertirá en una solemne postverdad de engañabobos. ¡A la hoguera la prensa canallesca y a la puta mierda la verdadera! La realidad como espectáculo es lo que cuenta en este teatrillo bufo. Esta barbaridad, la sexta intervención de EE. UU en Latinoamérica en los últimos 75 años, sirve una vez más a quienes no pretenden que nuestras posibilidades mentales se sientan cómodas con «el susto nuestro de cada día’, ya se ha convertido en un cutre espectáculo dantesco, donde pagamos las entradas con repugnancia absoluta. En el desconsuelo que sufriremos mientras nos metan a martillo pilón lo que vale la ley del más fuerte, veremos cómo se blanquean las guerras de este animal pacificador legitimado por las urnas de los EEUU, que por mucho que traten de celebrar los crédulos y los muy damnificados, no ha quitado la dictadura chavista que pisotea los huevos de los pobres venezolanos, ni les ha planteado una noble fórmula de democracia. ¡Obedezcan al emperador coño! Una intervención militar ilegal para petrolear por bulerías es lo que nos disfrutaremos, y la gran prensa bulera, “zapateando”, en su linea, será palmera y olé de los muy bailables joropos .








