Los nuevos derechos humanos de Davos. El acrónimo LGTBIQ añade la P de pederastia, pero pronto incluirá la Z de zoofilia. ¿Apostamos?

Los pervertidos están de fiesta. Llevan tiempo colgando serpentinas y haciendo acopio de confeti, mientras la sociedad dormitaba al son del canto de sirenas. Acabamos de caernos del guindo y nos hemos dado un buen porrazo. Ahora tocan los lamentos. Nos escandalizamos de que el psicópata y repugnante señor del Foro Económico Mundial, Klaus Schwab, se muestre a favor de la despenalización de la pederastia [1] y declare abiertamente que el abuso infantil será la nueva virtud del laicismo radical, gracias a la cual la humanidad se salvará a sí misma. Habla abiertamente de la creciente epidemia de pederastia, como una especie de reacción de la Naturaleza para defenderse del ser humano depredador, gusano habitante del planeta. Pederastia a discreción será una de las recetas contra ¡el cambio climático!, la gran falacia de los globalistas, bajo cuyo paraguas cabe cualquier aberración, como la que nos ocupa. ¿Pero por qué a los niños abusados les adjudica el autoproclamado Pope del NOM esta cualidad salvífica? La razón que da el pervertido de Davos no puede ser más satánica, a la vez que cierta. Argumenta que los niños que han padecido abusos sexuales quedan tan destrozados psicológicamente que serán irrecuperables y difícilmente podrán tener relaciones estables y crear familias. Lo sabe bien el pervertido Schwab porque, a buen seguro, conoce los experimentos del Programa Monarch y otros por los cuales miles de niños fueron destrozados a lo largo del último medio siglo. Siento una tristeza inmensa al escribir esto, porque aun conociendo sus planes y la proliferación de esta lacra entre las clases altas de la sociedad, siempre he tenido la esperanza de que tales depravaciones no llegaran a masificarse y mucho menos a normalizarse desde las alturas.
En las altísimas esferas del poder –sea este financiero, político, militar o científico— la pederastia siempre fue un tema tabú. Los políticos siempre han estado al corriente, los fiscales también, los jueces ídem, pero este asunto siempre fue intocable. Hasta hace poco, creíamos que su gravedad era de tal envergadura que abrir el archivo haría tambalear instituciones y círculos que representaban el respeto a los derechos humanos y a la justicia. Ahora todo ha cambiado. Las declaraciones del autor de El gran reinicio y vocero de la Agenda 2030 metamorfosean el pecado en virtud al declarar que Dios ha muerto, que Jesús es un fake, que el abuso infantil es un derecho y que no se debe criminalizar a los abusadores, pues estos son personas normales. Ya tienen eufemismo: “amor entre personas de diferentes edades”. Entropía, distopía, la concreción del símbolo satánico de la cruz invertida.
Si hubiera fiscales responsables que actuaran de oficio, el señor Schwab debería ser detenido y juzgado por incitar a la corrupción de menores. Y con él, todos los que –según él mismo dice— se han infiltrado en las instituciones, sobre todo en la educación, para confundir y acabar pervirtiendo a los menores con sus aberrantes ideologías sobre el sexo.
Pero todo estaba escrito. Hace décadas que la International Planned Parenthood, asesora de la ONU en materia de niños y mujeres promueve que los infantes sean estimulados sexualmente desde edades tempranas, incluso desde la cuna. Esto escondía una intención aviesa, que nada tiene que ver con derechos y libertades. Si sabíamos que esto era una perversión que podía traer consecuencias, ¿por qué no dijimos nada? ¿Por qué permanecimos silentes?
La pederastia se ha llevado por delante a muchos valientes que se han atrevido a denunciar y a investigar; como a Ted Gunderson, jefe del FBI de Los Ángeles, que llegó a tener bajo sus órdenes a setecientos policías. Sus declaraciones sobre la pederastia a la que eran adictos muchos congresistas, senadores y miembros de la Casa Blanca, las denuncias investigadas por él minuciosamente sobre las redes mafiosas de secuestros de niños, y la increíble cantidad de estos que desaparecen cada año, la abundancia de centros donde se practican ritos y ceremonias satánicas con sacrificios de menores, la implicación de altas autoridades del Pentágono en todas estas operaciones, en las que también están involucrados niños y jóvenes esclavos sexuales, víctimas del control mental heredado del nazismo, tienen como aval el asesinato del propio Gunderson, ordenado por “alguien” con mucho poder a quien le preocupaba que verdades tan terribles salieran a la luz. Y no solo él fue asesinado, sino también la senadora Nancy Schaefer y su marido, colaboradores en todas estas investigaciones. La extraña muerte de estas tres personas es uno de los muchos asuntos “inexplicables” que nos encontramos cuando se investiga la corrupción en las altas esferas del poder y sus profundas cloacas. Y ahora llega este vejestorio del WEF a decirnos que la pederastia es una virtud. ¡Impresentable!
¿Permitirá esta sociedad loca la inmolación de los niños para salvar el planeta?  ¿Se prestarán los medios de comunicación a manipular con esta propaganda genocida? Ya se sabe que el cambio climático admite cualquier ocurrencia. De vez en cuando salen a la palestra los ecologistas de la New Age con ideas tan peregrinas como las publicadas en el London Daily Mail: “Cada persona que nace usa más alimento, más agua, más tierra, más combustibles fósiles, más árboles, y produce más desperdicios, más contaminación, más gases invernadero, y agrava el problema de la superpoblación”. En esta misma línea, el profesor emérito de planificación familiar en la University College London señaló: “El efecto sobre el planeta al tener un niño menos es de una magnitud mayor que todas las otras cosas que podamos hacer, como, por ejemplo, apagar las luces.  […] Lo más grande que cualquier persona en Gran Bretaña podría hacer para ayudar al futuro del planeta sería tener un hijo menos”. La citada  International Planned Parenthood –cómo no— publicita en sus pancartas y pegatinas eslóganes como “¿Para qué tener más cargas?”,  o “Cuantos menos seamos mejor”. Se conciencia de las bondades de tener pocos hijos y se refuerza con la implantación del control obligatorio de la natalidad. Estas ideas son defendidas por ecologistas materialistas como Maurice Strong, coautor de la Carta de la Tierra, un personaje del sistema, que se ha hecho millonario con la falacia del cambio climático.

La organización británica Optimum Population Trust  (OPT) considera que los seres humanos son virus del planeta y ha propuesto al gobierno adoptar políticas para restringir la natalidad a dos hijos por familia, similares a las de China, “usando el poder del Estado”.

En esta misma línea, el adalid del ecologismo Al Gore*, apoyado por los medios al servicio del sistema y por la sociedad manipulada, en su libro traducido al castellano La Tierra en juego, plantea la creación de un Plan Marshall mundial para salvar el planeta y propone reducir el número de habitantes utilizando el poder de los Estados o la presión de un gobierno mundial. ¡Bingo! De aquellos polvos vienen estos lodos. Todo estaba previsto.
En cuando a la zoofilia, como enunciamos en título, podemos augurar que muy pronto el colectivo LGTBI, tras añadir la Q de queer –que abarca el mundo pervertido de Michael Foucault—, y la P de pederastia anunciada por Schwab, incluirá la Z de zoofilia. Aunque no sea tema de noticia en los medios oficiales, hace tiempo que la semilla de la zoofilia está en remojo para acelerar su germinación. Ya tienen eufemismo: “amor entre especies distintas”.
En Holanda, país laicista por excelencia, donde se saltan todas las líneas rojas del orden vital y la recta evolución, con una progresía desaforada y unas autoridades ciegas, llevan cometiendo tremendos disparates desde hace años. Tras ser rechazada en los tribunales la legalización de la pederastia, en el 2006 se fundó el Partido del Amor Fraternal, la Libertad y la Diversidad (PNVD). El tufillo del enunciado se siente a las claras. Su programa reivindicaba rebajar la edad de consentimiento sexual, de los 16 años a los 12, legalizar la posesión de pornografía infantil, la prostitución, el consumo de drogas y admitir la zoofilia como un derecho natural. En el 2010 el partido pedófilo fue ilegalizado. Pero los holandeses no son los únicos que bregan con este tipo de ocurrencias. En Alemania, hace tiempo que un grupo político está intentando conseguir lo mismo. Conviene citar el “experimento Kentler”, llevado a cabo en esta nación, en los años setenta, que amparado en un programa pedagógico entregaba niños huérfanos y de familias desfavorecidas a casas de acogida dirigidas por pederastas. Los testimonios de los adultos que pasaron por esos centros cuando eran niños son escalofriantes.
Entiendo que este artículo pueda parecer una exageración, pero no. Siento decir que es la realidad. Lo que los amos del mundo preparan para esta humanidad a la que odian es muy grave, y ya no lo guardan en secreto. Tienen la total confianza de que estamos domesticados y no nos rebelaremos. Están acostumbrados a ver nuestra pasividad y a que nos distraigamos con cualquier artilugio de colores que brille y haga ruido. Pero aún estamos a tiempo. ¡Hay que salvar a los niños! ¡Es hora de despertar!

NOTA:

[1] A lo largo del artículo empleo a propósito el término pederastia en lugar de pedofilia. Aunque son términos que suelen confundirse, empleándose incluso como sinónimos, hay que decir que por pedofilia o paidofilia se entiende una atracción y una ternura especial por los niños, que, en principio, no siempre conlleva un motivo sexual o, de haber atracción, no llega a concretarse en un abuso contra el menor. En cambio, la pederastia es una perversión que consiste en la realización de actos sexuales con un menor, la mayor parte de las veces contra su voluntad, ya que en esta sucia actividad están involucrados niños pequeños, incluso de meses, que son ofrecidos por sus padres a cabio de dinero. Hay que decir, no obstante, que en no pocos casos la pedofilia es el paso previo a la  pederastia.

 

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