A Trillo por la pésima gestión del Yak lo castigaron, ¡pobrecitoooo!, a ser embajador en Londres, y a Puente, rompetechos deslenguado con careto duro, por su gestión del tren de Aldamuz lo quieren, los más montaraces, de vendedor de castañas pilongas en Valladolid. Se puede ser Rato un rato de cárcel de ancha reja, o ser chulito Rufián sin ser despreciable y con honor en los excesos “con boca llena de verdades”. Intentar comparar ser ranas ahogadas en charco de la Aguirre con ser Santaolalla desahogada -en boca de todos- es como despreciar las croquetas de la abuela alegando que la bechamel engorda. A lo mejor, es peor comparar al putero Ábalos con un imbatible luchador de taekwondo Emilio Delgado y sus empanadillas de Móstoles que indigestan a la Ayuso de los dialecticochurreros farfullos muy aceitosos. Viene todo esto a colación de las barbaridades escuchadas esta semana en diferentes medios. Es que, como decía mi abuela, “las comparaciones son odiosas”. Cualquier comparación, sobre todo en política, suele ser una subjetiva y sesgada visión distorsionada. (Las mías, por premio o castigo, ademas pecan de miopías y presbicias de arretestinado culo de vaso sin lavar. Me lo dice mi María al tres menos dos). Decía tambien mi querida abuela que “los señoritos y los cerdos tenían que venir de raza”, y las razas venales de estos personajes que inundan nuestros Telediarios están tan alejadas y son tan antagónicas que no las cabe disculpa de renta para situarse a favor o en contra de sus valores. Es inevitable clasificar, (haciendo posible lo improbable), a estos seres politicotelevisivos en base a su formal apariencia física, social y origen cultural. ¿Con quién de ellos caminar un rato por un parque, ir a un concierto o tomarse unos aperitivos de barrio? ¿Verdad que están claros los quiénes? Decía tambien mi abuela, que ha sido la persona más sabia con la que he tenido la fortuna del parentesco: «La pereza es amiga de la pobreza. No te juntes con ella». Yo, que le tengo un gran afecto a la pereza, cuando recuerdo la generosidad de mi abuela para con el niño incómodo y movido que yo era, me revuelvo contra esa primera linea porque ella trabajaba sin descanso para no ser pobre, pero solo llegó a rica de cariños. Ella añadía con resignación cristiana un sentido “Gracias a Dios”. Aplicado a estos diletantes sujetos que encabezan este artículo se sabe, nos lo ha demostrado la Justicia, quiénes se han enriquecido fraudulentamente y quiénes solo han estado al trantran, como en el mus, en sus cartillas de ahorro, estirando el sueldo. Hay una diferencia de razas entre unos y otros. Los hay que buscan caramelos para todos y los hay que solo piensan en llenar su insaciable buchaca. Asustados como estamos por el buen trato recibido por Mazon, estaremos muy pendientes de lo que pase con el sospechosamente dilatadísimo enjuiciamiento de Montoro, que por lo relatado por los inspectores de Hacienda, hizo giratoria la puerta de la Hacienda pública para que pasaran holgadamente los más cochinos de abolengo, porcinos de familia, miembros de tribu gorrina y clan marrano. Lo más probable es que se vaya de rositas y le haga -chincha rabiña- al Fiscal General del Estado Ortiz que se llevó una buena patada en las partes sin comerlo ni beberlo. Mientras, escucharemos a los valientes que les dan espejo para que contemplen los malos sus miserias, sus trampas y sus mentiras y, casi pedido “por favor”, dejen de gustarse. Tienen por deber hacerlo por nosotros que no tenemos ocasión. Esperemos que no se fatiguen. Decía, para el caso, mi abuela, que siempre fue muy dada a los refranes populares: “El que por su gusto corre, nunca se cansa”. Yo les alabo el gusto. ¡Por lo menos calentarles la oreja!









