Entre lo cardinal y lo ordinal tiritan nuestras entendederas, que se enfrían con las explicaciones de la nueva fórmula del Gobierno para redistribuir la pasta que ponemos, con la que el estado conserva, teóricamente con la mejor solidaridad posible, nuestra gorda aportación. Una leña marinera que calienta en proyecto los bolsillos a las Comunidades que gestiona el PP, y que arramplan con el 70 % del monto total de la propuesta. Pues, con todo y con ello, su afán tocapelotas da brasa a la fórmula, porque dicen beneficia más a algunos. Desconocemos si las cuentas se las ha hecho Rato, Montoro o ese tal M punto Rajoy que se gastó al completo la hucha de las pensiones sin darse un pijo de importancia-. Yo, como leonés, observando a mi comunidad la penúltima de la lista de los que pillan algo, voy a tratar de contar, al margen de engorilamientos, lo que entiendo de esta difícil fórmula, y hacerlo en Román paladino para que nuestras meninges se salven de tanta porquería y ruido dialéctico de unos y otros. La noble idea de dar blindaje al Estado del Bienestar (sanidad, educación, servicios sociales) es la que intenta flotar por encima de los números y las letras, pero me temo que no nos lo venden bien, y que los topillos peperofruteros, enfangados en su aquelarre de enanos sabios de la economía circulatoria con osteoporosis, nos deslumbrarán con sus berrendas opiniones matemáticas estructuradas a calzador, para ilustrarnos cómo el nuevo modelo favorece a esa díscola Cataluña demoníaca, que es de una evidencia tan pusilánime como real y retorcida. El modelo es cierto que así lo hace, pero si se estudia con criterio limpio sin hiperbolizar entre lineas, está planteado y formalizado como una evolución del actual sistema, que no se puede leer para nada insolidario, porque endiña y encasqueta 72.000 millonacos por encima de la anterior suelta de alegrías comunitarias a las que nunca se había aflojado tanta pastorrota a cambio, se supone, de más autonomía y mayor corresponsabilidad fiscal. ¿Quién lo vería mal? Hay que ojear mucho papelerío político oficial para llegar a esa conclusión, y además hacer un sesudo esfuerzo para creerlo. (Los que somos de letras estamos al borde del naufragio en esa aventura. Demasiados números.). Dicen, alcanzamos a entender, que -superficie, densidad de población, envejecimiento y población en edad escolar- son los mundos que hacen mover la tabla que define la cantidad del pastel a llevarse al plato, y, curiosamente, Cantabria y Extremadura se quedan “in albis” en los postres. Y como no se entiende la claridad, por lo visto, se les callarán las ansias de agarrarse al clavo ardiendo con la compensación de un goloso fondo statu quo: “en el estado en que”, 19.000 de millonacos más todavía para dar merecido cuartelillo propinero a quienes no alcancen los recursos generales en el listón de los afortunados. En teoría, poco o muy creíble al fin, que es un poner, las regiones con mayor capacidad tributaria aportan más de sus recaudaciones y las de menor capacidad recibirán mucho más de estas. Así, mantener la ORDINALIDAD, ese palabro mordisqueado del que unos y otros desconfían, tentando a su modo la fría cardinalidad ,(ese puñetero matemático concepto que presume señalar el número de instancias numerales de una entidad que se relacionan con otra), da para mucha controversia de escaño apesebrado. El trasunto que estudiarán para nosotros, que votarán para nosotros, que confundirán para nosotros y que nos aplicarán reglamentariamente, está como pelota en el aire esperando su patadón que marcará gol en portería propia o ajena. De momento, el PP entrena, sin defensa, paradas milagrosas, cantando penaltis donde no existen y revolcándose teatralmente en el suelo ante su árbitro –pagado- al que le importan tan perramente las jugadas que dejará que decida el “sin alma” Video Assistant Referee.. No sé si os lo habré conseguido aclarar …pero lo he intentado.









