Cuando llegas al Museo de la Historia, abarrotado de periodistas, cámaras de televisión y sientes que hay una persona que no necesita focos, por su brillo natural, te das cuenta de que hablamos de una estrella del cine que no sólo destaca por su nombre sino por sus acciones. El Goya Internacional de esta 40 Edición de los Premios de la Academia es para SUSAN SARANDON.
Con sigilo y elegancia se presenta con un traje de chaqueta blanco inmaculado de la diseñadora Stella McCartney para transmitir un mensaje de serenidad y pureza ante la corrupción y censura que dice haber en la industria estadounidense.
En uno de los colgantes que lleva, aparece la palabra “Honey”, que es como la llaman cariñosamente sus tres nietos en lugar de abuela y, que dejó mostrar ante el ojo del mundo para dar a entender que hay personas que sienten hacia ella amor a pesar de los momentos, un tanto grises, en los que se encuentra actualmente.
La actriz supo estar a la altura de las circunstancias ante preguntas sobre su situación laboral ya que no se le ve en ninguna gran producción cinematográfica norteamericana desde hace tiempo. Sin embargo, después de ser despedida de su agencia el pasado noviembre y “ser completamente cancelada” en Hollywood, está haciendo trabajos en películas indie en Europa y produciendo filmes de corte independiente de los que dice ser una gran admiradora. Anuncia que desea trabajar con directores y directoras noveles y en películas de autor, ya que son el vehículo en el que mejor puede expresar diversas temáticas sin límites.
El lado desconocido de Susan Sarandon es Howard Zinn
No, nos confundamos. Ella no es aquella mujer combativa que todos pensamos sino resiliente, educada y con una gran sensibilidad. Hasta pudimos ver las lágrimas en sus ojos en uno de los grandes momentos de la rueda de prensa cuando dijo: “Estoy muy feliz de estar aquí. Amo Barcelona: los museos, la comida y la música. En un momento en que en Estados Unidos hay censura y represión, ver la postura clara de España nos hace sentir menos solos. Cuando un país se posiciona con claridad moral, eso significa muchísimo para nosotros”. Otro de los grandes momentos de la estrella fue en la Gala de los Goya en dónde se emocionó al citar a uno de los autores con el que siente paz ante situaciones incómodas e inesperadas. “Como dijo Howard Zinn: ‘Lo que decidamos enfatizar en esta compleja historia determinará nuestras vidas. Si sólo vemos lo peor, destruimos nuestra capacidad de hacer algo. Si recordamos esos momentos en los que la gente se comportó de forma magnífica, eso nos da la energía para actuar’”.
Nos fijamos en detalle y nos dimos cuenta de que la actriz lleva un tatuaje en la mano derecha, y que utiliza a modo de “anclaje”, con las iniciales ANDAND y que significa “A New Dawn, A New Day“ (Un Nuevo amanecer, un Nuevo Día), “cada día es una nueva oportunidad para empezar desde cero”, palabras que han sido dichas por ella misma. Este símbolo fue mirado en varias ocasiones con gestos de alegría ante preguntas de periodistas que buscaban el gran titular y a los que les fue difícil obtenerlo. Susan Sarandon, querría venir a trabajar a España, en dónde se siente muy bien pero tiene una familia, y, sobre todo, unos nietos, de los que dice no poder estar separada más de una semana porque se perdería aquellos instantes que le dan vida y que no se volverían a repetir.
“Amo el sentido de Comunidad en el cine”
Se encuentra más feliz cuando está rodando porque siente que está dentro de un conjunto de personas que, al igual que ella, hacen la película con intensidad, profesionalidad y unión. Destaca con gran determinación que esto es siempre menos solitario que defender causas de las que sale muy perjudicada.
Por otro lado, todos recordamos la famosa escena en el Cañón del Colorado junto a su compañera de reparto en la road movie “Thelma&Louise”, Geena Davis, cuando decidieron escapar de los agentes que les perseguían y eligieron ser libres eternamente saltando con el coche hacia uno de los cañones. Ella misma explicó que “no quería que fuera una película de venganza simple, sino una historia con consecuencias morales”. 
Con cinco nominaciones a los Premios Oscar (conseguido sólo uno), nueve nominaciones a los Premios Globo de Oro y tres nominaciones a los Premios Emmy y en un repaso a su filmografía, caben destacar títulos como “Joe”, “The Rocky Horror Picture Show”, “Atlantic City”, “Las Brujas de Eastwick”, “Bull Durham” (en dónde conoció a Tim Robbins), “Thelma&Louise”, “Lorenzo’s Oil”, “Pena de Muerte” (con la que ganó el Oscar a Mejor Actriz), “El Cliente”, “Mujercitas”, “Quédate a mi lado” (en dónde interpreta a una enferma de cáncer), “Lovely Bones”, “Tammy”, “El Fraude” (junto a su buen amigo Richard Gere), “Blue Beetle”, “Las cuatro fantásticas”, “Seis Triple Ocho” y la más reciente “Nonnas”. La hemos visto en series como “Bette and Joan” (nominada al Emmy y globo de oro por su magistral interpretación de Bette Davis), “Monarch”, “Ray Donovan”, “Hijos de Dune”, “Friends” y “Malcolm in the Middle”. Y, en teatro, destaca en las obras “A Couple White Chicks Sitting Around Talking”, “An evening with Richard Nixon”, “Extremities”, “Exit the King”, “Happy Talk” y “Mary Page Marlowe” (su proyecto teatral más reciente en el Old Vic de Londres.)
Esa apariencia de garra que expresan sus papeles cinematográficos son la mínima expresión de lo que ella ha venido demostrando a lo largo de su vida. En paralelo es una férrea defensora de las causas justas y humanitarias entre las que destacan su lucha contra las acciones que se producen en Gaza que le costó ser despedida de UTA, una de las agencias más importantes del cine e incluida en la “Lista negra” de los propios estudios de Hollywood. Por otro lado, también se mostró a favor de los derechos civiles, y por ello fue arrestada en 2018 por su postura en contra de la política Migratoria.
Defensora de los derechos de los trabajadores en dónde apareció apoyando al sindicato de guionistas del Sag-Aftra y contra la pobreza. Colabora con Action Against Hunger y UNICEF. Defensora férrea del Medio Ambiente y en contra de políticas que niegan el cambio climático así como gran apoyo hacia las mujeres y minorías como enfermos de Sida que son vilmente estigmatizados.
Merecido Goya Internacional
Con el pretexto del homenaje a Susan Sarandon en la gala de Los premios Goya 2026, me surge la necesidad íntima de volver la mirada hacia su huella, no para descifrarla, empresa imposible, sino para habitarla desde la emoción y el recuerdo desde mi punto de vista, rompiendo así la cuarta pared de un mito que sigue vivo y activo. Porque hay actrices que se observan y otras que, silenciosamente, terminan formando parte de la memoria colectiva por su increíble personalidad y su lucha en favor de las libertades y los derechos humanos.
Susan Sarandon pertenece a esa rara estirpe de presencias que no se limitan a la pantalla. Su rostro, su voz, su forma de ocupar el encuadre parecen contener algo más vasto que la mera interpretación: una idea, un pulso, una forma de estar en el mundo. Para toda una generación, su figura quedó indisolublemente unida a la noción de libertad, no como consigna, sino como latido vital y motivo de impulso con el que enfrentar cada día.
“Thelma & Louise” irrumpió en el imaginario cinematográfico como un gesto de ruptura y, al mismo tiempo, de reconocimiento. En su viaje sin retorno, muchas mujeres encontraron un espejo inesperado: la hermandad, la complicidad, la amistad entendida como refugio y desafío. Romper la zona de confort donde hay de todo menos confort. No era únicamente la historia de dos fugitivas, sino la celebración, tan luminosa como trágica, de la autonomía, del vértigo de elegir el propio destino. Allí, Sarandon no solo interpretaba: respiraba dentro de una sensibilidad que desbordaba la ficción para traspasar la pantalla y llegar a los asientos de miles de mujeres que anhelan cambiar el mundo cambiando sus vidas.
Vista hoy, la película conserva una extraña cualidad de permanencia. No parece pertenecer al pasado, sino a una zona suspendida del tiempo dónde ciertas verdades permanecen intactas. Su fuerza no reside en la nostalgia, sino en su vigencia emocional, en esa capacidad de seguir interpelando miradas contemporáneas.
Y es que Susan Sarandon nunca ha sido únicamente una actriz. Su trayectoria vital, madre, abuela, intérprete y activista, dibuja la silueta de una conciencia inquieta, de una voz que ha sabido trascender los márgenes del cine. Existe en ella una coherencia poco frecuente: la sensación de que los ideales que atraviesan sus personajes dialogan con la mujer que habita fuera del encuadre. Nos dan siempre una mirada más allá de una sociedad llena de paredes que nos limitan.
Quizá por eso su legado resulta tan difícil de delimitar. No se reduce a papeles memorables ni a reconocimientos industriales. Permanece, más bien, como permanecen ciertas imágenes imborrables del cine: flotando en la sensibilidad del espectador.
cv SUSAN SARANDOM













