
Es curioso saber que de los cinco sentidos que tenemos el olfato es el único que no tiene filtros externos. Al inhalar una fragancia, la señal esquiva el «filtro» del tálamo. El aroma viaja directo al bulbo olfativo, conectado íntimamente con la amígdala (epicentro de nuestras emociones) y el hipocampo (guardián de la memoria a largo plazo). Por ello, el corazón reacciona mucho antes de que la lógica logre identificar qué flor estamos oliendo.
Así que cualquier perfume va directo al cerebro que es un cartógrafo incansable que dibuja rutas entre olor y vivencia, asociando notas olfativas con contextos, rostros y gestos. Así, cada fragancia se convierte en una llave capaz de abrir, de golpe, escenas enteras: la voz de alguien, el ruido de unas escaleras o la textura de una manta. No es que el perfume nos devuelva recuerdos sueltos, sino que reconstituye escenarios completos, y por eso su poder es a la vez íntimo y totalizador.
Los perfumes adquieren un poder sobre nuestros recuerdos, conexiones con los demás e incluso con aquellos que ya no están.
La Fragancia del Encuentro: Un Puente entre el Recuerdo y la Identidad
Para mi madre, el perfume es mucho más que un aroma; es el puente hacia su descanso. Aunque en su tocador tiene diversas fragancias, reserva siempre “L’Air du Temps” para las horas del sueño. Este perfume es el eco de su adolescencia y el primer regalo que recibió de su madre, mi abuela, cuando ella apenas comenzaba a asomarse al mundo y a los primeros amores.
Mi abuela partió prematuramente, víctima del cáncer, dejando una ausencia que el tiempo no ha logrado desvanecer. Sin embargo, cada noche, mi madre acude a este aroma para propiciar un reencuentro: a través de su estela, logra conectar con ella y con su memoria. Aunque pueda parecer extraño, para mí esa fragancia también representa un refugio. Es el vínculo más vívido que conservo de mi abuela; la prueba sensorial de que, mientras ese aroma flote en el aire, ella permanece con nosotros.
El Perfume como Sello Personal
Mientras que para mi madre el aroma es un refugio íntimo, para figuras como Marilyn Monroe, el perfume era una declaración de identidad, sensualidad y juego. La icónica actriz convirtió su fragancia en su sello más personal, dando lugar al célebre mito de su «pijama» de seda invisible.

Personajes ilustres marcados por las mejores fragancias
En 1952, cuando un periodista le preguntó qué vestía para dormir, Marilyn pronunció la frase que cambiaría la historia de la perfumería: «Tan solo unas gotas de Chanel Nº 5». Aquella revelación no solo convirtió a la creación de Coco Chanel en un icono eterno, sino que vinculó para siempre la imagen de la actriz con el lujo francés. No obstante, en la privacidad de su hogar, Marilyn también encontraba consuelo en la esencia de “Floris Rose Geranium”, demostrando que, al igual que para mi madre, el perfume siempre guarda una faceta oculta y personal.
En el otro extremo de la sofisticación encontramos a Audrey Hepburn, cuya relación con el perfume nació de la exclusividad y la amistad profunda. En 1957, Hubert de Givenchy creó para ella una fragancia única. Cuando el diseñador le propuso comercializarla para el gran público, Audrey, en un gesto de complicidad con su creador, bromeó: «¡Pero si es mi perfume, te lo prohíbo!». De esa anécdota surgió el nombre de un clásico que hoy sigue siendo un superventas: “L’Interdit” (Lo Prohibido).
Ya sea como un vínculo con quienes amamos, como un pijama de seda invisible o como un secreto compartido, el perfume sigue siendo el lenguaje más sutil y persistente de nuestra historia personal.. Y es que al probar un perfume hacemos un viaje al misterio que hay dentro de nosotros mismos que nos da llaves para traer a nuestra piel sentimientos que permanecían en nuestros sueños prohibidos.
María Antonieta de Francia, la Reina del culto a la fragancia
Si repasamos el perfume en algunas personas ilustres habría que detenerse en dos de ellas dentro del ámbito político e institucional: La realeza y la aristocracia.
Este elixir no sólo ha cumplido las funciones de acicalar e higienizar sino dar una marcada personalidad a quien lo lleva y, por supuesto, compañero inseparable que te puede dejar en buen o en mal lugar.
En la realeza, la Reina María Antonieta, tuvo una relación muy intensa con el perfume hasta tal punto que en la época de la Revolución francesa, cuando trataba de huir de las tropas fue descubierta y reconocida por el rastro del perfume que llevaba, “Jardin Secret”. Con los años, la casa lo comercializó con el nombre de “Black Jade”.
Algo que definió su identidad era la obsesión por los perfumes ya que tenía su propio perfumista real. Puso en relieve aromas de flores (Rosas, jazmín y violeta), que sobrevaloró frente a olores de almizcle de la corte que según pensaba tapaban la falta de higiene.
Jean-Louis Fargeon, su olor esencial
Muy peligroso fue utilizar este perfume ya que cuando intentó fugarse de Francia a Varennes se hicieron pasar por sirvientes pero el fuerte olor que dejaba su perfume la delató como la Reina ya que una criada no podría llevar ese tipo de aroma.
Por otro lado, se comentaba en la época que el rastro que dejaba su perfume era tan fuerte que se sabía perfectamente en que estancia, pasillo y lugares había pasado la Reina en el Palacio de Versalles.
Su perfumista personal también le hizo un agua de olor a base de hierbas relajantes que ella misma llevaba en frascos pequeños para los momentos en que sentía un ataque de ansiedad en la corte, lo cual la calmaba. Por tanto, estos perfumes también tenían una función terapéutica.

Como última anécdota, se dice que cuando estuvo presa en la Torre del Temple hizo que le llevaran sus esencias favoritas envueltas en terciopelo negro para que no perdieran su delicada composición y, así poder sobrellevar mejor su fatal destino recordándole los días alegres en el Palacio de Versalles. Su mente se evadía mediante el exquisito olor del sufrimiento de morir a manos de la Revolución francesa.
“Parfum de Trianon”, su esencia más codiciada
María Antonieta mandó construir su propio Palacio “Le Petit Trianon” y su aldea. La idea de vivir en un ambiente natural y bucólico le fascinaba lejos del lujo de la corte de Versalles. Tenía su propia granja de animales, que mantenía con pulcritud e higiene, y su huerto natural ya que llevaba una dieta de verduras, frutas y productos lácteos. Le encantaba el cuidado del jardín y la botánica. En sus baños de belleza, utilizaba agua de rosas y esencias de flores (jazmín y nardo). Vivía en su propia fantasía de ser una mujer libre.
La experta en historia, Elisabeth de Feydeau, ayudada de los archivos que se salvaron de la Revolución francesa del perfumista real, Jean-Louis Fargeon, nos muestra con exactitud como es la fragancia clave de la Reina, “Parfum de Trianon”. Se trataba de un perfume muy fresco y femenino compuesto por: Corazón de Rosas (flor favorita), Jazmín, Nardo (toque de elegancia y sutileza) y Azahar (frescor). También, con notas de lavanda y cedro que pertenecían a su amado jardín del “Petit Trianon”. Hoy, ella, olería a la primavera después de una llovizna.
En su versión más moderna el perfume se llama “Le Sillage de la Reine” (La Estella de la Reina), que elaboró Francis Kurkdjian en una edición limitada y muy costosa por la cantidad de ingredientes que tenía la original fragancia de la Reina.
Winston Churchill, Brandy y “Blenheim Bouquet” (Penhaligon’s)
Para el primer ministro inglés, la relación con el perfume era más que un estandarte psicológico ya que constituía un ritual serio y necesario para su vida diaria.
Cuando utilizaba “Blenheim Bouquet”, era más por una cuestión de autoridad y notoriedad ya que la fragancia no se componía de componentes florales ni expresaba frescor sino todo lo contrario era austero pero con firmeza.
Algo importante que destacar en el mandatario era su ritual de bañarse dos veces al día y en dónde utilizaba aceites y colonias de cítricos y pino.

Otro de los rituales que caracterizaban a Churchill eran los ocho habanos que se fumaba al día pero cuyo olor camuflaba con el intenso olor a “Blenheim Bouquet”, ya que la mezcla del puro y el perfume le hacía aparentar una imagen aún más elevada y, además, coincidía con otros personajes de la historia porque por dónde pasaba dejaba un aroma de limón y tabaco. Destacaba en cualquier lugar del mundo debido a su presencia y a su olor a perfume, brandy y tabaco cubano. Esa manera de conservar su aspecto le ayudaba a sentirse emocionalmente fuerte incluso en los peores momentos de la guerra. Le ayudaba a ser superior a cualquier humano que se encontrara en la retaguardia esperándole.
Se decía que su carácter era indomable por eso recibía el calificativo de “Bulldog británico” por su firmeza contra la Alemania nazi y sus enemigos pero también tenía un lado infantil necesitado de esos cuidados diarios para sentirse cómodo y confortable.
Discursos entre vapores del más exquisito olor
Famosos fueron los discursos que escribió desde su bañera y que pasaba por debajo de la puerta a su secretario entre vapor de olores de limpieza y soberanía y, los que componía mientras se encontraba en calzoncillos pero con una oleada de aroma de limpieza extrema. Llegó a ser tan un maniático del olor que estaba obsesionado porque no se quería parecer a esa otra parte aristócrata que olía a viejo.
Era fiel a sus principios y forma de comportarse ya que sus propios secretarios comprendían el momento en el que se encontraba listo y acicalado para emprender cualquier batalla política.
Antes sus más férreos enemigos como Hitler, duplicaba el olor a habano y a su particular fragancia como símbolo de superioridad y presencia. Este era el gran azote para la supremacía nazi.
Actualmente, la fragancia de Winston, “Blenheim Bouquet” (Penhaligon’s), es la más importante que llevó y hoy en día se sigue utilizando la formula original de 1902. Limón, pimienta negra y pino (limpia y seca). Otro de sus preferidos aromas fue “Special No. 127” de Floris London (fresca y con notas de bergamota, lavanda, geranio y neroli). Todo halo de un gentleman, como fue el primer ministro británico, que encandiló hasta la propia Reina Isabel II de Inglaterra, que se cegaba por su sabiduría y aura.











