Hoy miércoles, Robe se cansó de ser hombre y se marchó a leer en el cielo la sentencia de García Ortíz, sin despeinar ni un pelo su asco por esa torticería con la ley que no le dejaba volar a su gusto, que no comprendía, que le resultaba infumable y que hacía su elegante pasar de todo imposible. «En el paraíso no hay playa, pero sí hay bares». Y muchos hubiéramos querido acompañarle con esa hipérbole del adiós, que, siendo un encuentro con lo mágico en un chiringuito del otro lado, parece un hola cansino a las corduras de wallapop, donde todo está devaluado y rebajado, pero no inservible. Están en adecuado uso las fórmulas para sentirse rematadamente mal con esta sociedad donde la justicia nos manda señales de estar en venta, de ser parcial, de no respetar la presunción de inocencia, y de valerse para los castigos de suposiciones sin pruebas fehacientes que los jueces obtengan en caso omiso a la defensa que los acusados procuren. Es una despendolada carrera de gallinas con el pescuezo , sin meta y sin pódium. Una carrera tullida sin puntos de avituallamiento que ya dura demasiados dias, y que se asume con las zapatillas gastadas por el áspero camino hacia no se sabe bien qué verdad insustancial y terrible. Allí, los sumisos, cuyo culo solo sirve para recibir patadas con bota de acero, se empequeñecen o se hacen papel y tinta de diario pagado por los poderosos. A lo peor, Robe, con su tromboembolismo pulmonar, desde las nubes de los angeles caídos, fumándose un porrito acodado en la barra, es capaz de a los angeles estatuados de la tierra mandarles un mensaje de pasotismo extremo que nos evite la vergüenza del triunfo descarado de estas patuleas de picapleitos tramposos, y, a la vez, devolvernos un soplo de esperanza, aunque sea envuelta o liada en trompeta con sentencias de mariguaneros. “Que nos entierren con la picha fuera pa que se la coma un ratón”, si es más indispensable que necesario cortar por lo sano este desatino, vale como opción poética reivindicativa antes que naufragarnos en un bulo del MAR sin olas ni viento ni brújula. Nos atemoriza pensar que si al Fiscal General del Estado las puñetas más puñeteras han sido capaces de darle por el culo televisadamente , la indefensión de nuestro orto está franca para que estos chupatintas entren en nuestro asustado interior buscando con ferocidad la mierda, que es el estado donde su caldo de cultivo se mejorará por inundación . Algunos nos apuntamos el famoso estribillo del ilustre difunto: «No creas que estoy huyendo; si me ves retroceder, espera, que estoy cogiendo carrera». Hacia donde dirigiremos nuestra ira no lo sabemos, pero no será ni blanda ni sencilla. Será reactiva, será instrumental y será justificable porque estamos bien seguros de acompañarnos de la verdad y no de penosas suposiciones inducidas por miserables. Las urnas son un buen camino. Los ciudadanos sabemos por experiencia que la justicia es peligrosa para nosotros cuando poseemos la razón de la evidencia, y esta se siente claramente vulnerada con esta infeliz actuación de bárbaro sainete impresentable.
¡Robe nuestro que estás en los cielos …canta por nosotros!!!! Con las manos hartas de frotarse para entrar en calor y de aplaudir entre bellotas, y de apuntar con el índice lo despreciable, y de dejarse morder las uñas y de lavarse más que Poncio Pilatos, te despedimos llenos de amarguras, al igual que hemos despedido con menos alarde ciudadano a ese buen hombre deshonrado. Nos quedamos a solas con tus vinilos para poder llorar a placer tremendamente enrabietados por dos innecesarias desapariciones.
NOTA. – –Desgraciada la generación cuyos jueces merecen ser juzgados–. (El Talmud) Se podría añadir … “pero mucho más desgraciada será la que no puede juzgarlos.”
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